¿Cómo no me va a dar pena dejar un trabajo tan bonito?

Para Tomás Ruti será la última gira con la orquesta antes de su inminente jubilación, a finales de este mes./LUSA
Para Tomás Ruti será la última gira con la orquesta antes de su inminente jubilación, a finales de este mes. / LUSA

Para el fagotista Tomás Ruti, en la orquesta desde su fundación, será la última gira antes de su jubilación

I. A.SAN SEBASTIÁN.

Tomás Ruti preparará por última vez la maleta para irse de gira con la orquesta. Este veterano músico, miembro de la OSE desde su fundación en 1982, se jubila este mes, aunque esta gira la afronta «con la misma ilusión y preocupación que las demás», asegura. «Aunque desde fuera parezca algo muy bonito, una gira es muy cansada, son muchos días fuera de casa, aunque eso se supera con la ilusión que tenemos por ofrecer buenos conciertos».

Este fagotista nacido en Madrid pero residente en Lasarte-Oria «desde hace años», recuerda perfectamente la primera gira que realizó la formación en 1984 por Europa. «Eran otros tiempos, se tardaba dos días en llegar a París en autobús, es algo inenarrable». También guarda en la memoria otra gira que llevaron a cabo por Alemania y Austria. «En aquella ocasión la gira duró 17 días. Fuimos con el maestro Miguel Ángel Gómez Martínez y con Pepe Romero como solista de guitarra. El éxito que obtuvimos fue impresionante».

«El 5 de abril de 1982 nos reunimos en un cuartito del Palacio Miramar para el primer ensayo»

Con la sabiduría que le dan sus 36 años en la orquesta - «soy uno de los pocos dinosaurios que quedamos y que estamos en la orquesta desde el inicio», admite entre risas-, Tomás reconoce que, a pesar del cansancio que generan los viajes, en los conciertos «siempre se pone lo mejor de cada uno para que el resultado sea óptimo y dejar el nombre de la orquesta donde debe estar, es decir, en lo más alto». Aunque matiza, que eso ocurre «siempre», «se toque en Munich o en Donostia, la orquesta siempre da lo mejor de sí misma. Otra cosa es la percepción que pueda tener el público».

Adaptarse a cada momento

Tomás Ruti todavía se acuerda del primer ensayo de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. «Fue el 5 de abril de 1982 en el Palacio de Miramar, en un cuartito que nos cedió el Ayuntamiento, porque en aquel entonces la orquesta no tenía sede. Ensayamos los preludios de Liszt, con el maestro Enrique Jordá, fundador de la orquesta». Desde entonces la orquesta ha cambiado «muchísimo», asegura, tanto por la cantidad de músicos que la forman ahora -en torno a un centenar- como por el nivel artístico.

«Cuando empezamos todos teníamos una ilusión tremenda, luego la formación se ha ido completando y cada generación que ha ido entrando ha venido con una preparación bárbara. Con los años, la orquesta ha adquirido un nivel altísimo de calidad». Por eso asegura que uno de los retos que ha tenido que superar ha sido el de «ponerse al día» y «estar a la altura de los que han venido. Gente muy preparada que ha podido formarse en orquestas jóvenes. Prueba de ello es el altísimo nivel de los candidatos que se presentan a las pruebas de acceso a la orquesta».

Para este veterano de la OSE, una de las dificultades de su carrera ha sido «adaptarse a las exigencias de cada momento», con distintos directores y solistas que han participado en los programas de la orquesta, «cada uno ha ido dejando su granito de arena y eso queda en el poso». Tomás Ruti se marcha con la alegría de jubilarse y dejar la orquesta «con un gran nivel» y «con mucha gente joven», pero con una sensación de pena. «¿Cómo no vamos a tener pena cuando tenemos un trabajo tan bonito como este?».

«Dejo la orquesta con un gran nivel y con mucha gente joven muy bien formada»

Tras la gira por tierras austríacas y alemanas, volverá a subirse al escenario del Kursaal con su fagot en dos ocasiones más. El día 13, en el concierto para socios y amigos del Orfeón Donostiarra, y el 20, en el Concierto de Navidad que organiza El Diario Vasco. Después, volverá al Kursaal, pero será para sentarse en el patio de butacas y pasar «algo de envidia».