Una modesta proposición

Mónica Bellucci, en una escena de la película '¿Cuánto me amas?'. /
Mónica Bellucci, en una escena de la película '¿Cuánto me amas?'.
Rosa Belmonte
ROSA BELMONTE

Un profesor de marketing sueco ha propuesto comer carne humana para salvar al planeta del cambio climático. Ha dicho que uno de los mayores obstáculos sería el tabú cultural con respecto a los cadáveres humanos. Pero, vaya, es como si yo digo que deberíamos comernos a Greta. Una ocurrencia. A veces no sabes si la gente habla en serio o en broma. Pero como diría Pla en 'La vida amarga', ¿hay alguna diferencia?

La cosa se ha publicado en RT y Breitbart News como si el tipo fuera científico (Trump aprovechó la historia para desacreditar la ciencia del cambio climático, pretendiendo que ese señor es científico del clima, no siendo él nada de eso). El hombre lo dice en un programa de televisión sueco. Y la presentadora le da paso con un pantallón detrás y una bonita imagen en la que se ven tenedores que pinchan brazos con sus manitas (de cerdo o no).

El sueco no ha hecho más que imitar a Jonathan Swift. No sé si de manera consciente. El británico escribió 'Una modesta proposición' en 1729. Un ensayo satírico donde proponía que los irlandeses pobres que no pudieran pagar el arrendamiento vendieran a sus hijos a los terratenientes para que se los comieran. También en aquella época muchos no entendieron el sarcasmo y consideraron el escrito de mal gusto. Swift pretendía resaltar las condiciones terribles de los campesinos irlandeses. Con una sátira. Cualquiera sabe que lo de comer carne humana (viciosillos aparte) ha pasado en casos de emergencia. En los Andes con los accidentados del avión, en Bergen-Belsen (hay testimonios en los juicios), en el sitio de Leningrado o en las Cruzadas (nalgas de sarracenos a la plancha, lo cuenta Thomas Asbridge en su último libro). A mí que me pongan cuarto y mitad de Mónica Bellucci. Si me quedo con hambre, ya pediré un poco de Vicky Martín Berrocal. Lo que me sobre lo guardo en el congelador.