El Gordo también salpica Gipuzkoa

Las hermanas Silván con el cartel del premio y los primeros brindis con cava. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Los boletos que resultaron premiados fueron adquiridos a través de las máquinas y no con boletos tradicionales | Zarautz, Donostia y Lasarte-Oria reparten 1,6 millones de euros del primer premio

Ana Vozmediano
ANA VOZMEDIANOSAN SEBASTIÁN

¿Ha sido mucho dinero? ¿Una cantidad decepcionante? En principio, es el mejor botín que se ha llevado Gipuzkoa en los últimos cinco años. Porque el Gordo de la Lotería de Navidad dejó ayer en Gipuzkoa 1,6 millones de euros. Eso sí, repartidos en dos décimos vendidos en Zarautz, uno en San Sebastián y otro en Lasarte-Oria. En total, los premios mayores -incluido el Gordo- han dejado casi 3,2 millones de euros, con décimos de un tercero y un cuarto y dos quintos. Pero el Gordo es el Gordo, el símbolo de este juego cuyos premios cada vez están más repartidos.

¿Es que ha cambiado la generosidad de la gente, que cada vez comparte más sus números? Más bien no. La implantación de las máquinas ha hecho que éstas sustituyan en gran medida a aquellas compras compartidas de hogares del jubilado, empresas o clubes deportivos y sociedades que tanto se resaltaban y ensalzaban este sorteo. Eso de «está muy repartido» se debe más a compras individuales en máquinas que al hábito de compartir décimos o series.

Gipuzkoa es una prueba de todo ello. En Zarautz, el Gordo dejó 800.000 euros gracias a dos décimos vendidos en el estanco Nur, que regentan las hermanas zarauztarras Amaia y Gemma Silván, dentro del centro comercial Eroski. Ambas estaban felices porque además tenían la premonición de que iban a repartir un buen premio, informa Antxon Etxeberria. Y así fue, porque vendieron esos dos décimos del 03347 del primer premio. A media mañana de ayer las dos hermanas estaban felices y encantadas. «No tenemos ni idea de quién se ha podido llevar el premio. Son dos décimos de máquina; desconocemos si es la misma persona la que ha adquirido los dos décimos aunque diríamos que sí; seguramente habrá comprado el número al azar, aunque puede darse el caso de gente que pide una terminación en concreto o una cifra que para ella es especial», indicaban mientras descorchaban cava.

Nunca habían dado un premio de este calibre y eso que llevan con el local desde la apertura del centro comercial. «Nuestros padres regentaban el estanco en el barrio Itxasmendi; allí teníamos administración de loterías y apuestas, pero nos trasladamos aquí», comentaban recordando los principales premios que han dado hasta la fecha. «Premios sí que hemos dado, de 40.000 ó 50.000 euros con la bonoloto y con la quiniela, pero nunca con la Lotería de Navidad y además del primer premio. Que no ha sido el quinto o el cuarto, sino que es el premio Gordo, ¡el Gordo!, ¡800.000 euros!»

Por el estanco pasa muchísima gente. Reconocen que este año han vendido mucho. «Creemos que se juega más en la Lotería de Navidad. Empezamos en verano a vender décimos y desde entonces hemos estado sin parar, aunque es en éste último mes cuando más se intensifican las ventas». Tras conocer que habían repartido el premio, lo primero que hicieron fue comunicar la noticia al padre, Jesús Mari, y a la hermana mayor, Ana. «Yo intuía que nuestra madre, Marisol Luariz-Ayerdi, fallecida hace apenas tres meses, nos daría suerte», decía Gemma. Amaia se acordaba también de otro cliente, Mario, que también murió hace poco. «Siempre nos decía que tocaría la terminación 37, en referencia a su año de nacimiento».

Bernardino se acercó hasta el local. «He venido a felicitar a las chavalas. Parece que me hubiera tocado a mí», reía, mientras descorchaba la primera botella de champán de la mañana. José Mari Hidalgo era otro que se acercó nada más saberse que el Gordo había dejado premio. «No he tenido la suerte, pero a alguien le habrá tocado».

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Para las hermanas Silván, lo más probable es que la persona o personas afortunadas sean del entorno, de la rutina semanal. «Por aquí pasa mucha gente, tanto de Zarautz como de los alrededores y desconocemos quién se lleva el premio. No hace falta irse hasta Madrid a comprar lotería. Y a los que no hayan tenido suerte, que miren mañana (por hoy) los números en el periódico».

Con la camiseta

En la calle Elcano, una de las más céntricas de San Sebastián, la propietaria de la conocida librería y estanco, Cristina Oroz, no podía evitar las lágrimas. Posó con la camiseta de 'El Gordo ha tocado aquí', recibió a clientes, cámaras, o periodistas feliz por haber vendido ese décimo del primer premio que salió de su máquina y que tiene un premio de 400.000 euros. Porque en esta administración lotera no se reparten ya décimos convencionales.

«Me sale la lágrima fácil», aseguraba junto a una de las empleadas, Elena, que también estaba nerviosa y casi incrédula, después de recibir el cartel que les acreditaba como vendedoras del Gordo. ¿Es cierta la emoción de la lotera? «Pues mira, sí. También piensas, fíjate, me podía haber tocado a mí. Pero saber que alguien se ha llevado la suerte y que se la has dado tú...».

Cristina espera que sea un cliente habitual, como ocurrió en agosto, cuando dieron el primer premio en el sorteo del jueves. «También fue a través de la máquina y era una persona conocida de toda la vida, así que esta vez puede pasar igual». «Bueno, puede que no sea cliente y ahora decida hacerse», contestaba Elena. Nadie lo sabe. «Lo que me da pena es no haber repartido más décimos, más dinero entre la gente. Claro que, si llega a ser así puede que me hubiera dado un tantarantán de la emoción». Su suegra llegó a pensar que el Gordo le había tocado a ella.

Desde 1998

Ha sido un pequeño pellizco, pero el Gordo tardío de ayer dejó 400.000 euros en un único décimo con el que resultó agraciada Lasarte-Oria, que no era afortunada por el azar desde 1998, cuando dejó una millonada a numerosos vecinos. Esta vez, lo cuenta Txema Valles, ha vuelto la suerte pero en menor medida. El décimo del 3.347 se vendió en Loterías Iza-Guerri, un negocio familiar desde hace 32 años, regentado actualmente por Cristina Izaguirre. Ella recibió una llamada avisándole del feliz resultado en el sorteo de Navidad. «No me lo podía creer, me avisaron de la central de Loterías y pensaba que se estaba equivocando porque no lo encontrábamos en nuestro recuento de series y décimos vendidos. Pero ¡claro! es que se trataba de un boleto vendido a un cliente por la máquina».

Poco a poco, Cristina iba preparando todo para ofrecer a su clientela el anuncio de la «nueva suerte». No estaba del todo satisfecha. «Es una pena que, ya que toca, solo se haya repartido un décimo. Por otro lado, más vale que sea una persona agraciada a que el dinero pase de largo». Ella recuerda que un señor con acento sudamericano le comentó que le diera un décimo terminado en 7 de máquina que estaba seguro que le iba a tocar. Pero ¿quién era?