«Pero, ¿dónde estamos? ¿Francia queda muy lejos de aquí? ¿Y la Cruz Roja?»

Los migrantes esperan pacientemente en cola a ser recogidos por las furgonetas de la Cruz Roja./LOBO ALTUNA
Los migrantes esperan pacientemente en cola a ser recogidos por las furgonetas de la Cruz Roja. / LOBO ALTUNA

46 subsaharianos quedaron abandonados en la estación de autobuses de Donostia tras un viaje desde Almería | Ni la organización ni las instituciones estaban avisadas de la llegada de este grupo que hace algo más de una semana arribó en patera a las costas andaluzas

Ana Vozmediano
ANA VOZMEDIANOSAN SEBASTIÁN.

Eran las 8 de la mañana cuando un autobús paraba en la terminal de San Sebastián y dejaba en el andén a 46 jóvenes, todos varones y todos vestidos con pulcros chandals de Decatlon, pulseras de identificación de Cruz Roja y caras de sueño. El chófer dejaba a sus viajeros en uno de los andenes y arrancaba sin más dilación hacia la salida. Ninguna mochila ni maleta, y pronto las primeras preguntas, «¿dónde estamos?», «¿dónde está la Cruz Roja?», «¿Francia queda muy lejos?» «¿París?».

Porque la expedición abandonada a su suerte en la estación no era un equipo de baloncesto de un torneo internacional, sino un grupo de migrantes llegados desde Almería de entre 16 y 36 años, desde donde habían partido después de una semana tras llegar en patera a las costas andaluzas desde su país de origen, Mali y Guinea-Conakri y ser derivados después en dirección a Francia y parar en un lugar, esta vez San Sebastián, en el que oficialmente nadie les esperaba. Ni Cruz Roja Gipuzkoa, ni los servicios sociales del Ayuntamiento de Donostia y la Diputación de Gipuzkoa habían sido advertidos de que llegarían

La oleada de pateras este fin de semana ha sido especialmente intensa. Pero el fenómeno no solo tiene efectos en las costas andaluzas, sino en cualquier lugar en el que estas personas puedan recalar. Todo indica que España se enfrenta desde principios de año a la mayor crisis migratoria en una década y que más allá del mediático 'Aquarius', el trasiego de migrantes es continuo y afecta a lugares muy diferentes.

Ayer, en la estación de autobuses de San Sebastián era difícil saber qué ocurría, porque Cruz Roja Gipuzkoa desconocía por qué se había generado esta situación. Los subsaharianos, en cambio, afirmaban que había sido la propia entidad en Almería quien había fletado el vehículo. La entidad guipuzcoana no confirmó este extremo y se limitó a negar que se les hubiera avisado. El hecho es que no había ningún dispositivo preparado para acogerar a un grupo en el que había al menos dos menores. Cuentan los testigos que todos ellos deambularon por la instalación hasta que desde la dirección de la terminal se decidió a llamar a la Cruz Roja. Ellos mismos la reclamaban.

Se encuentran alojados en el albergue de Zorroaga de la Cruz Roja hasta que se identifique su situación

Ellos aseguran que fue Cruz Roja-Almería la que fletó el autobús, pero nadie lo confirmó ayer

La primera en aparecer en la instalación tras el aviso fue la Guardia Municipal, que se hizo cargo de la situación desde el punto de vista de la seguridad y que, en un principio, provocó la intranquilidad de los chicos que después de días en patera, después de la espera en Andalucía, ni siquiera sabían dónde estaban. Solo esperaban que la Cruz Roja les fuera a buscar, tal y como, al parecer, les había prometido la organización en Almería; querían que alguien les diera pautas y les dijera qué tenían que hacer. Un testigo de lo ocurrido explicaba que uno de los más jóvenes solo pedía que no le devolvieran a su país. «¡Quiero quedarme! ¡Y estudiar! ¡En España o en Francia! Pero en Europa» decía en inglés.

Al parecer, era el único que hablaba este idioma, pero otros contaron su historia en francés a quienes se acercaron a ayudarles. Como una familia gala que llegaba a pasar unos días en Donostia que compró agua y bolsas de patatas fritas para todos. Hubo quien se acercó con paquetes de galletas y hasta con botes de tejas y cigarrillos de Tolosa y algunos caramelos. «Nos han dicho que estaban hambrientos». No tenían nada más allá del desconcierto.

Hasta las 14.00 horas

Le comentaron a otro testigo que se encontraba en la estación antes de que se personara la Policía, que llevaban más de una semana en Almería y que fue la propia Cruz Roja la que organizó el convoy para llegar al norte y pasar a Francia. ¿En qué patera de las muchas que están llegando a España viajaban? No se sabe, pero sí que han buscado este destino, según cuentan, porque algunos tienen familiares en el país, sobre todo en los barrios de los alrededores de París. Algunos de sus compañeros de patera partieron hacia Madrid y Barcelona.

Las horas en la estación pasaron lentas. La Guardia Municipal mantenía a raya a los periodistas que pretendían saber qué es lo que pasaba mientras los agentes de la Ertzaintza custodiaban a los migrantes cuando iban a los servicios en grupos de cinco. Apenas hablaron entre ellos, solo bebían agua.

A partir de la 13.00 horas llegaron efectivos de la Cruz Roja hasta el andén en el que permanecían custodiados. Los trasladaron en tres furgonetas con destino al local que la propia organización tiene en Zorroaga. Unos quince debieron esperar a que las furgonetas volvieran para recogerles. Casi a las 14.00 horas abandonaron la estación de autobuses de San Sebastián.

A última hora de la tarde, se anunció que se había puesto en marcha una comisión de coordinación para tratar sobre estas personas, una comisión en la que están presentes las responsables de las áreas sociales de Diputación y Ayuntamiento, Maite Peña y Aitziber San Roman, además de la responsable de Cruz Roja, Elena Luquín. Ésta indicó que esta institución movilizó un equipo de personal técnico y voluntariado «de 40 personas entre las que se encuentran personal sanitario, educadores sociales, abogados, psicólogos y traductores para poder prestar una atención integral». Luquín agregó que las personas atendidas se encuentran cansadas por el largo viaje, pero en general no muestran ningún problema de salud grave». De momento se ha realizado una acogida grupal y una primera valoración individual para identificar cuál es la situación de cada uno para derivarlos a los recursos adecuados.

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