«A mí no me gustan los toros»

«A mí no me gustan los toros»
CHAPU APAOLAZAPortavoz de la Fundación Toro de Lidia

Si sale uno a la calle y pregunta por la vigencia de la tauromaquia, recibirá un abanico que va desde el que la aborrece -«A mí no me gustan los toros»-, y por lo tanto quiere prohibirla, hasta el que la adora y por lo tanto la defiende. Por medio están cien millones de grises, desde el que adora «el toro en el campo», al que disfruta «hasta las banderillas», el que no la critica «por respeto al abuelo» y aquel que tiene una cuñada con un abono en el ocho. El gusto es la manera más abyecta e inmadura de acercarse a un debate sobre cualquier libertad. Nadie se plantea su gusto político para entender que existan partidos a los que no vota. Nadie necesita creer en Alá para comprender la libertad religiosa. Nadie comenta si besó a una persona del mismo sexo para defender la libertad sexual.

Más allá de Lorca, de los 200.000 empleos, del patrimonio cultural y ecológico, sobre las tauromaquias convendría preguntarse si el pueblo tiene derecho a hacer lo que hace. En primer lugar, si tiene derecho a disponer de las condiciones de vida y de muerte del animal para un disfrute que no implica su supervivencia a corto plazo, 'superfluo' como lo son todas las artes, como la literatura, como la pintura, incluso como la gastronomía desde que la ciencia demostró que podríamos vivir sin proteínas animales. Los toros 'sufren' en la medida que sufren los 700 millones de animales que consumimos en España en cinturones, zapatos y albóndigas. De ahí que hayan comenzado ya los escraches en restaurantes y carnicerías. El Pacma va en contra de las tauromaquias, pero también del consumo de carne animal, de la equitación y de la experimentación con animales sin las que no se podría soñar con vencer al cáncer.

La segunda parte del debate incluye hacer un espectáculo que conlleva la muerte de un animal. «Es que tú lo ves», dicen, y pretenden volver al debate carpetovetónico de lo que se puede ver. Los desnudos en los museos, las novelas con violencia, los rombos en las películas... ¿Quién va a decir de nuevo lo que se puede ver en este país y lo que no? ¿El Pacma?