Los orígenes vascos de Vox y sus fundadores

Santiago Ortega, el secretario general de Vox; José Antonio Ortega Lara, uno de los fundadores del partido; y Santiago Abascal, el presidente de la formación, en Vistalegre./EFE
Santiago Ortega, el secretario general de Vox; José Antonio Ortega Lara, uno de los fundadores del partido; y Santiago Abascal, el presidente de la formación, en Vistalegre. / EFE

Abascal proviene del PP alavés y Ortega Lara sufrió el secuestro más largo de ETA

Ainhoa Muñoz
AINHOA MUÑOZ

Ser consciente del terrorismo perpetrado durante décadas por ETA supuso un punto de inflexión en la vida de Santiago Abascal (Bilbao, 1976). Desde niño, recuerda cómo la banda trataba de extorsionar a su familia a través de cartas debido a su actividad política, cómo la organización exigía a su abuelo pagar la extorsión económica de la banda, o cómo quemaron el negocio que su padre tenía en la localidad alavesa de Amurrio. Hasta que en 1985, ETA asesinó de tres tiros a Estanislao Galíndez, el cartero del pueblo, en la localidad alavesa. Y ya nada volvió a ser como antes. «Desde jovencito viví todo lo que implicaba ETA, y eso, de alguna forma, me llevó a la política de manera muy temprana».

El presidente de Vox, el partido identificado como de ultraderecha que el pasado fin de semana exhibió en el Palacio Vistalegre de Madrid un músculo social inesperado para muchos, es el principal exponente del origen vasco de esta formación, varios de cuyos fundadores marcado por el terror que imprimió en la sociedad vasca la organización ya disuelta. Unos hechos que le llevaron, recién cumplida la mayoría de edad, a seguir los pasos de su padre, entonces dirigente del PP vasco. «En 1999, con 23 años, había dificultades para confeccionar las listas electorales y Llodio era uno de los pueblo donde mi padre, como presidente comarcal del partido, controlaba. Así que acabé siendo concejal durante ocho años».

La cifra

157 afiliados
tiene Vox en Euskadi. Por territorios, Bizkaia cuenta con 86; Gipuzkoa con 46; y Araba con 25. La intención del partido es confeccionar listas para poder presentarse a las elecciones municipales y forales de mayo de 2019 y competir en los comicios europeos como «trampolín» para llegar al Congreso de los Diputados.

Así inició Santiago Abascal hijo su carrera política como cargo público con las siglas del PP sobre su espalda. Fue apoderado en las Juntas Generales de Álava, presidente de Nuevas Generaciones del PP en Euskadi, parlamentario en la Cámara de Vitoria... hasta que en noviembre de 2013 rompió su carné de afiliado del PP por unas discrepancias «irreconciliables» con la cúpula de la formación liderada por Mariano Rajoy. «Yo empecé a distanciarme del PP en 2008, cuando se produjo aquel choque en el congreso de Valencia, cuando Rajoy intentó utilizar a María San Gil y ella se rebeló». La entonces presidenta del PP vasco dio la espalda a Rajoy y no acudió al cónclave, en el que debía redactar la ponencia política, por «diferencias fundamentales». Una disconformidad que también puso en evidencia Abascal al presentar, junto a otros cargos críticos del PP, una enmienda a la totalidad a aquella ponencia.

Sin embargo, la gota que colmó el vaso de Santiago Abascal fue la aplicación en 2013 de la doctrina Parot que facilitó la excarcelación de históricos presos de ETA. «Cuando ocurrió aquello tomé la decisión de irme, ya no podía seguir militando en el PP», relata. Apenas tres meses después, nació Vox, el partido ubicado en la extrema derecha que hoy pelea por conseguir escaños en el Congreso de los Diputados.

Rechazan «etiquetas»

De la mano del propio Santiago Abascal, y de Cristina Seguí, José Luis González Quirós, Ignacio Camuñas, Alejo Vidal Cuadras, Ivan Espinosa y José Antonio Ortega Lara, Vox inició su particular carrera para lograr representación en las instituciones. Un camino emprendido con unos recursos limitados, con el objetivo de marcar en España un ideario propio y con un foco mediático protagonizado por José Antonio Ortega Lara, al frente del partido como presidente fundacional. Ortega Lara, secuestrado por ETA en 1996 durante 532 días, el cautiverio más largo, volvió a poner en evidencia las discrepancias que algunos simpatizantes del PP tenían con la ideología de los populares. Y no fueron pocos los que decidieron abandonar el PP para afiliarse a Vox, como Luis Miguel Urrechu, exconcejal del PP en Llodio, en otros. «Fue un trasvase testimonial, más afiliados que cargos públicos», explica Santiago Abascal. Aunque, sin duda, la persona que llegó a Vox procedente del PP más relevante para la vida de Santiago Abascal fue su padre, del mismo nombre y apellido, que llegó a encabezar la candidatura del partido en las elecciones autonómicas de 2016 después de acabar «decepcionado» con el PP. «Ni siquiera pudo hacer la campaña, cayó enfermo y murió un año después...», se duele Santiago Abascal, que rechaza etiquetar al partido que preside como de 'extrema derecha'. «No nos sentimos identificados en eso. Es evidente que estamos en la derecha de España, pero con toda la amplitud que tiene la derecha», sostiene. «Racistas», «xenófobos», «fascistas», son solo algunas de esas «etiquetas» que Abascal enumera para denunciar «todos los insultos que nos lanzan», y acaban plasmando en vídeos promocionales como arma de ataque electoral.

Abascal dejó el PP y fundó el partido considerado de ultraderecha en 2013, tras aplicarse la doctrina Parot

Augura que entrarán en el Parlamento Vasco y estudia concurrir en Euskadi a las municipales y forales

En sus propuestas, en todo caso, incluyen medidas como la ilegalización de los partidos, asociaciones o ONGs que persigan la «destrucción de la unidad territorial», la supresión de las policías autonómicas; proclamación de un solo parlamento para toda España; devolución inmediata al Estado de las competencias de Educación, Sanidad, Seguridad y Justicia; derogación «inmediata» de la Ley de Memoria Histórica, la «deportación de los inmigrantes ilegales a sus países de origen», la desaparición del Cupo vasco o suprimir el régimen foral de Euskadi.

-¿Cómo pretenden entonces implementar su proyecto aquí en Euskadi si reniegan de las singularidades vascas?

-Somos conscientes de que eso sorprende y de que parezca que nuestras propuestas no tienen encaje aquí. Pero estamos convencidos de que, tarde o temprano, lo tendrá y que obtendremos representación parlamentaria. Tendremos que hacer un esfuerzo de comunicación.

En ello está ya el partido. En España explica que «hemos llegado hasta donde estamos por las redes sociales. Hemos pasado de 3.000 afiliados a más de 12.000- con poquísima presencia mediática». ¿Su filosofía? La oleada de Vox, dice, ha llegado para quedarse.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos