Agustín Santos Maraver: «La recuperación lenta de las crisis causa efectos de desigualdad enormes»

Agustín Santos Maraver. /R. C.
Agustín Santos Maraver. / R. C.

El embajador de España ante la ONU advierte de que «se está creando una tormenta perfecta que puede desembocar en la barbarie»

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

El tiempo se agota. Y no solo porque Agustín Santos Maraver sea el embajador de un Gobierno pendiente de pasar por las urnas, sino porque el mundo está en una peligrosa encrucijada que recuerda demasiado a los años 30. El diplomático de 63 años que desde septiembre lidera a España en la ONU tiene vista de pájaro para la historia y un título de Filosofía y Letras que le permite analizar la complejidad humana tras las políticas internacionales. Ha pasado por las embajadas de Cuba, China, Laos y Australia, además de dirigir el Gabinete de Exteriores de Miguel Ángel Moratinos. Suficiente para entender que tanto la victoria de Donald Trump en EE UU como la de Vox en Andalucía tienen sus raíces en el desencanto de un sistema que no ha dado los frutos prometidos.

- Con el paso atrás de EE UU en la esfera internacional y la proliferación de movimientos nacionalistas, ¿hay una crisis del multilateralismo?

Sí, pero tanto la actitud de EE UU como los movimientos proteccionistas, antiinmigración y xenófobos que están surgiendo son síntomas, más que causas profundas. El sistema multilateral que se creó después de la Segunda Guerra Mundial ha entrado en crisis. El concepto de la democracia liberal apoyada en el mercado permitió dar una alternativa inmediata al colapso del bloque soviético, pero demostró ser incapaz de gestionar la transición, porque las bases del multilateralismo entraron en una especia de conferencia diplomática sin conflictos ni intereses sustanciales.

- O sea, una parálisis.

Sí, hay una especie de incapacidad, no solamente a nivel político sino también de las instituciones económicas internacionales

- ¿Se puede culpar a esa parálisis de la crisis actual?

En buena medida, porque se produce también una gran crisis económica. La victoria del presidente Trump en EE UU no puede entenderse sin todo el proceso anterior. Su posición se resume en que EE UU ha dejado de beneficiarse del conjunto del sistema como principal potencia y concluye taxativamente que un sistema global que no priorice sus intereses nacionales es incompatible con el apoyo a largo plazo a ese sistema en el que pueda jugar un papel de árbitro.

- ¿Qué pasa cuando los intereses nacionales de Estados Unidos no son los del resto de la comunidad internacional?

Nadie era ingenuo cuando se escribió la Carta de Naciones Unidas ni creyeron que bastaba con afirmar la existencia única de intereses generales de la humanidad. Lo que se trata es de gestionar esa diversidad de intereses reales. Si la gestión es sustituida por una decisión unilateral de parte de las grandes potencias el sistema entra en crisis.

- ¿Se puede lograr que las cinco superpotencias accedan a perder su poder?

Ese es el elemento clave que necesita una reforma importante, porque la situación ha variado enormemente desde la Segunda Guerra Mundial. Ya hay toda una serie de potencias medias que sirven para articular regionalmente equilibrios de poder. El sistema de veto de las cinco grandes potencias es el punto de partida de los unilateralismos.

- ¿Y cómo se cambia eso?

Es un camino complicado que ni siquiera está demasiado claro, pero es de esos caminos de recorrido inevitable que se hacen a base de pruebas, aciertos y correcciones. En el caso de los países europeos, donde tenemos nuestro propio sistema multilateral, que es la UE, aplicando nuestra capacidad de agregar fuerzas y de acumular peso para intentar influir con una agenda internacional que ponga en primer plano el bien común. Para poder tener derecho a la felicidad hay que crear las condiciones materiales. Lo que ha cambiado es que ahora somos conscientes de que existe la capacidad material de resolver ese problema, cosa que en 1945 por lo menos se podía cuestionar. Ahora se puede afirmar que no hay un problema de voluntarismo sino de falta de voluntad política.

- Precisamente por esta conciencia general de que falta voluntad política surgen los movimientos antisistema que estamos viendo.

Efectivamente, porque no es lo mismo sufrir esas situaciones desde el punto de vista de que son inevitables a enfrentarlas en una situación de indignación y de cólera generalizada.

- Como en Francia.

Así es. Esto ocurre no porque sea inevitable, sino porque se han adoptado decisiones políticas, económicas y sociales que han provocado esta situación, que se puede corregir tomando otras.

- Decisiones que han favorecido a una elite económica.

Bueno, cada cual tiene su interpretación.

- Lo que sí se puede decir es que volvemos a estar en una situación de urgencia con esta proliferación de movimientos.

La convergencia es especialmente grave porque tenemos un elemento de crisis de cambio climático que afecta directamente al acceso a los recursos de los sectores más desfavorecidos. Unido a la salida de las crisis económicas con una perspectiva de recuperación muy lenta, lo que produce unos efectos acumulados de desigualdad enormes e incuestionables. Todos estos elementos van creando una tormenta perfecta.

- ¿La reforma de la ONU es fundamental para resolver este problema?

La alternativa a que no exista un sistema multilateral capaz de intervenir para gestionar problemas como el hambre en Sudán, las epidemias globales o los genocidios es volver a un grado civilizatorio que no sería asumible prácticamente por nadie.

- O sea, que todo es susceptible de empeorar si desmantelamos el sistema.

Pero no sabemos hasta qué punto... Corrijo, podemos sospecharlo.

     

«Con recursos escasos lo más fácil es culpar al vecino»

- ¿Y qué solución propone España para afrontar la indignación creciente?

España no tiene tanto una solución como una estrategia. Parte de una idea realista sobre la necesidad de acumular fuerzas y aliados, porque son problemas globales. La agenda 2030, por hablar de algo concreto, es una luz al final del túnel o algo que permite ir iluminando el túnel poco a poco.

- ¿Y esta Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible permitiría que no se perpetuaran guerras como las de Siria y Congo?

No, la Agenda 2030 tiene que empezar creando la conciencia de por qué se producen esas guerras y cuáles son los elementos imprescindibles para que no ocurran, porque sin un cambio importante de conciencia no hay un cambio importante de políticas. Es importante sostener sistemáticamente un punto de vista que se apoye en un análisis realista alejado de los prejuicios ideológicos y raciales y de otras respuestas que no tienen en cuenta los intereses globales colectivos.

- Que son precisamente los que están repuntando. Parece que estamos ante las peores circunstancias coyunturales para las soluciones que se requieren.

Estamos en una mala coyuntura. Es una coyuntura de tormenta que se va cargando y tenemos que impedirlo antes de que descargue, a través de la creación de un programa como el de 2030 que permita integrar todos los factores en crisis para que se produzca la experiencia colectiva de que es útil, sin la cual no habrá cambios importantes.

- Esto es lo más difícil, que el ciudadano lo sienta útil.

El ejemplo más extremo sería la experiencia de un señor que se radicaliza hacia el yihadismo y piensa que la solución es la reconstrucción de un califato modelo del siglo XII o XIII, que le parece más útil para él, su familia y sus hijos que una respuesta al cambio climático, democrática y de expansión de los servicios sociales.

- ¿Y hay algún paralelismo entre ese señor que se radicaliza hacia el islamismo y el que se radicaliza en Europa hacia la ultraderecha, culpando a la inmigración de lo que le está pasando?

Que somos una única especie, seres humanos sometidos a unas necesidades materiales para el desarrollo de nuestra vida, a la que nos enfrentamos desde las culturas en las que hemos sido educados y estamos integrados. Y a partir de ahí buscamos respuestas sobre cómo resolver su quiebra.

- Y en ocasiones las buscamos culpando a otros.

En general, culpando a otros, porque este es el viejo elemento del chivo expiatorio. Cuando hay recursos escasos lo más fácil es echar la culpa al vecino de al lado. Esta es la respuesta más primitiva, que representa más prejuicios y es el camino hacia la barbarie, que desgraciadamente no es excluible, ese es el otro aprendizaje histórico que hemos tenido.

 

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