Edurne Pasaban: «Cuando intenté quitarme la vida no quería morir, solo acabar con ese dolor»

«En ese momento no tienes el control de ti mismo», asegura la montañera tolosarra, que ayer ofreció una charla sobre depresión y suicidio en Donostia

La alpinista tolosarra Edurne Pasaban ofreció ayer en Donostia su testimonio tras haber sufrido una depresión. /Usoz
La alpinista tolosarra Edurne Pasaban ofreció ayer en Donostia su testimonio tras haber sufrido una depresión. / Usoz
PATRICIA RODRÍGUEZ

Ha estado literalmente en la cima del mundo, pero no siempre se ha sentido tan fuerte. «Pasé de jugarme la vida escalando montañas a un hospital psiquiátrico haciendo punto de cruz. Era surrealista». Cuando la alpinista tolosarra Edurne Pasaban rescata uno de los episodios más trágicos y angustiosos de su vida, aún sorprende cómo una persona con tanta fortaleza y determinación pudo llegar a esa situación de querer quitarse la vida. «Cuando tienes una depresión muy grande no controlas tu mente y hasta los mayores edificios caen. Le puede pasar a cualquiera», subraya Pasaban, que compartió ayer su experiencia en una conferencia organizada por Agifes en Donostia, en el marco de unas jornadas para visibilizar la depresión y el suicidio, que finalizan este miércoles.

- ¿Cómo una persona que ha tocado la cima de catorce 'ochomiles' acaba sumida en una depresión?

- Es algo que me lo decía muchísima gente, hasta en el hospital donde estuve ingresada. No lo entendían. Pero es que esto le puede pasar a cualquiera y hasta los mayores edificios caen. La mente es algo que no controlas. Yo puedo tener muchísima fuerza para enfrentarme a montañas como las que he escalado pero luego no tener fuerzas para enfrentarme a la vida real. Miraba en internet cómo se podía hacer sin sufrir... pero no lo comentaba con nadie. En ese momento en el que lo vas a hacer no tienes el control de ti mismo.

- ¿Cuándo se dio cuenta de que algo no marchaba bien?

- Por aquel entonces estaba metida en un reto deportivo muy grande, como era escalar los catorce 'ochomiles', pero tampoco me dedicaba profesionalmente a eso, porque paralelamente trabajaba en el restaurante y a los 31 años me empecé a hacer muchas preguntas: qué estaba haciendo con mi vida, no tenía un trabajo estable como mis amigas, además se estaban empezando a casar y tener hijos, tampoco me dedicaba profesionalmente a lo que había estudiado (Ingeniería)... A todo eso se unió una rotura sentimental y al final caí en una enfermedad, porque no encontraba respuestas a lo que estaba haciendo con mi vida. A finales de 2005 me empecé a encontrar muy mal, sentía mucha angustia, ansiedad… El problema es que al ser una enfermedad tan desconocida tampoco sabes detectar muy bien lo que te pasa, tú mismo no sabes diferenciar entre tristeza y depresión, y cada vez estaba peor. Había caído en el agujero más negro. Un día exploté y les dije a mis padres que me ayudaran.

- ¿Cómo reaccionaron sus familiares?

- Decidieron, gracias a un médico de familia de confianza, ingresarme en un hospital psiquiátrico. Al principio reaccionaron con sorpresa; no es fácil dejar a tu hija allí para que se trate. Además, como el tema es tan desconocido es difícil identificarlo. Ellos veían que su hija estaba triste, que no me quería levantar de la cama... pero se dejaron aconsejar por los médicos. Había que ingresar. Estuve primero dos meses. Me dieron el alta y de nuevo volví a ingresar y entre los ingresos fue cuando ocurrió el intento de suicidio.

- ¿Qué es lo que le llevó a hacerlo?

- La ansiedad, el malestar... Llega un momento en el que es tanto tu dolor que solo buscas la forma de hacerle frente, quitándote la vida. Solo quieres acabar con eso. Siempre digo que la gente que llega a ese extremo, casi toda, no quiere el resultado de la muerte. Pero no encontramos el camino de cómo salir de ahí. Por eso es tan importante hablar, podemos ayudar a mucha gente a que pida ayuda.

- ¿Cómo fueron aquellos meses de ingreso?

- Surrealistas. Yo ingresé el 6 de enero de 2006, después de haber pasado todas las Navidades escalando en hielo en los Alpes, con mi primo Asier. Y de repente llegué a casa, volví a la realidad y me puse muy mal. Dos días después de estar escalando en situaciones extremas me encontré en la sala de un hospital haciendo punto de cruz. No sabía si llorar, gritar... No sabía lo que me estaba pasando.

- Después del intento de suicidio, ¿cómo se sentía?

- Avergonzada de tener que pasar por un hospital a que te hagan un lavado de estómago. Avergonzada de haberlo hecho.

- Pero consiguió armar una salida. ¿Qué le ayudó a hacerlo?

- Los especialistas, la medicación, que ayuda un montón, es imprescindible, y mi familia y amigos que me comprendieron, me acompañaron y ayudaron a encontrar mi camino. Tuve mucha suerte. Una vez que empecé a encontrarme mejor, me ayudó mucho el deporte y volver a la montaña.

«Ingresar en un psiquiátrico no significa estar loco, como se tiende a pensar»

«Nos avergüenza tomar un antidepresivo, pero es como tomar algo para el azúcar o las tiroides»

- ¿Cómo se encuentra ahora? ¿Ha salido fortalecida de aquel episodio?

- No me siento más fuerte, lo que sí he cambiado ha sido la forma de valorar algunas cosas. Pero es que yo ya he visto la muerte en otros sitios y he perdido a muchos amigos. La muerte es algo que en mi vida está muy cerca y muy interiorizada. Todo lo que he vivido, la depresión, los intentos de suicidio, la pérdida de amigos en la montaña... sí que me han hecho cambiar. Hay que vivir el momento. Ahora me encuentro muy bien, se puede salir del agujero más oscuro pero esto no quita que jamás vaya a sufrirlo.

- ¿Cuáles son las señales que pueden volver a encender la alarma?

- La ventaja que tengo yo es que ahora me conozco mucho mejor y cuando el semáforo se pone en ámbar sé que algo está pasando, porque no duermo o tengo ansiedad, y estoy alerta. Por eso es tan importante que se hable de ello, que se conozca la enfermedad.

-¿Por qué decidió contarlo?

- Pienso que puedo ayudar a otras personas que están pasando o han pasado por lo mismo. El que tiene una enfermedad mental piensa que solo la tiene él y no es así. Yo conozco mucha gente que parece que está en lo más alto y lo está pasando mal. Si quitamos ese estigma y hacemos ver que esto le puede pasar a cualquiera y que es una enfermedad como todas las demás creo que podemos ayudar a muchos jóvenes a que llamen a las puertas, que no se avergüencen y pidan ayuda. Las enfermedades mentales están matando a mucha gente.

- La depresión es una enfermedad que afecta a mucha gente Sin embargo sigue siendo un tema tabú...

- Se habla muy poco de ello. Existe mucho miedo a decir que tenemos una depresión. La palabra enfermo mental se relaciona con la locura. También nos avergonzamos de tomar un antidepresivo, pero es como tomar una pastilla para el azúcar o la tiroides. Mi mensaje es que de esto se puede salir, por eso hay que buscar apoyo. Lo que no ayuda nada son las típicas frases de 'Lo tienes todo', 'Tienes la mejor vida del mundo...' Sabes que quizá sea cierto pero eso no te saca de donde estás metido.

- Ahora que es madre, ¿cómo ha cambiado su forma de ver las cosas?

- Disfruto de la montaña a otro ritmo, en parte lo echo de menos pero soy muy feliz. Además, el riesgo lo mido diferente. El año pasado estuve en una montaña de 7.000 metros, las condiciones no estaban bien y yo decía: que le den, paso de todo esto, por miedo a que me pasara algo por mi hijo. En otro tiempo no habría sido así. También doy charlas de motivación y liderazgo en empresas, sobre todo de España y Latinoamérica y sigo con la Fundación Montañeros por el Himalaya by Edurne Pasaban.