Exitosa minigira del Orfeón Donostiarra por Róterdam y Bruselas

El Orfeón Donostiarra en la pasada Quincena Musical. /USOZ
El Orfeón Donostiarra en la pasada Quincena Musical. / USOZ

El coro interpretó la 'Octava' de Mahler con la Orquesta Filarmónica de Róterdam, dirigida por Nézet-Seguin

A. U. SAN SEBASTIÁN.

El Orfeón Donostiarra completó el fin de semana una minigira por Róterdam y Bruselas que se saldó con tres exitosos conciertos en los que interpretó la 'Octava' de Mahler: dos en el centro De Doelen de Róterdam y uno en el Bozar de Bruselas. Bajo la batuta del director Yannick Nézet-Séguin y con la Filarmónica de Róterdam, el coro compartió escenario con los cantantes profesionales de los coros Groot Omroepkoor y Rotterdam Symphony Chours. El elenco de solistas estuvo integrado integrado por Angela Meade (soprano), Erin Wall (soprano), Erin Morley (soprano), Michelle DeYoung (mezzo), Mihoko Fujimura (mezzo), Michael Schade (tenor), Markus Werba (barítono) y Christof Fischesser (bajo).

Tras el primer concierto del viernes en el De Doelen, retransmitido en directo por medici.tv, a la coral le quedaba un nuevo reto; ajustarse en el estrecho escenario de la sala Henry le Boeuf del Bozar en Bruselas. Este es uno de los núcleos artísticos más dinámicos de Bélgica, que recibe un millón de visitantess al año, y el sábado estuvo totalmente abarrotado.

Parte de ambos coros cantó desde las gradas del público, y el resto desde el escenario; a esta dificultad se le añadía el hecho de que apenas hubo una hora de ensayo antes de la actuación. «Un gran reto para todos, que gracias a la cuidada dirección de Nézet-Séguin se superó con creces», valoraron fuentes del oferón.

Sin riesgo no hay magia

Con pasión y disciplina, el director franco-canadiense terminó emocionado y con una enorme sonrisa la que ha sido su gira de despedida al mando de la Filarmónica de Róterdam. Al final de cada uno de los conciertos, el director tuvo el detalle de agradecer el trabajo de todos y cada uno de los presentes en el escenario.

«Trabajar con un director como Yannick Nézet-Séguin ha sido un verdadero lujo para la coral; desde que en la Quincena Musical de 2014 tuvo primer contacto con el director con el Réquiem de Verdi, el director deseaba poder traer al Orfeón a Holanda, y esta semana ha demostrado su entusiasmo por la agrupación donostiarra», subrayaron las mismas fuentes.

Su visión romántica y alegre de Mahler y su sinfonía de los mil ha contagiado por completo a los cantores, que se han esforzado al máximo por acoplarse a las sugerencias del director. Con originales alegorías, pidió a las sopranos imitar un sonido etéreo similar al de un astronauta en el espacio en algunos de los pasajes más delicados, y recordó a menudo que sin riesgo no hay magia.

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