San Telmo custodiará y difundirá el legado fotográfico de Antton Elizegi

Antton Elizegi, en el centro, posa ante el Museo San Telmo acompañado por su familia y, a la izquierda de la misma, Susana Soto, Jaime Otamendi y María José Aranzasti./USOZ
Antton Elizegi, en el centro, posa ante el Museo San Telmo acompañado por su familia y, a la izquierda de la misma, Susana Soto, Jaime Otamendi y María José Aranzasti. / USOZ

El fotógrafo, que ha documentado más de medio siglo de la historia y la evolución de Gipuzkoa, ha donado a esa institución un fondo que consta de más de 45.000 archivos

Nerea Azurmendi
NEREA AZURMENDISan Sebastián

Los fondos fotográficos del Museo San Telmo se siguen enriqueciendo en cantidad y calidad, y vuelven a dar un salto, tanto cuantitativo como cualitativo, con la incorporación del legado del fotógrafo Antton Elizegi Beloki (Lasarte-Oria, 1938), que esta mañana ha formalizado la donación al museo donostiarra de más de 45.000 archivos, entre los que se encuentran diapositivas, negativos, fotografías en papel, maquetas de sus libros y cuadernos con sus anotaciones.

San Telmo, por su parte, se ha comprometido a «registrar y catalogar todo el fondo para su adecuada conservación y difusión», así como a «poner en marcha un plan de digitalización de la colección», a «difundirla a través de su página web y su catálogo de colecciones» y a organizar en 2020 una exposición comisariada por la historiadora del arte María José Aranzasti, que ha trabajado codo con codo con el propio Elizegi en el proceso que ha conducido finalmente a la donación al museo dependiente de Donostia Kultura de un legado que constituye un retrato plural, comprometido y artístico de la evolución de Gipuzkoa entre 1961 y 2013.

«Sustanciales para nuestro patrimonio»

La directora de San Telmo, Susana Soto, además de recordar la reciente incorporación a las colecciones del mismo del Fondo Koch, integrado por los archivos de Sigfrido Koch Bengoetxea y Sigfrido Koch Arruti, ha subrayado el valor documental del trabajo de Elizegi, ya que su obra «recoge muchos y variados aspectos -ferrerías, caseríos, paisajes, artistas...- que muestran la evolución de Gipuzkoa desde los años 60 del siglo pasado y, en muchos casos, forman parte de nuestro imaginario y han formado parte de nuestras vidas». Todas las colecciones fotográficas que se van incorporando a los fondos de San Telmo son, según Soto, «sustanciales para nuestro patrimonio porque representan a la sociedad vasca en distintos períodos».

Elizegi, que pese a su extensa y reconocida obra no se ha dedicado profesionalmente a la fotografía, ha desarrollado su carrera fotográfica de un modo que el director gerente de Donostia Kultura, Jaime Otamendi, ha comparado con la elaboración de una 'meta' de hierba, una estructura de apariencia sencilla pero complicada de elaborar. «Hacer bien una 'meta' capa a capa es un arte. Eso es lo que ha hecho Elizegi: ir apilando nuestro patrimonio foto a foto» y construyendo una colección «muy importante de cara al futuro».

María José Aranzasti, Jaime Otamendi, Antton Elizegi y Susana Soto, en el momento de la firma.
María José Aranzasti, Jaime Otamendi, Antton Elizegi y Susana Soto, en el momento de la firma. / USOZ

María José Aranzasti, por su parte, ha hecho hincapié en la voluntad artística de Elizegi, que se inició en el conocimiento de la fotografía a los 15 años en el laboratorio fotográfico de la empresa Laborde Hermanos de Andoain y, entre 1955 y 1962, cursó estudios de Humanidades, Filosofía y Teología en el seminario de San Sebastián.

«Desde su primera fotografía 'Mi hermana Malú' el 17 de junio 1954 realizada con el cajón Kodak de su padre, no ha dejado de utilizar este medio de expresión, no sólo desde el punto de vista artístico sino también del etnográfico, paisajístico, o plasmando retazos de la realidad, momentos robados al tiempo que quedan fijados para siempre o dejándose llevar por experimentaciones diversas por las que el autor se atreve a indagar y buscar otras posibilidades artísticas de representación», ha escrito Aranzasti acerca de Antton Elizegi.

Además de poner el acento en ese aspecto del trabajo del fotógrado lasartearra, cuyo estilo se forja sobre todo «a partir de los años 70, con esos blancos y negros tan contrastados», ha recordado que su obra se ha estructurado en series temáticas que, por su variedad, abarcan muchísimos aspectos de la realidad guipuzcoana, tanto desde el punto de vista paisajístico como etnográfico o cultural.

«Poemas fotográficos»

Entre esas series hay algunas dedicadas a pintores y escultores guipuzcoanos, o realizadas en colaboración con los mismos, como la serie 'Txorimaloak/Espantapájaros' que a partir de la década de los 70 realizó en Alkiza con Juan Luis Goenaga. «De un encuentro fortuito de una cabeza esculpida en madera en un paseo emanará toda una filosofía dentro de los demonios interiores o como los denomina el propio Antton, 'Barruko mamuak', un mundo entonces a punto de desaparecer, que es ya hoy pura añoranza», puede leerse en el texto de Aranzasti, que también destacó la estrecha relación que mantuvo Antton Elizegi con el Grupo Ur.

Otras de las muchas series en las que ha trabajado el fotógrafo lasartearra están dedicadas al txakoli, a los pueblos de Gipuzkoa, a los caseríos, al desmantelamiento de industrias que en su día fueron señeras, al friso de los apóstoles de Oteiza en Arantzazu... Sus imágenes han dado forma a un completo retrato de Gipuzkoa, que también se ha plasmado en numerosas publicaciones y exposiciones, así como en cartelería, en calendarios y otros soportes.

Una de las publicaciones más destacadas es 'Sustraietan', editada por Caja Laboral en 1975. Según Aranzasti, «es un ensayo de interpretación poética de nuestro sustrato psicológico realizado por medio de la fotografía». Son, el palabras del autor, «poemas fotográficos. Un elogio a lo nuestro y un elogio a la fotografía. Trata de expresar que también ésta, además de ser física y química, es capaz de transmitir el temblor estético y de crear poemas».

María José Aranzasti considera que «se puede definir su trabajo dentro de la 'poética retrospectiva' que se inscribe dentro de la última generación guipuzcoana anterior al desarrollo e impulso de la tecnología actual. De ahí el interés de Antton Elizegi por el paisaje rural, el árbol como elemento imprescindible y simbólico».