«Sin Yoko Ono la separación de los Beatles habría seguido su curso»

Lennon y Ono, en 1969. / EFE
Lennon y Ono, en 1969. / EFE

El profesor de la UPV César San Juan presenta hoy en La Farándula su libro 'Una historia de los Beatles' con concierto de homenaje incluido

JUAN G. ANDRÉS SAN SEBASTIÁN.

La Farándula (calle Egia, 10) acoge esta tarde (18.30 horas) la presentación de 'Una historia de los Beatles' (Redbook Ediciones), libro en el que César San Juan Guillén (Bilbao, 1963) incluye aspectos técnicos sobre los cuatro de Liverpool. Además de estudiarles «como compositores, instrumentistas y cantantes», narra «anécdotas poco conocidas pero muy reveladoras de su forma de ser». El acto se completará con un concierto de homenaje a cargo de Psicoacustic.

En las primeras páginas, el profesor de Psicología de la UPV y fan irredento de los Beatles narra el providencial encuentro entre John y Paul, propiciado hace ahora 60 años por un amigo común, Ivan Vaughan. Los Fab Four quizá no habrían existido si el 6 de julio de 1957 él no hubiera llevado a McCartney a la fiesta parroquial de Woolton para ver a The Quarrymen, el grupo de Lennon. Al parecer, éste se quedó «impresionado» cuando Ivan le presentó a aquel joven que supo afinarle correctamente la guitarra... El resto, como dice el docente bilbaíno, «es historia».

El autor habla de la incorporación de George Harrison, de los baterías anteriores a Ringo Starr y del «concurrido laberinto» del quinto beatle, estatus que compartieron varios músicos además de Stuart Sutcliffe. Asimismo, considera que durante la década en la que estuvieron en activo, tuvieron casi «una etapa» distinta al año. A su juicio, pocas bandas tuvieron una evolución tan notable en tan poco tiempo, y con cierto ánimo polemista, San Juan alimenta la eterna comparación con The Rolling Stones: «Los 50 años de los Stones suenan igual en el primer disco que en el último que en el del medio».

«El mejor disco de los Beatles es siempre el último que escuchas», opina César San Juan

En tono ameno, escribe sobre la «magia» del cuarteto y el efecto de su música en las emociones; destaca sus gloriosas armonías vocales, hace inventario de sus instrumentos predilectos y arroja luz sobre su «impenetrable círculo social». Su condición de 'groupie' no le impide enumerar las mejores canciones de los Beatles y acto seguido, algunas de las peores: 'What Goes On', 'Dig It', 'Flying', 'Blue Jay Way'... En contra de la creencia popular, advierte de que la culpa de todo no la tuvo Yoko Ono. Acepta que la pareja de John Lennon «no contribuía positivamente a la convivencia, pero sin ella la separación habría seguido indefectiblemente su curso». «Los Beatles eran ya padres de familia y acumulaban muchas horas de estudio juntos. Había desavenencias en cuestiones puramente empresariales y Harrison quería que dejaran de ningunearle. En todo caso, quiero recordar que siguieron colaborando en sus proyectos personales y Paul siempre visitaba a John cuando iba a Nueva York», añade.

Por eso cree que si Lennon no hubiera sido asesinado en 1980 el grupo se habría sumado a las «reuniones de megabandas de los 90», aunque sólo fuera «para quitarse la espina de aquellas últimas giras de los 60 en las que los gritos de las fans fagocitaban el sonido de la banda». Según apunta en el libro, «el mejor disco de los Beatles es siempre el último que escuchas», pero si tuviera que salvar uno solo para la posteridad, elegiría 'Abbey Road' (1969): «Eran conscientes de estar grabando su último trabajo e hicieron una obra maestra. Y como canción, salvaría 'Something', de George Harrison, un tema inmortal de ese álbum que dentro de 2.000 años seguirá siendo perfecto».

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