Negro y familiar

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO

Se hace raro, como poco, abordar la crítica de dos capítulos de una serie de televisión compuesta de seis como si se tratara de un largometraje más de la Sección Oficial. Pero eso es lo que presenta el festival. Aunque se ofrecía como complemento el pase alternativo de la serie completa en otro cine complementario, lo que ocupó una sesión de horario estelar en el Kursaal 1, fueron esos dos primeros capítulos, fuera de concurso. Sirva esta práctica que se repite (el año pasado fue 'La peste') para certificar que hay que darle dos vueltas a la relación de las series con los festivales de cine, que este no parece ser el hueco ni la fórmula adecuados. Y así lo debe entender un público que ayer alcanzaba solo un tercio del aforo del Kursaal en un horario habitualmente muy goloso.

Dicho lo cual, 'Gigantes' parece inscribirse en la línea de los thrillers enraizados en la España contemporánea del negocio sucio y las prácticas en los márgenes de la ley que tanto y tan merecido prestigio han dado a Enrique Urbizu. José Coronado contribuye a ese hilo continuista, aunque la ambientación y el estilo son distintos. Aquí el enfrentamiento es entre una familia de payos que esconde la droga que mueve entre muebles viejos y otra de gitanos, aunque para el segundo capítulo el tiempo y el campo de acción ya varían. El producto no esconde su naturaleza televisiva: los diálogos llevan la voz cantante, y la puesta en escena se supedita a ellos, hasta que llegan los momentos estelares de cada capítulo, con la solvencia acostumbrada de Urbizu, aunque menos punch que en sus filmes. Con cierto exceso de solemnidad y guiños a la iconografía del western, 'Gigantes' apunta a tragedia negra familiar de aliento clásico.

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