Diario Vasco

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Adiós a un pelotari inolvidable

Pablo Berasaluze levanta los brazos y da las gracias al público que ayer llenó las gradas del frontón Bizkaia de Bilbao en el día de su despedida como pelotari.
Pablo Berasaluze levanta los brazos y da las gracias al público que ayer llenó las gradas del frontón Bizkaia de Bilbao en el día de su despedida como pelotari. / BORJA AGUDO
  • Pablo Berasaluze colgó el gerriko tras 18 años como profesional en un Bizkaia abarrotado

«Muchísimas gracias a todos, no tengo palabras para describir este momento. No sé cómo explicarlo. Todo ha sido muy bonito, ha salido redondo, no podía imaginarlo. No puedo retirarme mejor. Tengo que agradecer el apoyo que me ha mostrado la gente todos estos años. Me he acordado de mi padre, sin él no hubiera sido nada en la pelota», dijo emocionado el berriztarra en plena cancha.

Pablo Berazaluze escribió ayer en un abarrotado frontón Bizkaia de Bilbao la última página de su dilatada, profunda e intensa relación con la pelota. Después de 18 temporadas como profesional y más de un millar de partidos a sus espaldas -el de ayer era el 1012-, el berriztarra dijo adiós, rodeado de sus amigos, de sus compañeros, con los que ha compartido miles de kilómetros, miles de anécdotas, millones de confidencias, dentro y fuera de la cancha, con los que ha vibrado, con los que ha sufrido, con los que ha reído, con los que incluso ha llorado.

Esa última página, la más complicada de redactar, estaba empapada de lágrimas de agradecimiento. El texto era ilegible, pero estaba lleno de verdad. De la que sale de dentro, del corazón, a chorros. Pablo tuvo la despedida soñada. La que realmente se merecía. El color negro del frontis y de la pared izquierda del recinto de Miribilla se entremezclaba con los cientos de camisetas verdes conmemorativas, con la imagen del pelotari, que poblaban las gradas. Hubo gente que se desplazó exprofeso desde Valencia o Barcelona.

Y entre ese gentío absolutamente rendido a sus pies, se encontraban sus compañeros, de antes y de ahora. Sus amigos y también su ídolo, Pampi Laduche. Nadie quería perderse el adiós de un pelotari mágico. Por el Bizkaia desfilaron Oinatz Bengoetxea, Iñaki Artola, Danel Elezkano, Ladis Galarza, Asier Arteaga, Víctor Esteban, su hermano Gorka, Álvaro Untoria y Jon Ander Albisu. También Hodei Beobide, quien tiene un nexo de unión especial con el berriztarra. Se dejaron ver los rectores de las empresas profesionales, Pedro García y Fernando Vidarte, así como los exciclistas Marino Lejarreta, berriztarra como Pablo, y Rubén Gorospe. Y los restauradores Karlos Arguiñano y Ramón Roteta. Tampoco faltó el lehendakari en funciones, Iñigo Urkullu, a quien acompañó Unai Rementeria, diputado general de Bizkaia.

La última exhibición

Fueron ellos, junto a otras casi 3.000 almas, quienes le rindieron la primera ovación de gala cuando el berriztarra salió a calentar tras cruzar el pasillo que formaron los chavales de la escuela de pelota de Iurreta. Berasaluze II ni siquiera imaginaba que iba a ser mágico. Y fue precisamente magia lo que salió de sus manos después, en un partido jugado a ley, sin excusas, en el que Pablo enloqueció al público.

Tiró de repertorio el berriztarra para llevarse la victoria, aunque el resultado era lo de menos. Paraditas al txoko, dejadas, ganchos. De todo y muchas veces. Hasta diecisiete tantos finalizó. Han leído bien, diecisiete. Y eso, ante un pelotari con una defensa como la de Aimar Olaizola tiene mucho mérito. Pero Pablito estaba desatado. Era su día y quería despedirse a lo grande, como lo hacen los campeones. Urrutikoetxea y Larunbe también colaboraron para que el espectáculo fuese único, acorde a la ocasión.

Levantó Pablo los brazos tras conectar su último gancho. La mirada, perdida. Se había acabado todo. Adiós a casi dos décadas de una carrera profesional que comenzó un 28 de febrero de 1998 en el Municipal de Bergara. Pero le tenían guardada una sorpresa. Enfiló el camino a los vestuarios tras abrazarse antes con los que habían jugado con él en la cancha y se apagaron las luces. Regresó a la cancha el ya exmanista bajo los focos y comenzaron a lloverle regalos, de la empresa, de las instituciones, de las federaciones.

Se emocionó cuando sus sobrinos le entregaron un ramo de flores, la figura de su padre volvió a aparecer por su cabeza, y también cuando su compañero, vecino y amigo, Ibai Zabala, le bailó un aurresku de honor. Ambos se fundieron en un emotivo y sentido abrazo. Pablo abandonó el frontón Bizkaia después de una jornada inolvidable. Su imagen permanecerá dentro para siempre, junto a la de su abuelo, Txikito de Mallabia.

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