Un laboratorio adosado al caserío

Un laboratorio adosado al caserío

La producción de alimentos más ricos y saludables, la prevención de plagas y enfermedades y el cuidado del medio ambiente marcan la agenda de Neiker

GAIZKA OLEA

Huertas, invernaderos, retoños... y laboratorios dotados de las últimas tecnologías. Así son las instalaciones en Arkaute de Neiker, un centro de investigación agraria que pretende poner al día el viejo oficio del baserritarra y el ganadero con el fin de hacer frente a los múltiples retos que se avecinan, desde la competencia brutal en el mundo de la producción alimentaria hasta el cambio climático, ese fenómeno imparable que amenaza con modificar las reglas de juego con las que se han batido durante siglos quienes viven apegados a la tierra.

Neiker, según explica su directora, Leire Barañano, se encarga de examinar el horizonte «para descubrir problemas y oportunidades» y a «transferir los resultados» de esa investigación para que los productores aprovechen el conocimiento adquirido. Y eso, que dicho así suena tan aséptico como la bata de un técnico de laboratorio, se traduce en una filosofía bastante más comprensible: «Conseguir productos más ricos pero también más saludables, con menos grasas y menos aditivos».

Pero, ¿cómo se consigue esto? Barañano ofrece algunas recetas, que pasan por la consecución de alimentos más naturales, emplear menos fertilizantes y disminuir la medicación en los animales. «Sabemos que el uso de antibiótico cero no existe, la cuestión es que la ganadería no pierda rendimiento, conseguir carnes igual de ricas buscando los medios para que sufran menos enfermedades».

Neiker vendría a ser, a ojos de un profano, un laboratorio de altísimo nivel adosado a la explotación agrícola, con el fin de controlar la cadena de valor alimentaria, desde que se produce hasta que se consume, y para ello es preciso elaborar «proyectos de I+D pegados al sector productivo».

De siempre, pero nuevo

En esa línea van las aportaciones como la viticultura de precisión, una herramienta que suma al conocimiento y la experiencia tradicionales recursos tecnológicos, incluidas apps, que contribuyen a prevenir las enfermedades y a reducir hasta un 50% el uso de fitosanitarios en los viñedos. La prevención se convierte así en una herramienta básica para localizar y combatir los males, con ahorros cercanos al 30% en la lucha contra el mildiu o el 90% en el caso del oidio.

Las aportaciones de este centro tecnológico en el campo de las patatas, creando variedades con alto contenido en antioxidantes y un aspecto más atractivo para el consumidor, o en el del queso Idiazabal, en el que consiguen productos con ácidos grasos más saludables gracias a la alimentación de las ovejas con tortas de colza, son un ejemplo de las líneas de trabajo de la institución, cuyos dos grandes centros se ubican en Arkaute y Derio.

En el caso de la ganadería, Neiker ha favorecido la implantación de sensores que, midiendo la temperatura y los movimientos de las reses, permiten detectar posibles enfermedades y, como en el caso de la agricultura, una detección temprana favorece una cura menos agresiva de los individuos enfermos.

En una apuesta sin vuelta atrás por un mejor aprovechamiento del medio y los recursos, Neiker habla de bioeconomía circular, que busca un aprovechamiento de los excedentes (sector en el que los países del norte de Europa nos llevan mucha ventaja), como los excrementos o la lana de las ovejas que, al contrario de lo que se supone, es pésima para el sector textil y no puede abandonarse como un residuo inocuo pero resulta, sin embargo, excelente para fabricar bioaislantes.

Microalgas y manzanas

Pero también el aprovechamiento de microalgas para producir combustibles o productos químicos y agrícolas. «Tratamos de conseguir –explica Barañano– que sirvan además para sustituir en la alimentación del ganado a productos que se encarecen, como la soja, o que resultan menos convenientes para el medio ambiente».

La recuperación de variedades locales que resistían en caseríos o huertas como maíz o manzanos (con más de 100 diferentes tipos identificados) y la apuesta por la plantación en Berantevilla (Álava) de lúpulo para la elaboración de cerveza son algunas de las experiencias que desarrolla Neiker.

«Resistir a los transgénicos es una apuesta estratégica»

El pimiento de Gernika, esa joya verde de nuestra gastronomía y nuestra cultura, sirve de ejemplo a Leire Barañano para explicar la acción de Neiker. Esta hortaliza, explica, «sufre ahora enfermedades que no padecía hace 30 años». La mejora genética («el cruce de superespecies, como se hacía antaño») sería la solución a los problemas. «El I+D juega un papel relevante a la hora de evitar enfermedades mediante métodos de multiplicación natural». Pero ojo, mejora genética no es modificación genética, algo prohibido en Euskadi. «Resistir a los transgénicos es una apuesta estratégica. No hay pruebas de que afecten a la salud, pero tampoco está demostrado que resulten inocuos. Y, en cambio, sabemos que alteran el ecosistema». «Nuestro sector productivo destaca más por su calidad que por su cantidad y el consumidor está mirando por lo cercano, que el dinero se quede en la zona, pero ya no le vale cualquier cosa. Como dijo alguien, de lunes a viernes los vascos nos alimentamos, mientras que el fin de semana jugamos a la gastronomía», resume Barañano.