La novela de Uribe en Nueva York

Kirmen Uribe, sonriente en la Biblioteca Pública de Manhattan. / CAROLINE CONEJERO
Kirmen Uribe, sonriente en la Biblioteca Pública de Manhattan. / CAROLINE CONEJERO

El escritor vasco aprovecha su beca en la biblioteca de Manhattan para investigar la vida de la activista y sufragista Rosika Schwimmer

CAROLINE CONEJERO NUEVA YORK

Kirmen Uribe emerge sonriente del edificio clásico de la Biblioteca Pública en Manhattan, donde acaba de comenzar una 'residencia' de un año en el programa de investigación para escritores. De momento, el autor de Ondarroa trabaja con unas cajas de manuscritos en la historia de la sufragista de principios de siglo Rosika Schwimmer (Budapest, 1877-Nueva York, 1948), una novela en primera persona «con túneles atrás y hacia delante», y con historias entrecruzadas en la que la figura de esa activista podría ejercer de hilo conductor.

«Es una mujer que habla de pacifismo, de feminismo, de igualdad, de los derechos humanos», señala Kirmen Uribe sobre la sufragista y activista búlgara, que estuvo nominada al Nobel de la Paz. «Hablaba de temas que son completamente contemporáneos. Y lo que es fascinante es abrir una caja en el tiempo y encontrarte con alguien que podría pertenecer, y de hecho pertenece, al tiempo en el que vivimos», explica el autor de Bilbao-New York-Bilbao. Su idea es investigar sobre la vida de la sufragista y hacer con ello una novela nueva, contemporánea.

Premio Nacional de la Crítica en euskera en 2008 y Premio Nacional de Literatura (Narrativa) en 2009, Uribe considera que la novela es un trabajo de reconstrucción, de rescatar verdades olvidadas a través de las experiencias de los otros. Se trata de que el novelista tenga licencia para hurgar en historias y sea capaz de relatarlas en diferentes plazos, dejando al lector una parte de la reconstrucción de la trama narrativa.

A Kirmen Uribe le interesa especialmente la experimentación literaria, como si la novela fuera un lienzo donde ir poniendo piezas, un espacio donde mezclar la ficción con la realidad, distintos puntos de vista con técnicas narrativas diversas. Y dejar al lector el papel de rematar el puzle, señala, no darlo todo hecho o acabado.

Según Uribe, esta narrativa encaja en el momento actual, en el que las comunicaciones vienen en parte marcadas por internet y las redes sociales. Una vía por la que los relatos transitan fragmentados en plazos de tiempos y estilos.

Kirmen Uribe declara que le gusta Nueva York, ciudad que ya había visitado y que aparece en sus tramas literarias. Para él es un espacio donde se congregan «los refugiados de todo y de todas partes, en un cambio constante».

El escritor vasco siente que «la movilidad» de la 'Gran Manzana' le carga las pilas y le da nuevas energías. «En los tiempos de las políticas de identidad hay que recuperar el yo como narrador, la primera persona como forma legítima de hablar de la experiencia personal de los otros sin suplantarles», explica. En su opinión, «ninguna identidad es fija y homogénea, en realidad es más bien porosa y en constante interacción con todas las demás identidades», insiste el autor.

Kirmen Uribe ha hecho este viaje a Nueva York con la compañía de su familia, a la que ha planteado el año de su beca en la Biblioteca Pública de Manhattan -concedida por el Cullman Center- como un cambio beneficioso para todos sus miembros. Sus hijos ya están instalados en un colegio y la vida diaria en el Upper West de Manhattan se regulariza también para su mujer después de los ajustes con el cambio de residencia. Una ciudad en la que se están aclimatando gradualmente para aprovechar la intensa oferta cultural.

 

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