Los Mossos en el 1-O, dos versiones irreconciliables

Ferrán López, número dos de los Mossos, durante el juicio en el Tribunal Supremo./EFE
Ferrán López, número dos de los Mossos, durante el juicio en el Tribunal Supremo. / EFE

De la «pasividad absoluta» de la policía catalana, según Pérez de los Cobos, al «operativo común y cordial» de Ferran López

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Que los responsables del Ministerio del Interior y los Mossos d'Esquadra iban tener una versión diferente de lo ocurrido el 1-O, sobre todo, del papel de la policía autonómica para impedir el referéndum, era algo que todo el mundo esperaba en el Supremo. Pero una cosa es que las percepciones de un mismo hecho difieran según los actores y otra, muy diferente, es que los protagonistas dibujen una realidad en muchos casos antagónica o, cuanto menos, con aspectos irreconciliables. Una coyuntura en la que, al final, solo cabe una conclusión: alguien miente sobre lo ocurrido.

Por eso a nadie le sorprendió que el miércoles pasado, Xavier Melero, abogado del exconsejero de Interior Joaquim Forn, pidiera un careo entre los dos mandos policiales que han trazado las realidades más distantes de lo ocurrido: el número dos de los Mossos el 1-O, Ferran López, y el coordinador de Interior de aquel dispositivo de seguridad, Diego Pérez de los Cobos.

El comisario de la policía catalana y el coronel de la Guardia Civil, es cierto, dieron los testimonios más extremos, pero en realidad desde ambos bandos ya se venía anunciado ese choque de trenes entre verdades opuestas. Desde los Mossos, el propio major Josep Lluís Trapero o los comisarios Manel Castellví y Emili Quevedo ya habían descrito una realidad de colaboración sincera de la policía autonómica que no sirvió, desgraciadamente, para frenar a los más de dos millones de votantes. Desde Interior, el exministro Juan Ignacio Zoido, el exsecretario José Antonio Nieto o los máximos responsables en Cataluña de la Policía y la Guardia Civil, Sebastián Trapote y Ángel Gozalo, ya habían hablado de sus «dudas» previas sobre la voluntad real de los Mossos el día de la votación.

Pero lo del miércoles pasado con López fue mucho más allá. Todo chirrió en el Supremo cuando dijo que Pérez de los Cobos había «validado» el plan de los Mossos para el 1-O, que pasaba por enviar exclusivamente a una pareja de agentes (un «binomio») a cada uno de los centros para avisar de que la votación había sido prohibida por orden judicial.

Según el número dos de Trapero, Interior dio visto bueno a que esas parejas de Mossos fueran la vanguardia contra el referéndum y que esos agentes de seguridad ciudadana fueran los que pidieran, llegado el caso, ayuda a las fuerzas de orden público de Mossos, Policía o Guardia Civil si no podían incautar las urnas. Esta versión fue directamente irreconciliable con la que dio el coronel el pasado 5 de marzo ante el tribunal, cuando negó tajantemente, no ya solo no haber dado «validez» al despliegue de los binomios, sino haber recibido el 29 de septiembre, última reunión de coordinación, el operativo final de los Mossos, después de que Interior le hubiera reprochado que el anterior dispositivo estaba dirigido más a garantizar la seguridad en una jornada electoral normal que para impedir un referéndum ilegal. «Hasta el 1-O no supe que el dispositivo previsto de Mossos eran dos agentes por centro de votación», afirmó el coronel.

«Una estafa, lo nunca visto»

López aseguró que Pérez de los Cobos bendijo el operativo de los Mossos horas antes de 1-O, pero lo cierto es que el coronel no pudo ser en su declaración más claro de lo que pensaba del dispositivo que le presentaron y que exigió que cambiaran: «insuficiente», «inadecuado», «ineficaz». «El dispositivo de los Mossos era una estafa, lo nunca visto». «No había duda que los Mossos no pretendían impedían el referéndum y por lo tanto debíamos actuar». «La actuación de los Mossos fue de pasividad absoluta y nula colaboración», manifestó en varias ocasiones bajo juramento.

La mano derecha de Trapero y jefe de los Mossos durante el 155 vivió, según sus propias declaraciones ante el tribunal, una realidad bien diferente. La de «un operativo conjunto pactado y acordado» con el mismo oficial de la Guardia Civil que días antes, desde la misma silla en que se sentaba el comisario López, afirmó que «el dispositivo de la policía autonómica era «más contraproducente que beneficioso» y que estaba «hecho para no funcionar».

Mientras, el mando de los Mossos dijo ante el tribunal que «no hubo absolutamente ninguna discrepancia» con las fuerzas de seguridad del Estado en las reuniones anteriores, pero también posteriores, a la jornada electoral ilegal. Sin embargo, el coronel del Ministerio del Interior, que estuvo exactamente en los mismos cónclaves que López, pareció vivir otro referéndum. «La constatación fehaciente de que no había unidad de propósito la tuvimos a primera hora de la mañana del 1-O, si bien desde el 28 de septiembre la desconfianza iba in crescendo». «Cuando llegaron nuestras unidades, la actuación de los Mossos fue de absoluta pasividad, nula colaboración y de tomar distancia».

 «Se hizo todo lo que se pudo allá donde se pudo», defendió el número dos de Trapero, agarrándose a sus cifras: la policía autonómica cerró 134 colegios una vez se había iniciado la votación, aunque nadie vio una imagen de los Mossos interviniendo, tal y como recordó Pérez de los Cobos y el resto de la cúpula de Interior.

«Clave 21», el sospechoso código de los seguimientos

¿Hubo seguimiento de patrullas de Información de los Mossos a los vehículos de la Guardia Civil y la Policía antes, durante y después del referéndum?

Para el coronel Pérez de los Cobos sí hubo seguimientos, no cabe duda. «Así me lo participaron los informes» que hacían referencia a labores de vigilancia «sobre nuestras unidades». «Me comunican que se han detectado vehículos camuflados y que al comprobar las matrículas se comprueba que eran de Mossos». Una tesis que abundó el comisario Manuel Quintela la pasada semana. «Usaban un código interno, 'clave 21', para hablar por teléfono y evitar que nos les escucharan por la emisora».

Por su parte, los comisarios Castellví o López lo negaron: «Seguimientos, cero». «Rotundamente no». Nunca hubo y «puede preguntar a los 17.000 mossos, a sus familias, a sus vecinos». Si hubo peticiones fue para asegurarse de que salían bien de su alojamiento, solicitaron información de los colegios donde estaban interviniendo para no duplicar esfuerzos y las peticiones de matrícula fueron ante «actitudes» que «no eran normales».

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