Arturo Fernández: «Vuelvo a hacer comedia en estado puro»

Arturo Fernandez vuelve al teatro Principal desde hoy.
Arturo Fernandez vuelve al teatro Principal desde hoy. / DV
Arturo Fernández (Actor)

Desde hoy y hasta el viernes 11 el popular actor presenta en el teatro Principal la obra 'Alta seducción' junto a la actriz Carmen del Valle

ROBERTO HERREROSAN SEBASTIÁN.

Tras interpretar con gran éxito a un sacerdote en su anterior espectáculo, regresa con 'Alta seducción' a la comedia elegante que ya protagonizó hace 28 años. Interpreta a un político de avanzada edad que se enamora perdidamente de una mujer mucho más joven.

-¿Qué debe tener la seducción para ser considerada alta?

-El amor ha sido y será fuente de inspiración. Y tiene muchas formas. Como dice la canción, cuando el amor llega de esta manera uno no tiene la culpa. Mi personaje es un hombre maduro, digamos que madurísimo, que encuentra el amor y es capaz de cualquier cosa, incluso quedar en ridículo, porque no acepta su edad. Y eso le lleva a vivir situaciones muy divertidas, incluso disparatadas, dentro de una historia inteligente, sorprendente y llena de ternura.

«A partir de cierta edad siempre pienso si será la última obra que haga. Hay que ser realista»

-Ya representó esta obra en 1989. ¿Por qué ha vuelto a montarla?

-Entonces tuve un gran éxito. Es una obra ejemplar como alta comedia. Pilar Miró quiso llevarla al cine, pero no pudo hacerlo por su enfermedad. Yo después de haber interpretado el 'Don Juan' bajo la dirección de Boadella y luego de mi anterior función, 'Enfrentados', he querido volver a la comedia en estado puro. Y nada mejor que hacerlo con esta obra que para mí es la comedia más inteligente y divertida que se ha puesto en un escenario.

Las representaciones

Lugar
Teatro Principal.
Fechas
Desde hoy y hasta el viernes 11 de agosto
Horario
20.00 horas.
Precios
20 y 25 euros.
Duración
Dos horas.

-¿Cuál es su técnica para seducir al público?

-Yo soy un hombre de comedia. Nada más fácil para mí que interpretar un drama, mientras que para el actor dramático es muy difícil hacer comedia. O naces con ello o va a ser complicado. Posiblemente el que más se divierte en mis funciones soy yo. Ignoro si hay público o no. No es que me meta en el personaje, siempre digo que él se mete en mí. Y en esta ocasión hay una complicidad enorme entre Carmen del Valle y yo. Salimos a escena a divertirnos nosotros y eso los espectadores lo notan. Además son situaciones que aunque sean disparatadas, ocurren en la vida real.

-Lleva 55 años con su propia compañía de teatro. ¿Muchos recuerdos malos y buenos?

-No he tenido malos momentos. Solamente tuve un fracaso con una comedia que, por cierto, era muy buena. Fue con 'El alfil', de Joaquín Calvo Sotelo. Era una comedia dramática, pero el público no quiso verme y ahí comprendí que yo no tenía que interpretar comedias dramáticas.

-«Gran parte de mi felicidad ha sucedido encima de un escenario».

-Son mis palabras y es así. Yo, si no estoy interpretando, me aburro que me mato. Creo que por primera vez he estado, hace poco, cinco semanas sin trabajar y no sabía qué hacer. Mi forma de vida es ir a las seis de la tarde al teatro, dos horas antes de que empiece la función. Fuera de eso hay poco. No sé jugar al golf ni a las cartas. Muchos de mis amigos ya se fueron. Me refugio en el teatro. Siempre lo he hecho porque era mi salvación. No sabía a qué dedicarme. Mi generación fue muy castigada por una guerra civil, una postguerra. Resulta que mi destino estaba en el teatro, vi que servía para ello y a eso me aferré. ¡Pero por miedo! No sé que hubiese sido si no. Quizás un dependiente que hablaba bien, era simpático y punto.

-¿El teatro le ha hecho mejor persona?

-Creo que siempre he sido una buena persona. Los de mi generación lo éramos porque hemos tenido unos padres que nos formaron para serlo. Y también porque hemos nacido con los boleros, con la música, ¡y eso ya te hace ser buena persona!. Tengo la sensación de que nunca he hecho daño a nadie. He envidiado artísticamente, pero para llegar a donde está esa persona a la que envidio no he hecho daño. ¡Soy un hombre feliz! Y creo que es porque no tengo más ambiciones que hacer feliz al público. Cuando veo que ellos disfrutan pienso que he acertado y eso me hace sentir orgulloso.

-Hace mucho que no se mete en cuestiones políticas. ¿Ya no le excita la actualidad española?

-¡No me fastidies! Son rachas. Se va a sorprender y a reír un poco el público con este tema en 'Alta seducción'. Pero es verdad que hace tiempo que no me meto en jaleos, veo que no merece la pena. Al final todo el mundo quiere ser burgués, de un bando o de otro.

-A sus 88 años, ¿qué necesita más, un buen texto teatral o un fisioterapeuta de confianza?

-¡Las dos cosas! No me gusta ponerme triste porque no lo soy, pero a partir de cierta edad siempre pienso si será la última obra que haga. Ahí me quedo. Hay que ser realista. Lo importante es que vivas lo que vivas, vivas tranquilo. Lo peor es si hay una enfermedad. Entonces uno pide «llévame a otro lado a ver si es mejor». ¡Que no me lo creo!, aunque sigo siendo un hombre religioso.

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