Un libro analiza la relación entre los nombres de pila y los de las casas en Navarra

Raúl Azpilicueta (Gobierno de Navarra), Paskual Rekalde (autor), Andres Iñigo (autor), María del Mar Larraza (directora de la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca), Ana Zabalza (coordinadora del libro), Nekane Oroz (Gobierno de Navarra) y Peio Monteano (autor)./
Raúl Azpilicueta (Gobierno de Navarra), Paskual Rekalde (autor), Andres Iñigo (autor), María del Mar Larraza (directora de la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca), Ana Zabalza (coordinadora del libro), Nekane Oroz (Gobierno de Navarra) y Peio Monteano (autor).

El Gobierno y la Universidad de la comunidad foral publican 'De Engracia a Garazi. El misterio de los nombres en Navarra'

Félix Ibargutxi
FÉLIX IBARGUTXISAN SEBASTIÁN.

El libro 'De Engracia a Garazi. El misterio de los nombres de Navarra' ofrece un acercamiento a la historia de este territorio desde una nueva perspectiva: la que aporta el estudio de los nombres, tanto de persona como de casa. La publicación, coordinada por Ana Zabalza Seguín, está impulsada por la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra.

Zabalza comenta en el prólogo que «desde distintas disciplinas, en cada uno de los textos se subraya que los nombres no son piezas vacías de significado, asignadas al azar, ni siquiera cuando parecen fruto del capricho o la moda. Han nacido y se han utilizado en un contexto espacio-temporal determinado, y constituyen un indicio del modo en que se conciben las relaciones paterno-filiales y de fraternidad, el papel asignado a cada uno de los sexos, la fuerza de las creencias, la presión de la cultura dominante, el recuerdo y la huella de los antepasados, el momento político, la concepción del espacio urbano o de aldea y tantas otras realidades».

Junto a los nombres personales, esta obra ofrece un pormenorizado análisis de de los nombres de casa en una extensa comarca de Navarra, la de Baztan Bidasoa. Se ha solido decir que, en el Antiguo Régimen, no es que las casas pertenecieran a las personas, sino que las personas pertenecían a las casas.

En el Antiguo Régimen se decía que eran las personas las que pertenecían a las casas

Entre 2010 y 2015 los nombres más usados en Navarra fueron Irati y Lucía, e Iker y Aimar

En fechas recientes son varias las villas de la Navarra húmeda del noroeste que han editado sus propias guías de teléfono, en las que el listado recoge los oicónimos (nombre de la casa), muchas veces sin ninguna adición más. He ahí otra prueba de la importancia de la casa como factor de identificación.

Los capítulos de 'De Engracia a Garazi' han sido confiados a especialistas provenientes de distintas disciplinas. El libro se abre con el trabajo de Demetrio Castro, catedrático de Historia del Pensamiento de la Universidad Pública de Navarra. Se titula 'Ya no nos llamamos con aquellos nombres. Persistencia y transformación antroponímica'. Por ejemplo, Castro comenta el fenómeno que se produjo a partir de la Alta Edad Media en la mayor parte de Europa Occidental: la contracción del número de nombres en uso. En Sevilla, en el primer tercio del siglo XVI, el 59% de los varones tenía alguno de los cinco nombres más usados, y ocurría otro tanto en el 54,2% de las mujeres. En Tudela, en la segunda mitad del siglo XVI, el 63,6% de los hombres tenía alguno de los cinco nombres más comunes, y entre las mujeres se daba ese caso en un porcentaje muy similar: el 62,4%.

El segundo artículo es de Mikel Gorrotxategi, técnico de Euskaltzaindia, que se centra en la onomástica -los nombres de pila- empleada en Navarra sobre todo después de fines del siglo XIX. Compara los nombres masculinos y femeninos más asignados en la comunidad foral con los de tres provincias con lengua propia -Gipuzkoa, Lleida y Ourense- y con los de cuatro provincias sin lengua propia -Córdoba, Toledo, Valladolid y Zamora-.

Según informa Gorrotxategi, entre 2010 y 2015 los nombres más impuestos en Navarra han sido, por un lado, Irati, Lucía, Nahia, Leyre, Paula, Ane y June; y por otro, Iker, Aimar, Unai, Javier, Mikel, Asier y Pablo.

El tercer trabajo es el de José Luis Ramírez Sádaba, que ha sido profesor de la Universidad de Cantabria y es especialista en onomástica. Por ejemplo, repara en la singular evolución del nombre Enneco -en realidad debería acentuarse, Énneco-, del que derivó el nombre de pila y apellido Íñigo, y el apellido Íñiguez.

Origen

A continuación se puede leer el artículo de Peio Monteano, técnico superior del Archivo General de Navarra, trabajo titulado 'La huella bajonavarra. La utilización de los apellidos toponímicos como indicador del origen geográfico en los siglos XIV-XVII'. Comienza así: «Todavía son llamativamente visibles en Navarra numerosos apellidos de origen ulterapirenaico como Chivite (Zibitze), Sola (Soule), Lacarra (Lakarra), Irisarri, Osés-Urzaiz (Ortzaitze), Barcos (Barloxe), etc.».

La coordinadora de la publicación, Ana Zabalza, de la Universidad de Navarra, ha escrito el artículo 'Por no pertenecerles el apellido. La formación de los apellidos en la Navarra Moderna'. Se ha centrado en cómo se llamaban los vecinos de la localidad Urroz-Villa en el siglo XVI. Se da la circunstancia de que se conserva un listado de sus habitantes, fechado en 1553.

Por su parte, Andoni Esparza Leibar, de la UNED, ha aportado el artículo 'Antroponimia y heráldica'.

La segunda parte del libro, la relativa a la oikonimia -nombres de la casa- ofrece el artículo 'Euskal oikonimia Baztan-Bidasoa eremuko lekukotasun historikoen argitan', de Andres Iñigo y Paskual Rekalde, que viene ilustrado por numerosas fotos de caseríos y otras edificaciones.

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