Diario Vasco

Un enredo que dura ya veinte años

Solar excavado en Zubieta en 2011 donde se iba a construir la incineradora.
Solar excavado en Zubieta en 2011 donde se iba a construir la incineradora. / MIKEL FRAILE
  • El germen del litigio es 2008 pero la incineradora ya se planeaba en tiempos de Sudupe

La gestión de las basuras en Gipuzkoa ejemplifica cómo un problema puede discurrir por una senda de idas y venidas políticas interminable. La sentencia que anula el acuerdo del anterior gobierno foral de Bildu para paralizar el anterior contrato de la incineradora de Zubieta obliga a bucear en la hemeroteca, donde abundan los capítulos escritos sobre la compleja gestión al tratamiento de los residuos.

El litigio que ayer sumó una nueva sentencia tiene su origen en el plan aprobado en 2008 por las Juntas Generales, pero ya se hablaba de construir una incineradora en tiempos de Román Sudupe, hace ya veinte años. Su sucesor al frente de la Diputación, el también jeltzale Joxe Juan González de Txabarri, continuó con los planes. Entonces se llegó a plantear la construcción de varias plantas para incinerar la basura en el territorio.

El acuerdo llegó después de ocho años de polémicas. En diciembre de 2008, ya en la primera legislatura de Markel Olano (2007-2011), las Juntas Generales de Gipuzkoa aprobaron el famoso Pigrug, que incluye la incineradora de Zubieta. El documento contó con los votos a favor de PNV, EA, PSE y PP, en tanto que EB y Aralar lo rechazaron.

Se zanjaba, en teoría, el problema de qué hacer con las 165.000 toneladas de residuos no reciclables que genera Gipuzkoa al año, una vez cerrados los grandes vertederos, una solución denostada por la normativa medioambiental en materia de residuos de la UE.

2011, un año de cambios

Los responsables forales metieron el acelerador para intentar dejar atado el inicio de la construcción de la planta. En marzo de 2011 se llegó incluso a poner la primera piedra de las infraestructuras de Zubieta, en un acto simbólico en el que participaron Olano, el entonces diputado de Desarrollo Sostenible, Carlos Ormazabal, y el exalcalde de Donostia, Odón Elorza, que en su día se opuso a la planta pero terminó por avalar la instalación. La excavación de los terrenos en Zubieta había comenzado unos meses antes.

Ese año es clave en la deriva de la gestión de las basuras. Las elecciones de mayo dieron el gobierno foral a Bildu que, tras meses de mensajes inconcretos, terminó por enterrar el plan acordado en las Juntas Generales y dar un giro radical al tratamiento de las basuras. A finales de 2013, y tras decidir paralizar la incineradora adjudicada por sus antecesores en el cargo, acuerda indemnizar a las empresas adjudicatarias con más de 8 millones de euros, más las costas por los trabajos desarrollados. En total, 11 millones. Además, y también con sentencia de por medio, el Consorio de Residuos de Gipuzkoa (GHK) debe pagar 600.000 euros a los bancos con los que en su día se firmaron contratos de financiación. En paralelo, la coalición abertzale aprobó su propio plan, apoyado en el sistema puerta a puerta (PaP) para aumentar las tasas de reciclaje. En lugar de la incineradora como cierre del sistema de tratamiento de las basuras, contemplaba tres plantas de tratamiento mecánico-biológico, una de biometanización y seis de compostaje.

Sin ninguna de esas infraestructuras iniciadas al término de la legislatura, las elecciones de mayo de 2015 volvieron a sentar en el gobierno foral al PNV, esta vez con el PSE de socio. Los resultados abrían la puerta a un acuerdo sobre basuras, un capítulo que se ha retomado con la nueva adjudicación de la incineradora a la UTE Urbaser y que, pendiente de los pasos a seguir en el futuro, vuelve a recordar que el contador de la gestión de residuos sigue corriendo en contra.

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