Un corazón sobre ruedas

Iñaki y Garbiñe, junto al Peine del Viento con la bici tándem que se desmonta en tres piezas y acaban de estrenar. / JOSE MARI LÓPEZ
Iñaki y Garbiñe, junto al Peine del Viento con la bici tándem que se desmonta en tres piezas y acaban de estrenar. / JOSE MARI LÓPEZ

Iñaki Pagola prepara otro viaje tras serle sustituida la válvula aórtica | El alegiarra empezó a padecer los síntomas de su enfermedad congénita cuando cruzaba EE UU en tándem con su mujer

ANE URDANGARIN SAN SEBASTIÁN.

Sus alumnos del centro escolar de Aduna le sorprendieron hace unos días con una pancarta que decía «Ongi etorri, aupa Iñaki», en uno de los inicios de curso más felices que recuerda el profesor de inglés de 47 años. Hace tiempo que no se veían, y no solo por las vacaciones de dos meses del sector educativo. Para Iñaki Pagola Guruceaga, alegiarra vecino de Donostia, el curso no acabó en junio, sino unos meses antes cuando tuvo que dejar las aulas para entrar en el quirófano a que le operasen a corazón abierto. «¿Qué te han hecho? ¿Nos enseñas la cicatriz?», le interrogaron a su regreso unos alumnos tan intrigados por los contratiempos de salud de su irakasle -«yo creo que hay que hablar de estas cosas con naturalidad, siempre adecuando el lenguaje a la edad»- como por sus aventuras.

Porque en su tiempo libre, Iñaki es una suerte de aventurero que junto a su mujer Garbiñe recorre el mundo sobre una llamativa bicicleta tándem. Unos viajes, cada vez más largos, que relatan en un blog (www.tandembidaiak.com) y que empezaron después de que un amigo de Tolosa les dejara una tándem. Probaron y les gustó. «Nos resulta más cómodo que ir cada uno con su bicicleta», así que se compraron una y recorrieron el Camino de Santiago. A los meses pedalearon 2.000 kilómetros por Francia, subiendo los puertos míticos del Tour. También han recorrido los 4.000 kilómetros que separan Rumanía de San Sebastián, o han pedaleado desde Oslo hasta su casa del Antiguo, con su 'otra casa' a cuestas. «Llevamos nueve alforjas con la tienda de campaña, sacos, lo necesario para cocinar... porque vamos parando y durmiendo sobre la marcha. Con el tiempo hemos mejorado el equipaje y ahora es todo ultraligero». En total, unos 70 kilos (20 la bici, 5 la rueda de repuesto y 45 el equipaje). Y luego está el peso de la pareja.

El año pasado realizaron otro viaje de ensueño: recorrer los 7.000 kilómetros que separan Oregón de Washington. En algún momento del periplo de 70 días, en los que cruzaron 14 estados, a razón de un centenar kilómetros diarios, -«¡qué largas son las distancias en los Estados Unidos, por las Rocosas había días en los que apenas veíamos un pueblo!»-, empezaron los primeros síntomas. «De repente, por las noches, me quedaba sin aire, no podía respirar».

Insuficiencia cardiaca

Acabaron el viaje y a su regreso a Gipuzkoa empezó a entrenar para una ironman. Un nuevo reto para Iñaki, que siempre ha practicado deporte. «Hice ciclismo y llegué a correr en aficionados. También he corrido maratones», explica. Pero algo iba mal en su cuerpo. «Conforme iba intensificando los entrenamientos, los síntomas se agravaron». Así que fue a Policlínica Gipuzkoa a hacerse un chequeo general. Tras muchas pruebas, en un ecocardiograma detectaron que tenía una enfermedad congénita. «Tenía la válvula aorta bivalva, cuando tiene que ser trivalva. En mi caso la válvula se abría pero no se cerrada, y eso me provocaba la insuficiencia cardiaca». Había que operar, a corazón abierto, para corregir esa dolencia con la que, sin saberlo, había vivido desde pequeño.

«El susto fue mayúsculo, pero lo habían cogido a tiempo y tenía solución. Los cirujanos me explicaron todo muy bien, y me dieron mucha confianza y garantía». Así que el 19 de abril entró en el quirófano «relativamente tranquilo», lo tranquilo que se puede ir cuando se sabe que a uno, para empezar, le van a cortar el esternón para poder sustituirle la válvula.

«Mi ironman fue estar en la UCI tras la operación. Pensaba 'la meta está cada vez más cerca'»

Tras ser intervenido por Alberto Sáenz, Iñaki despertó en la UCI, lleno de tubos y cables, «con la sensación de que te ha pasado un camión por encima. No podía dormir. Siempre digo que el triatlón lo hice en la UVI, porque pensaba, conforme pasaba el tiempo, 'la meta está más cerca'». Fue su particular ironman psicológica.

Al día siguiente ya estaba planta. «Te empiezan a quitar cables y tubos y te sientes más aliviado. Aunque parezca increíble, a la semana estaba paseando por La Concha». En su caso, es probable que su buena forma física haya contribuido a una rápida recuperación.

La operación había salido a pedir de boca, pero el proceso no había finalizado: quedaba la recuperación. «He ido a rehabilitación en Policlínica, donde pedaleas en bici estática, haces ejercicio con balón medicinal... Todo eso lo haces en grupo con gente que ha pasado por cosas parecidas a la tuya, y la verdad es que lo he pasado en grande. La experiencia ha sido muy buena», afirma. Y no solo por compartir tiempo con otros afectados por enfermedades cardiacas, sino porque te da «mucha seguridad. Te controlan todo el rato las pulsaciones y la enfermera te va cogiendo la tensión, y eso te da mucha seguridad. Sabes dónde está el límite. Porque yo siempre he tenido la duda de hasta dónde llegar, si me estaré pasando o no...».

Los médicos le han dicho que se olvide de la competición, «que lo que tengo que hacer es deporte enfocado a la salud. Pero no me han quitado lo del tándem, así que estoy feliz». Dice que una bicicleta individual es como un coche a gasolina, «y la tándem diesel. Me han dicho que no tengo que pasar de las 150 pulsaciones, y con la tándem lo controlo bastante bien».

Los síntomas de la enfermedad ya son página pasada para Iñaki, que ha vuelto a trabajar y se siente «mejor que antes, he salido reforzado. Tengo muchas ganas e ilusión de vivir el momento». Y también el futuro próximo. En julio iniciará un año sabático que Iñaki y Garbiñe vivirán sobre la tándem que acaban de estrenar y que se desmonta en tres partes. «Vamos con solo billete de ida». Hasta diciembre tienen previsto pedalear por países como Japón, Taiwan, China, Vietnam, Laos... Y de diciembre a julio su intención es recorrer Sudamérica de norte a sur, hasta Ushuaia.

Ahora están ilusionados con los preparativos del gran viaje mientras, a buen seguro, en su cabeza suena el 'Don´t worry, be happy' de Bobby McFerrin. «Se lo suelo poner a mis alumnos. Ahora me toca aplicármelo a mí».

Más