Sueños rotos entre cenizas y escombros

Iñigo Urrutia
IÑIGO URRUTIA

Jay McInerney (Hartford, Connecticut, 1955) aborda en esta segunda entrega de la vida del matrimonio Calloway el destrozo emocional que originaron los atentados del 11-S en los vecinos de Nueva York. Sobre ese escenario de ceniza, entre la extrañeza, los remordimientos y la necesidad de anclaje de muchos neoyorquinos que deambulan desorientados, se mueve el nudo de esta novela de personajes que se balancean entre la pulsión de recuperar los sueños arrumbados, lo que pudo ser, y la resignación al lugar que ocupan.

Corrine y Russell, que habían conformado una pareja modélica para sus amistades, sobreviven ahora en un piso de alquiler en Tribeca al naufragio de sus expectativas íntimas y familiares. Ella, mortificada por el sentimiento de culpa -«Mala madre, mala esposa, mala anfitriona. Mala»- y un Russell que, tras veinte años de vida en común en los que «se habían vuelto expertos en ignorar problemas que saltaban a la vista», busca algún resquicio para la reconciliación. Forman parte de la gente guapa de Manhattan, aunque ella lamenta, después de haber dejado su trabajo para escribir un guion de cine, que tengan que «subsistir» con menos de doscientos cincuenta mil dólares al año. La llegada de su hermana Hillary, treintañera, fiestera y «actriz secundaria con vida social de estrella de cine», le sobresalta. Fue la que le prestó los óvulos para tener a sus hijos y teme que quiera ejercer algún derecho. Sin embargo, Hillary será un personaje que terminará difuminado.

Tras una primera parte de puesta al día sobre los Calloway, la historia coge velocidad de crucero cuando en las horas posteriores al 11-S Corrine conoce a Luk McGavock, un financiero de alto vuelto que está retirado temporalmente para tratar de salvar su matrimonio con Sasha, que se dedica a la gran vida en la Gran Manzana. El trabajo voluntario de Corrine y Luke en un comedor social para trabajadores que buscan desaparecidos entre los escombros no les librará del sentimiento de culpa, por el contrario, lo recrudecer, en el caso de McGavock con+ el añadido de la desaparición de su mejor amigo, al que avisó demasiado tarde de la anulación de una cita en las Torres Gemelas.

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