Judi Dench llega al Zinemaldia para recibir su Premio Donostia

Judi Dench a su llegada al Maria Cristina. / A. Múgica

Dama, reina o cualquier otra distinción casan bien con una actriz forjada en la tradición británica de Shakespeare a James Bond, plenamente activa a sus 83 años

RICARDO ALDARONDO

Judi Dench, la gran dama del cine británico ha llegado este mediodía a la capital guipuzcoana donde esta tarde recibirá el Premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián. El director Alexander Payne, presidente del jurado de la Sección Oficial, será el encargado de entregar el galardón a la actriz.

La actriz británica, que ha llegado unos minutos antes de lo previsto, a las 11.3o h, ha sido recibida por José Luis Rebordinos ante los fotógrafos, periodistas y un pequeño grupo de fans que se ha quedado maravillado con su amabilidad. «Nos ha firmado autógrafos, se ha hecho fotos con nosotros y ha atendido a todos», comentaba uno de ellos, Iker. A su lado, una veterana con 28 años a sus espaldas recibiendo a los famosos que llegan al Zinemaldia, Amaia, destacaba lo emocionada que estaba Judi Dench: «se le ha escapado alguna lágrima, no se esperaba un recibimiento así». Durante el photocall que ha tenido lugar en las terrazas del Kursaal, la actriz ha pedido que se le fotografiara sin flash por un problema en los ojos.

Dench es la gran protagonista de la jornada en el Festival de Cine de San Sebastián. El hecho de haber ejercido varias veces de reina, y en concreto de haber encarnado en dos ocasiones a la reina Victoria, no es lo único que le emparenta con la realeza. Si entendemos como tal la elegancia, la majestad y la soberanía, Judi Dench cumple todos los requisitos. Entregarle el premio Donostia supone el reconocimiento a otro puntal en esa estirpe de grandes actrices británicas que ahora están en la madurez, desde Vanessa Redgrave, que ya tuvo su Donostia en 1999 a Helen Mirren o Maggie Smith. Esas mujeres infalibles que despliegan dignidad y precisión en cualquier papel que les caiga entre manos.

Los de Judi Dench han sido jugosos. A lo mejor su mayor reto fue reconvertir en mujer el tradicional personaje masculino 'M' de la saga James Bond, cometido que asumió con total éxito en seis películas de la saga, desde 'GoldenEye' a 'Casino Royale'. Pero para entonces había tenido muchas horas de viaje en el lugar donde se forjan este tipo de intérpretes, la tradición del teatro y el legado de Shakespeare. Precisamente fue 'Shakespeare in Love' (1998), la película que le procuró el Oscar a la mejor actriz secundaria, aunque antes ya había estado nominada con 'Mrs. Brown' (1997). Y aún ha tenido otras cinco nominaciones, por 'Chocolat' (2000), 'Iris' (2001), 'Mrs. Henderson Presenta' (2005), 'Diario de un escándalo' (2006) y 'Philomena' (2013).

Dulce y firme, encantadora o implacable, Judi Dench tiene una amplitud de registros dirigidos por esa mirada de ojos azules que ha ganado en profundidad con los años. Sus primeras películas son de mediados de los años 60, pero durante un par de décadas estuvo más centrada en el teatro y en la televisión, así que le costó un tiempo llegar a ser un rostro reconocible, estatus que le otorgó por fin el Oscar.

Pero para entonces ya había participado en algunos de los más destacados títulos del refinado cine inglés del momento, como 'Una habitación con vistas' (1985) de James Ivory o 'Un puñado de polvo' (1987) de Charles Sturridge, el director de 'Retorno a Brideshead'. Combinó ese cine clasicista de época con proyectos más experimentales de directores como Derek Jarman en 'The Angelic Conversation'.

Su conocimiento de Shakespeare lo volcó en el cine con otro forofo del escritor, Kenneth Branagh, que le dirigió en 'Enrique V' (1989) y 'Hamlet' (1996). En esa época encarnó por primera vez a la reina Victoria en 'Su majestad, Mrs. Brown' (1997) y retornó recientemente al personaje en 'La reina Victoria y Abdul' (2017).

José Luis Rebordinos recibe a Judi Dench a las puertas del Maria Cristina.
José Luis Rebordinos recibe a Judi Dench a las puertas del Maria Cristina. / A. Múgica

Prestigio y popularidad

Desde entonces su carrera no ha conocido altibajos y ha sido requerida por muchos de los más prestigiosos directores, desde Franco Zeffirelli en 'Té con Mussolini' (1999) a Clint Eastwood en 'J. Edgar' (2011), Stephen Frears en 'Mrs. Henderson presenta' (2005) y 'Philomena' (2013), Lasse Hallstrom en 'Chocolat' (2000) y 'Atando cabos' (2001), Tim Burton en 'El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares' (2016) o Sam Mendes en 'Skyfall' (2012), una de las siete películas de la saga de James Bond en que ha participado. Dentro de las franquicias del cine americano más taquillero se sumó a 'Piratas del Caribe: en mareas misteriosas' (2011) y 'Las crónicas de Riddick' (2004), así que a sus 83 años no es una figura ajena a las jóvenes generaciones. Aunque el público más maduro ha valorado especialmente la sensibilidad y buen uso de la ironía de papeles como los de las simpáticas hermanas que en su madurez se relacionan con un atractivo joven en 'La última primavera' (2004), en la que hacía un entrañable dúo de hermanas con Maggie Smith o la reunión excelsa de actores británicos de 'El exótico hotel Marigold' (2011) y su secuela. Plenamente activa, presentará en San Sebastián su nueva película 'Red Joan', en la que rescata la biografía de una espía británica, y recibirá el Premio Donostia en una ceremonia en el Kursaal a partir de las 19:30 horas.

Red Joan (La espía roja)

Es el año 2000 y Joan Stanley disfruta de su retiro en un barrio residencial durante el cambio de milenio. Su apacible vida se ve súbitamente trastornada cuando es arrestada por el MI5, acusada de proporcionar información a la Rusia comunista. Pasamos a 1938, cuando Joan es una estudiante de física en Cambridge que se enamora del joven comunista Leo Galich y, a través de él, comienza a ver el mundo de un modo diferente. Trabajando en unas instalaciones de alto secreto dedicadas a la investigación nuclear durante la Segunda Guerra Mundial, Joan llega a la conclusión de que el mundo está al borde de una destrucción garantizada. Al enfrentarse a una pregunta imposible -¿qué precio pagarías por la paz?- Joan debe elegir entre traicionar a su país y a sus seres queridos o salvarlos.

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