Diario Vasco

Menos gente para proponer en qué gastar

La más nutrida. La tercera y última reunión, en el antiguo hospital, contó con 16 asistentes; en 2015 hubo 80.
La más nutrida. La tercera y última reunión, en el antiguo hospital, contó con 16 asistentes; en 2015 hubo 80.
  • La asistencia a las reuniones presenciales de los presupuestos participativos ha caído en picado este año

  • De las 264 personas que participaron 'in situ' el pasado año se ha pasado a menos de 40; las propuestas online han bajado de 160 a 97

Aún queda buena parte del proceso que, por tercer año consecutivo, llevará propuestas ciudadanas al Presupuesto Municipal. Falta, entre otras cosas, la votación final en la que el pasado año participaron 7.027 personas. Pero la primera fase, con las tres reuniones presenciales, ya se ha cerrado, dejando unos resultados de participación preocupantes.

En 2014, el proceso de presupuestos participativos se estrenó en la ciudad con cinco reuniones a las que acudieron en total 240 personas. Al año siguiente, 2015, los encuentros se redujeron de cinco a tres, a pesar de lo cual la afluencia se elevó ligeramente a 264. Este año, de nuevo con tres citas, la suma de asistentes no llega a 40 personas. ¿Qué ha pasado?

Una larga historia

Los presupuestos participativos no surgieron de la nada. Hace más de una década el Foro Ciudadano mostró interés en impulsar en Irun la participación ciudadana en la elaboración de las cuentas municipales. «Vimos lo que se hacía en algunas ciudades, Córdoba por ejemplo, y se lo planteamos al ayuntamiento», recuerda el actual presidente del Foro, Agustín González.

En pocos años se empezaron a dar unos primeros pasos que tenían al propio Foro y a las AA VV como interlocutores ciudadanos. Pero tanto desde algunos partidos como desde varias de esas mismas entidades se reclamaba una participación ciudadana más directa. Las vías para que la opinión ciudadana tuviera peso real en las decisiones municipales se fueron ensanchando hasta que llegó el actual modelo de presupuestos participativos.

«Lo que ha ocurrido este año en las reuniones nos da un disgusto», confiesa González. Señala que en los dos primeros años «hubo grupos que se movilizaron: asociaciones de vecinos, comunidades escolares y otros grupos con intereses concretos movieron a la gente para que acudiera a reforzar sus propuestas. Tengo la sensación de que no lo han hecho este año. Algunos, porque parecen haber conseguido ya las cosas que venían reclamando, otros quizá desencantados» porque los presupuestos participativos no han servido para alcanzar sus objetivos. El proceso buscaba que los ciudadanos pudieran participar a título individual directamente, sin ser representados por una u otra entidad, pero González ve en la desmovilización de asociaciones vecinales y otros colectivos la pérdida efectiva de asistentes.

Dentro del ayuntamiento tampoco se le escapa a nadie lo ocurrido. El delegado de Participación Ciudadana, Pedro Alegre, cree que «el mensaje que hemos trasladado este año sobre la implantación de la Irun Txartela como mecanismo para la votación online ha podido desviar la atención de las reuniones presenciales hacia las aportaciones por internet». Pero lo cierto es que en esta fase inicial, también en internet se ha resentido la participación. A través de la web municipal, en 2015 se recibieron 160 ideas; este año, 97.

El alcalde, por su parte, admite estar «preocupado» y cree que el bajón puede deberse a que «para la ciudadanía en general tenga más interés hablar de lo cotidiano, de las cosas del día a día de su barrio, que de proyectos de ciudad». Para esta reflexión, José Antonio Santano parte de la experiencia propia. «Ahora que estamos volviendo a recorrer los barrios uno por uno con el programa 'El alcalde en los barrios', está viniendo más gente que cuando lo hicimos el pasado mandato por primera vez. En Larreaundi hubo más participantes que hace cuatro años, en Behobia y en Belaskoenea también». Defiende que la caída de la participación no puede deberse a desmotivación por incumplimientos porque «todo lo que ha salido de los presupuestos participativos está hecho o se está haciendo».

Llega la fase final

En cualquier caso, el proceso sigue adelante. Del 24 al 27 de este mes tendrá lugar la prevotación para convertir en finalistas 12 de las propuestas presentadas a través de irun.org. Del 4 al 10 de noviembre se realizará la votación final que decidirá el destino de 1,2 millones de euros del presupuesto municipal y que tendrá como novedosa protagonista la Irun Txartela. Se puede votar presencialmente en el SAC con el DNI y online con la tarjeta identificadora ciudadana. «Votar con ella por internet es tan sencillo o más que hacerlo con el número de DNI y la fecha de nacimiento, pero aporta mayor garantía», asegura Pedro Alegre. «Quisimos implantarlo el pasado año, pero nos pareció demasiado pronto porque sólo el 30% de la población tenía Irun Txartela. Los grupos de la oposición y varias entidades ciudadanas y vecinales, aunque no todas, lo pidieron para este año. Ahora que más de la mitad de los ciudadanos tienen la tarjeta, nos pareció el momento».

Al término de esa votación popular Alegre espera haber culminado «un proceso perfectamente desarrollado y que nos deje buenos proyectos, aunque sea con la pega de que en las reuniones presenciales ha habido menos gente». Tanto Santano como él ubican en ese horizonte el momento de valoración y análisis. «Éste es un proceso de mejora continua en el que seguimos aprendiendo en cada edición. Si vemos algo que no funciona, tratamos de corregir y mejorar para la siguiente y contamos con todos los grupos y con las entidades ciudadanas para hacerlo», señala Alegre. No hay mucha más opción que esa, porque como recuerda el alcalde, «no hay muchas instituciones que hagan algo así y menos aún con resultados tan buenos como los que ha habido en Irun. Nosotros somos ejemplo para otros».

Agustín González también pide paciencia, alcanzar el final del proceso para valorar el resultado global, pero de acuerdo con su idea que determinadas asociaciones han dejado de movilizar a su barrio o a su colectivo, no cree que «este año vaya a participar tanta gente como el pasado. ¡Ojalá! Veremos».

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