«El amor no tiene límites, salvo el abuso de poder»

Fotomontaje sobre 'Lolita' de Nabokov. /Noelia Martínez
Fotomontaje sobre 'Lolita' de Nabokov. / Noelia Martínez

La poeta Luna Miguel revisita en su primera novela, 'El funeral de Lolita', el eterno personaje literario de Nabokov

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Más de 60 años después de su publicación, 'Lolita', el eterno personaje literario creado por Vladimir Nabokov, continúa siendo objeto de estudio y de controversia. Las últimas, y más extremas, relecturas piden incluso la censura de la obra, que narra la relación entre un adulto manipulador y la joven a la que seduce, Lolita. La poeta Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) revisita el clásico en su aplaudida primera novela, 'El funeral de Lolita' (Lumen), la historia de una mujer joven, Helena, que comienza a reflexionar sobre su relación con Roberto, su antiguo profesor, cuando le cuentan que ha muerto.

«Las relecturas son necesarias para conocer a los personajes en todas sus facetas y la literatura debe explorar los tabúes», explica Miguel. Ella, que leyó 'Lolita' por primera vez con 13 años, comenzó a reflexionar sobre el destino trágico de los personajes femeninos que le atraían (también los de 'Las vírgenes suicidas'), en contraposición con las «locuras mejor vistas» de otros, como Holden Caulfield, de 'El guardián entre el centeno'. La escritora cree que las relaciones entre hombres adultos y mujeres adolescentes «se mueven entre la libertad de poder elegir esa situación o que esa situación sea impuesta». «El amor no tiene límites, salvo el abuso de poder», asevera.

«Estoy en contra de cualquier censura, y más de 'Lolita'. El propio Nabokov aseguraba que el protagonista masculino de su novela, además de ser una ficción, era un hombre terrible que representa la maldad», afirma la autora de obras poéticas como 'Estar enfermo', 'Los estómagos' y 'El arrecife de las sirenas'.

Luna Miguel cree que su Lolita y la de Nabokov comparten la denuncia sobre la situación de las mujeres. «Sesenta años después, nos siguen violando y matando», explica, antes de reclamar una «educación feminista» en las escuelas y las universidades para que las nuevas generaciones de hombres «asuman con facilidad un cambio en su pensamiento» respecto a las mujeres.

 

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