De tapas por Almería

Tapa en la taberna Torreluz. /
Tapa en la taberna Torreluz.

En esta ciudad andaluza se puede comer por menos de diez euros a base de cañas y pinchos

GUÍA REPSOL

Descubrir Almería es también conocer su gastronomía. Por seis o siete euros se puede comer, y muy bien, en el centro de Almería. Es lo que cuestan tres cañas con sus respectivas tapas de migas, pulpo o patatas a lo pobre con huevo frito. Ya sólo la historia de los bares, alguno de más de 130 años, alimenta.

El más antiguo de la ciudad

Quien entra por primera vez en Casa Puga (Jovellanos, 7; 950 231 530) puede pensar que lo mejor de esta taberna son los boquerones en adobo y las gambas con gabardina, porque, ciertamente, están de vicio. Error. Como reza el eslogan del negocio: "Lo mejor de Casa Puga son sus clientes". No es que sean buenos clientes, clientes habituales o clientes fijos, es que prácticamente viven en Casa Puga, a tal extremo que "más de una vez han venido a buscarlos al bar para decirles que acababan de ser padres". Eso cuenta, sin disimular su regocijo y su orgullo, Leonardo, camarero y copropietario de este establecimiento que no sólo presume de su fervorosa parroquia, sino de ser el más antiguo de la ciudad, de 1870, nada menos.

Además de los boquerones y las gambas, hay otras 40 ricas tapas y, para empujarlas, vino de la sierra de la Contraviesa, a onde, por cierto, todos los años organizan los dueños un viaje de aprovisionamiento en autocar, acompañados por la clientela más devota, esa que siempre está y estará en Casa Puga, hasta que la muerte (o un nacimiento imprevisto) los separe. El siempre atestado local posee, entre otras mil curiosidades, una colección de botellas de brandy de todo el mundo y una barra de mármol de Macael en la que los propios clientes llevan la cuenta de lo que toman con un lápiz. Así eran las calculadoras y las cajas registradoras en 1870.

La tradicional marraná de los pescadores

Del bar más antiguo, a uno de los más jóvenes, abierto en diciembre de 2012: Entremares (Tiendas, 31; tel.: 950 650 47). No hay que matarse a andar, porque está a 30 metros. Ni a pensar, porque la tapa estrella es el pulpo. La única duda es si se quiere con alioli, en aceite, a la plancha o estilo marraná; es decir, guisado con cebolla y tomate, que es como siempre lo han hecho los hombres del mar (o las mujeres de los hombres del mar) en el barrio de Pescadería.

Muy cerca y casi a estrenar también están El Jurelico (Jovellanos, 12; 950 954 561) y la Taberna Nuestra Tierra (Jovellanos, 16; 617 533 428). El Jurelico, como cabe inferir por su nombre, pesca a los clientes con tapas de lo que el mar da cada día. Junto a preparaciones clásicas, hay lo que el dueño denomina, entre veras y burlas, El Jurelico I+D: croquetas de caballa, albóndigas de sardina, isla perejil (una tapa a base de pescados azules, así llamada por su forma y por guasa), papas locas La Taberna Nuestra Tierra, como se puede colegir también de su nombre, apuesta por lo autóctono: migas, gachas, gurullos, trigo, Zaramandoña de la sierra de los Filabres (una ensalada fría de tomates, pimientos verdes y rojos, calabaza y aceitunas negras, todo secado al sol) Tapas que se riegan con vinos de la provincia (del alto Almanzora, del desierto, de la ribera del Andarax, de Laujar), porque lo que sienten aquí por los productos de aquí (valga la redundancia) no es gusto, es amor.

Exóticos tigres y zuritos de salmorejo

Al final de Jovellanos, ya en la calle Marín, se encuentra La Encina (Marín, 16; 950 273 429), el único lugar de la ciudad donde se sirven tigres, es decir, mejillones rellenos, que en Almería resultan tan exóticos como un tigre de verdad en un bar de Madrid. El arroz negro, las croquetas caseras de jamón ibérico y las tortitas de camarón son otras pequeñas tentaciones de esta taberna que ocupa, junto con el restaurante homónimo, una casa típica de 1860 con pozo árabe de 25 metros de profundidad.

Un paseo de tres minutos para reabrir el apetito, por Marín y por Hernán Cortés, y se llega a la Taberna Torreluz (plaza Flores, 3; 950 234 399), un clásico del picoteo en la capital almeriense. Muy recomendables el ajoblanco con atún y el salmorejo tradicional servido en vaso ancho y bajo, tipo zurito. Dispone de terraza, de surtida bodega y, pensando en los que tienen más apetito y presupuesto, de una larga lista de raciones encabezada por productos de Jabugo.

En Baviera se comen quisquillas

Próxima parada: Baviera (Tenor Iribarne, 10; 950 239 658). Más de uno, al oír ese nombre, se habrá imaginado una barra rebosante de salchichas weisswurst y jarras de cerveza de trigo. No es mala fantasía, pero la realidad tampoco, porque las especialidades de esta Baviera almeriense son las tapas de quisquillas y de hueva. En otro orden menos económico de cosas, esta marisquería tiene fama por su pescado fresco, su paella y su arroz con bogavante.

Por la misma calle Tenor Iribarne se sale al paseo de Almería, el principal de la ciudad. Bajando por él y doblando por la primera calle a la izquierda se descubre el Mercado Central, joya de la arquitectura del hierro de finales del siglo XIX y templo bullicioso y colorista del alimento fresco, al lado del cual abre sus puertas El Quinto Toro (Reyes Católicos, 6; 950 23 91 35), para muchos el mejor bar de tapas de Almería por la abundancia, la calidad, el precio, el trato y la ambientación taurina, que le da un punto muy retro y de verdá. Manuel Leal, hijo, sobrino y nieto de novilleros, que antes que diestro en las lides del tapeo fue delineante, hace auténticos dibujos para que, con el lugar lleno hasta la bola y sin perder la risueña compostura, lleguen a la boca del hambriento respetable los callos, la fritada de lomo o el remojón de San Antón, una ensalada de patata y bacalao típica de Huéscar. Por lo que en otros bares de España cuesta una caña, nada más que una caña, aquí ponen una caña y unas papas a lo pobre con huevo frito que no se las salta un torero.

Fuente: Guía Repsol