El BCE busca a su nuevo Mario Draghi

Mario Draghi. /Reuters
Mario Draghi. / Reuters

Al italiano le queda ahora un año de un mandato histórico con la duda de si al final subirá los tipos antes de irse

ADOLFO LORENTE

Siete años después, la llama de Mario Draghi comienza a apagarse. Se va. El adiós ya está escrito. Será el 31 de octubre de 2019, dentro de 361 días. Tictac, tictac. Cuando comienza a hablarse de días en lugar de años, el final está mucho más cerca de lo que se piensa. Se va el carisma, el verbo que supo domesticar los mercados, el líder que dio un paso al frente cuando la 'grande politique' desertó en el peor momento, allá por 2012. Se busca presidente para el todopoderoso Banco Central Europeo. Absténganse candidatos carentes de ambición, el listón está demasiado alto.

Su relevo será, sin duda, el cambio más traumático que ha afrontado la institución en su dos décadas de historia. La 'draghidependencia' es droga dura. Tipos al histórico 0%; compras de deuda pública y corporativa que suman más de 2,5 billones de euros en los últimos tres años; barras libres de liquidez (TLTRO) como si no hubiera un mañana; tasas de facilidad de depósito para los bancos penalizadas al -0,4%... El italiano ha cincelado el BCE más expansionista, el menos ortodoxo y, sí, también el menos alemán. Y todo con el aval del Tribunal de Justicia de la UE, donde decenas de economistas germanos decidieron acudir escandalizados por la religión del 'whatever it takes', ese histórico «El BCE hará todo lo posible para preservar el euro y, créanme, será suficiente» que pronunció el 26 de julio en Londres. Su palabra bastó para sanar demasiadas cosas.

Draghi llegó a Fráncfort el 1 de noviembre de 2011 en sustitución del francés Jean-Claude Trichet. Lo hizo, paradójicamente, bendecido por Berlín. «El más italiano de los alemanes», rezaban las portadas de entonces. Luego derivaron en fotos del italiano encendiéndose un puro quemando un billete de 500 euros. Nunca lo ha dudado: «Alemania es muy importante (30% del PIB), pero la Eurozona está formada por 19 países y nosotros debemos velar por el interés del conjunto de todos», insiste.

Llegó, vio y, a las 48 horas, bajó el precio del dinero al 1,25%. Justo lo contrario que había hecho Trichet los meses precedentes. Fue el comienzo de todo. Volvió a bajarlos al 1% a finales de 2011, al 0,75% en julio de 2012, al 0,5% en mayo de 2013, al 0,25% en noviembre de 2013, al 0,15% en junio de 2014, al 0,05% en septiembre de 2014 y al 0% el 10 de marzo de 2016. Desde entonces, nada ha cambiado y, en teoría, nada se modificará hasta finales del próximo año.

De Guindos espera pareja

Los 'beceólogos' aconsejan armarse de paciencia. Hay una fecha clave: el 31 de octubre de 2019. ¿Se marchará entonces Draghi sin subir los tipos de interés? ¿Ni siquiera una vez en ocho años? Decía Paul Volcker, el presidente de la Reserva Federal estadounidense de 1979 a 1987, que un banquero central sólo lo es realmente cuando sube los tipos. El italiano, según esta teoría, sigue sin serlo.

Todas las miradas están puestas en su sucesor... O sucesora, ojo, aunque en el capítulo de género sólo aparece como presidenciable la francesa Christine Lagarde. La directora gerente del FMI acaba su mandato en 2021 y Europa podría tenerle reservado un cargo de relumbrón. ¿Cuál? Quizá el BCE. La música de candidatos ha comenzado y Luis de Guindos, que accedió a la vicepresidencia hace cinco meses, espera pareja de baile en Fráncfort. Sobre el papel, el exministro podría aspirar a la presidencia, pero España y su caché internacional no están para demasiados trotes.

Quizá suene facilón, pero el futuro presidente del BCE será el que decida el eje Berlín-París, la dupla Merkel-Macron. ¿Será Jens Weidmann, el presidente del Bundesbank, el halcón de los halcones? Hace unos meses, su candidatura era la gran favorita, pero ha ido perdiendo fuelle con el paso del tiempo. Alemania jamás ha ostentado la presidencia en los 20 años de andadura del BCE; Francia, Países Bajos e Italia, sí. Como argumento, parece infalible. Sin embargo, la 'beceología' está plagada de leyendas urbanas, como el equilibrio norte-sur en lo referido a la presidencia y la vicepresidencia.

El primer presidente fue el neerlandés Wim Duisenberg, y su número dos el francés Christian Noyer. ¿Norte-Sur? El segundo mandatario fue el francés Trichet, y su vicepresidente el griego Lucas Papademos. ¿Norte-Sur? El tercero, el italiano Draghi, tuvo como mano derecha al portugués Vitor Constancio durante seis años y medio. ¿Norte-sur? No. Lo dicho, demasiada literatura.

En la terna de candidatos suenan tres franceses. Además de Lagarde, destaca sobre todo François Villeroy de Galhau, el presidente del Banco de Francia. Sin embargo, Benoît Coeuré, actual integrante del comité ejecutivo de la institución, está ganando muchos enteros. En este caso el hecho de formar parte del actual sanedrín (formado por seis personas), y de que los mandatos de ocho años son improrrogables (el suyo acaba en 2020), obligaría a buscar recovecos legales para encajarle.

Más nombres. Klaas Knot, el actual presidente del Banco de Holanda, sería un magnífico 'plan B' a ojos alemanes en caso de no poder colocar a Weidmann. Es otro de los halcones de manual. Su gran obstáculo es, precisamente, su nacionalidad. Los Países Bajos ya han tenido a uno de los tres presidentes del BCE y el euro, nunca hay que olvidarlo, está formado por 19 socios.

Si se trata de apostar, hacerlo por los llamados 'pequeños' no es mal negocio. Dos opciones. Philip Lane, el gobernador del Banco de Irlanda. Extremadamente culto y formado, fue quien compitió con Luis de Guindos para la vicepresidencia. No tenía nada que hacer, ahí mandaba la política. El cargo era para España. Otro aspirante es Olli Rehn, el gobernador del Banco de Finlandia. Sí, el mismo Rehn en el que está pensando. El comisario europeo que gestionó la era de los rescates, entre ellos el de España. ¿Se imaginan una dupla Rehn-De Guindos? El destino, a veces, resulta demasiado caprichoso.

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