Euskaltel, del pacto entre Ibarretxe y Mayor Oreja a más que triplicar su valor

Ardanza, entonces presidente de la compañía, despide al equipo ciclista que parte al Tour en 2009./
Ardanza, entonces presidente de la compañía, despide al equipo ciclista que parte al Tour en 2009.

Cada euro invertido por los fondos en la firma vasca en 2012 se ha convertido en 3,5 con la salida a Bolsa

MANU ALVAREZSAN SEBASTIÁN.

Fue una tarde de primavera, a finales del mes de abril de 1996, cuando el entonces vicelehendakari Juan José Ibarretxe alcanzó un «aceptamos» de su interlocutor, Jaime Mayor Oreja. Con aquel principio de acuerdo que se fraguó en Burgos -Ibarretxe cogía aquella noche el Talgo pendular hacia París desde la ciudad castellana-, los cinco parlamentarios que el PNV tenía en el Congreso darían unos días más tarde su respaldo a la primera investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno. A cambio de aquellos votos -«lo que conseguimos por cinco votos...», reconocería años más tarde el entonces presidente del PNV, Xabier Arzalluz-, los populares se comprometían a ceder a las diputaciones forales la recaudación de los impuestos especiales -alcohol, tabaco, hidrocarburos, matriculación, ...-, así como la capacidad de legislar en el impuesto más importante: el IRPF. Pero el paquete de concesiones tenía también el compromiso para que el Gobierno Vasco pudiera impulsar la creación de una compañía telefónica. 'Qué cosas más raras piden los vascos', debió de pensar Aznar, que no cabía en sí de gozo al tener los votos de los nacionalistas -también los de CiU- en su llegada a la Moncloa. Allí nació en realidad Euskaltel, una compañía de telecomunicaciones marcada por la política desde su origen.

El PNV siempre se ha distinguido al frente de la Administración vasca por hacer apuestas innovadoras, arriesgadas pero de vanguardia, en materia económica y empresarial, aunque con éxito desigual. De esa inquietud nació la obsesión de llevar el gas natural hasta el lugar más recóndito de Euskadi, la creación de los parques tecnológicos, la apuesta por la industria aeronáutica con importantes ayudas a Gamesa -hoy Aernnova- y también las telecomunicaciones. Bien es verdad que ese empuje ha generado también fiascos notables como el de Epsilon, Hiriko o la nonata fábrica de automóviles de Amorebieta. A principios de la década de los 90, el gabinete nacionalista había hecho una apuesta decidida, de la mano de British Telecom, para construir una red propia de telecomunicaciones de fibra óptica que uniese todos sus centros operativos, los de la Ertzaintza y también los de Euskal Irrati Telebista. En parte porque no se fiaban de que sus comunicaciones pasasen por el hilo de Telefónica y también porque consideraban que la fibra era el futuro, el Ejecutivo había decidido abrir zanjas. Cuando tan solo unos años más tarde el Ejecutivo central decidió poner fin al monopolio de Telefónica, los jeltzales lo tuvieron claro: había que crear una compañía vasca que forzase la competencia. Aznar medió -digamos que dio la orden- a la recién creada Retevisión, impulsada por Endesa, para que no actuase en el País Vasco y cediese su licencia a Euskaltel hasta que fuera posible -tal y como sucedería años más tarde- que la firma vasca accediese a una licencia propia.

Partir de la nada

En unas oficinas espartanas del Parque Tecnológico de Zamudio, con aspecto de palomar, un grupo de entusiastas técnicos, economistas y abogados, capitaneados por dos exaltos cargos del Gobierno, el exconsejero de Hacienda José Luis Larrea y el exviceconsejero Carlos Lambarri -en la actualidad uno de los principales ejecutivos de Telecom Italia-, comenzaron a construir desde la nada una empresa que siempre ha estado rodeada de mitos y leyendas urbanas, una parte de ellas radicalmente falsas. Una, la más extendida, la idea de que ha sido una empresa pública, si por tal se tiene el hecho de que el capital público haya sido mayoritario. Y lo cierto es que el Gobierno Vasco jamás ha tenido más de un 10% de las acciones de la firma, aunque fueron las cajas de ahorros y ahora Kutxabank quienes han hecho siempre de correa de transmisión entre el poder político -digamos el PNV, para ser más claros- y la operadora. Entre los accionistas que se sumaron al nacimiento de la compañía, además de Telecom Italia, estuvieron Endesa, el Grupo Mondragón e Iberdrola. La eléctrica presidida por Galán, saldrá de su accionariado el próximo miércoles.

Otra de las leyendas urbanas que ha rodeado a la empresa es una supuesta vida artificial, amamantada por los poderes públicos vascos que actuaban como principales clientes. Igualmente falso. El dinero público que entra en Euskaltel -considerada incluso la facturación a Kutxabank y CajaSur- apenas alcanza el 10% de los 320 millones de euros que ingresa anualmente por todos sus servicios.

En los primeros compases del desmontaje del monopolio del sector en España, la todopoderosa Telefónica se tomó un poco a broma el caso Euskaltel. Fue precisamente el excesivo padrinazgo político con el que había surgido lo que hizo pensar a Juan Villalonga y su equipo que la contumaz aventura del PNV apenas tendría recorrido. Cuando quisieron reaccionar, a finales de 1998, fue demasiado tarde, habían perdido ya el 25% de la cuota de mercado en Euskadi -cuatro veces más que en cualquier otra zona de España- y el deterioro no parecía tener fin. En su desesperación, Villalonga intentó 'euskaldunizar' un poco su empresa y recurrió para ello a un hermano del vicelehendakari Jon Azua -con quien había compartido estudios de postgrado en el IESE-, al que trató de poner al frente de la dirección regional en el País Vasco. Cualquier cosa con tal de ganarse el favor del PNV, a quienes llegó a trasladar incluso la oferta de adquirir Euskaltel. Pero cuando el movimiento de ajedrez llegó a oídos de Jaime Mayor Oreja, entonces ministro de Interior, se deshizo como un azucarillo. «Juan, ¿te has vuelto loco? -le espetó entonces Mayor Oreja en una conversación telefónica-. Ni se te ocurra hacer ese nombramiento». Y Telefónica -¿por qué la política influye tanto en las operadoras de telecomunicaciones?- ... puso fin a la ocurrencia. Iñaki Azua, que ya había aceptado el cargo, fue recompensado con un contrato como asesor externo durante algún tiempo. Y la sangría continuó hasta que Euskaltel consiguió cotas de mercado que se sitúan en el entorno del 45% en la telefonía fija y del 30% en la móvil. La 'marea naranja' que se veía en las etapas del Tour de Francia, en realidad, no era sino un reflejo visual de lo que pasaba en el mercado vasco de la telefonía y el acceso a internet.

La influencia del PNV en la empresa -sus dirigentes siempre la han considerado como una especie de retoño nacido en el seno de la formación jeltzale- ha sido permanente. Aún hoy lo es y la última prueba ha sido la decisión del equipo directivo de plegar velas y reinvertir todo su millonario bonus en acciones de la compañía, después de que el portavoz del Gobierno Vasco y el propio EBB telegrafiasen que ese premio excesivo -46,8 millones repartidos entre 25 personas- estaba muy mal visto, dentro de eso que se llama «la empresa vasca comprometida». Nadie puede extrañarse de la no menos excesiva vinculación de la compañía al PNV. Un ex burukide, Francisco Allende, fue situado como secretario del consejo y mano derecha del presidente. Fue también un dirigente del partido quien un día llamó al entonces presidente de la empresa, José Luis Larrea, para anunciarle que «habían decidido» que tenía que dejar paso, porque el puesto lo iba a ocupar el ya exlehendakari José Antonio Ardanza, por ejemplo. Y ello pese a que la gestión de Ardanza como máximo responsable de la operadora fue todo un éxito, porque consiguió mantener un equilibrio armónico entre los socios, engrasó las relaciones con la Administración central y la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones y, sobre todo, porque actuó como un muro de contención para permitir que los directivos de la operadora realizasen un trabajo profesional. «Si no das un buen servicio no hay respaldo político que te salve», fue el mensaje que el propio Ardanza transmitió a sus colaboradores en Euskaltel para dejarles claro que había que competir y que el producto debía ser no bueno, «sino el mejor». Y lo cierto es que, leyendas urbanas al margen, Euskaltel es un magnífico competidor con un servicio que nada tiene que envidiar a las multinacionales.

En julio de 2010 la operadora vasca recibió un mazazo. Un arbitraje internacional estableció que debía pagar una indemnización de 220 millones de euros a France Telecom -Orange-, por haber incumplido una cláusula de un contrato. Muchos creyeron que estaba herida de muerte pero, afortunadamente para la compañía, la multa llegó en un momento en que la empresa ya era muy rentable -había alcanzado una velocidad de crucero en el entorno de los 40 millones de euros anuales de beneficio neto- y con un accionariado persuadido de que era más un «proyecto de país» que cualquier otra cosa. En 2012, sin embargo, Kutxabank decidió comenzar a soltar lastre porque su posición de control absoluto sobre la operadora castigaba su balance -el Banco de España ya había dado orden de deshacer al máximo las participaciones industriales-, los accionistas que habían acompañado el nacimiento -Mondragón, Endesa, ...- no querían seguir y se impuso la búsqueda de nuevos accionistas. El PSE -¿quién dijo que sólo el PNV ha apoyado a esta empresa?- puso su granito de arena. En realidad, más que un granito fue una roca, cuando el gabinete de Patxi López decidió venderle la red troncal propiedad del Ejecutivo que hasta entonces había usado en régimen de alquiler por el precio de 68 millones de euros. Allí comenzó a gestarse el gran 'pelotazo' que se sustanciará la semana que está a punto de comenzar, con la salida a Bolsa el miércoles, 1 de julio.

Los hijos de Lehman

A finales de 2012 entraron en el accionariado de Euskaltel -al mismo tiempo que salían Endesa, Mondragón, el propio Gobierno Vasco y Kutxabank se desprendía de una parte de sus títulos, aunque permanecería como mayoritario con el 49,99%-, los fondos Trilantic e Investindustrial, tras abonar unos 200 millones de euros. Dos fondos cuyos socios y equipos directivos están copados por antiguos ejecutivos de Lehman Brothers y cuya única misión en la vida es generar dinero y... crisis mundiales. ¿A cualquier precio? Sí, siempre que el dinero que se recoja sea mayor que el que se ha puesto al principio. Euskaltel tan solo era un vehículo, ellos no entienden de «proyectos de país», ni siquiera de empresas, porque la única palabra que comprenden -y no engañan a nadie, porque jamás lo esconden-, es «plusvalía». Pura y dura.

¿Qué ha cambiado desde finales de 2012 para que una empresa que entonces fue valorada en 400 millones ahora lo sea entre 1.100 y 1.400, justo unos minutos antes de salir a Bolsa? Pues lo cierto es que en la firma más bien nada o muy pocas cosas. Es cierto que se ha consolidado el negocio, que se mantenía la rentabilidad hasta permitir un razonable descenso del endeudamiento, que Euskaltel ha firmado un acuerdo con Orange para ofertar servicios de 4G en telefonía móvil y que tiene proyectos de expansión -de momento, meros castillos en el aire- en Asturias y Galicia.

Y es que lo que ha cambiado en estos tres años, hasta multiplicar por tres el valor de la compañía, no ha sido ella sino el entorno. La fase dura de la crisis ha quedado atrás, el consumo remonta, se ha producido una concentración en el sector -cada día hay menos competencia- que hace prever un aumento de tarifas que ya ha comenzado a sentirse y, sobre todo, se han generado movimientos compradores en el entorno cercano que sirven como referencia. Las operaciones de compra de ONO por parte de Vodafone y de Jazztel a manos de Orange han disparado el multiplicador que se utiliza como referencia en el mercado financiero para valorar estas empresas. Si en 2012 este valor -que incluye la deuda financiera neta- se situaba en apenas tres veces el Ebitda de la compañía, ahora parece rozar el doble dígito hasta llegar a diez. La confirmación ha llegado este pasado martes, cuando se ha fijado el precio definitivo de la acción, 9,50 euros. Los fondos que entraron en el accionariado arriesgaron 200 millones hace tan solo dos años y medio y van llevarse de la operación unos 700 millones. Estos es, 3,5 euros por cada euro que invirtieron. Semejante 'pelotazo' -tamaño balón de playa- ¿merece una compensación de 46,8 millones de euros a los directivos? Pues... siguen saliéndoles las cuentas para irse a celebrarlo por todo lo alto esta semana que está a punto de comenzar.

 

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