Usos industriales y de vivienda yuxtapuestos

El Casco, cuyo inmueble, se convertirá en viviendas, se construyó sin acabar la guerra./
El Casco, cuyo inmueble, se convertirá en viviendas, se construyó sin acabar la guerra.

Las empresas tenían muchos proyectos y ambiciones afrontando ampliaciones al poco de inaugurarse

A. E.EIBAR.

Desde cualquier entrada de Eibar se suceden los talleres, a lo largo de la N-634, a su paso por la ciudad. En el centro o en los barrios crecieron estas empresas. Un ejemplo fue protagonizado por Agustín Gabilondo que poseía un humilde taller para la fabricación de armas en Ardanza. Tras la Guerra Civil abandonó el sector armero y construyó un gran taller en Barrena que precisó el cubrimiento del río Ego en 93 metros de longitud. El edificio diseñado por Alberdi estaba compuesto por un gran volumen de planta baja destinado a taller que contrasta con el bloque para viviendas, con cuatro plantas piso. No obstante, existía una gran fidelidad entre el proyecto y lo construido, destacando una vez más el tratamiento plástico de las fachadas, la suma de volúmenes y su emplazamiento poco ortodoxo. La empresa 'A. Gabilondo e Hijos' estaba dedicada a la fabricación de hierros y aceros especiales calibrados, y debido a su crecimiento se produjeron sucesivas ampliaciones.

La empresa cerró de forma definitiva entre 2016 y 2017. Sus instalaciones, ahora, están en desuso.

Otro taller singular era 'El Casco'. Se fundó en 1920 por la sociedad de dos trabajadores de 22 años: Juan Olave y Juan Solozabal, ambos ex-trabajadores de Orbea. Fabricaron tanto pistolas como artículos de escritorio, siendo la grapadora de bola su producto más emblemático. Tras el bombardeo y aún sin acabar la guerra, construyeron un nuevo taller en la esquina que forman Paguey y Muzategi. Construido en hormigón armado, era un edificio rotundo, austero y funcional, adaptado a un solar con importante desnivel y forma irregular.

Muchas de las empresas se construyeron sin ni siquiera acabar la guerraAlgunos de ellos alojan ahora una amalgama de servicios, industrias menores y sociedades

La empresa y edificio crecieron en consonancia, incorporando también la residencia de estética palaciega de los socios propietarios, y alcanzando una superficie de 10.000m2 industriales construidos en el centro de Eibar con una plantilla cercana a los 450 trabajadores.

El Casco se trasladó a Elgeta, quedando la parte industrial en desuso, aunque se prevé su derribo para la construcción de viviendas.

Gran ingenio

Menos conocida era la tornillería de Francisco Arana. Su centro de trabajo se materializó en dos fases. En 1938, primeramente, se construyó un taller mecánico de una sola planta, sobre el cual se elevaron cuatro plantas en 1941 conforme al proyecto de Diego de Basterra. La planta primera para actividad industrial, y las tres plantas superiores destinadas a vivienda. La yuxtaposición de usos es una de las características diferenciadoras del patrimonio industrial eibarrés, al igual que algunos conceptos de diseño como concebir el edificio por una suma de volúmenes que respondían a diferentes usos -taller, bloque de viviendas, caja de escaleras, y los baños de la industria en este caso-.

Las empresas evidenciaban el ingenio del empresario. Francisco Ortuoste comenzó su actividad como plantillero en 1887. Más tarde produjo piezas para la industria auxiliar de la bicicleta: timbres calapiés, hebillas, dientes, piñones, además de artículos de propaganda.

Después la empresa derivó en 'Viuda de Francisco Ortuoste', que hasta 1937 tuvo su sede en Ibarrecruz, destruida en el bombardeo. Para reanudar su actividad eligió un solar de Asua Erreka por su acceso directo a las vías del tren. Diseñado también por Raimundo Alberdi, se trataba de un edificio de planta rectangular de hormigón armado que constaba de planta baja y dos plantas piso escalonadas contra la pendiente del terreno, rematadas por una cubierta de agua donde afloraban las cabezas de los pilares para posibilitar futuras ampliaciones. El edificio quedó en desuso y actualmente está en estado de abandono. Aún se aprecian elementos del edificio original, pese a que su característico balcón fue eliminado de la fachada.

Beistegui Hermanos (B.H.) nació en 1910 por la unión de tres hermanos. Inicialmente fueron fabricantes de armas cortas, tanto para la venta propia como subcontratados por otras empresas.

Afrontar la mayor demanda

En 1926 construyeron un nuevo taller de hormigón armado en el encuentro de las calles Víctor Sarasqueta y el Paseo de Urkizu, cerca de las instalaciones de Orbea. Siguiendo sus pasos, a partir de 1933 diversificaron su producción hacia la fabricación de bicicletas.

Tras la Guerra Civil continuaron con su trayectoria ascendente, y para abastecer la creciente demanda construyeron un nuevo taller de hormigón armado de planta baja y dos plantas piso adosado a sus instalaciones en el Paseo de Urkizu.

En los años sucesivos la fábrica siguió creciendo, tanto en altura como en terrenos colindantes hasta agotar su edificabilidad, por lo que en 1959 trasladaron su producción a Vitoria. Desde entonces, este taller ha sido reutilizado en una amplia amalgama de usos -industrias menores, viviendas, concesionarios o sociedades, entre otros-, siendo un ejemplo interesante de reutilización.

Estructura alterada

La Imperial Española fue fabricante de máquinas de escribir, comercializadas bajo la marca 'Patria' y 'Amaya'. Pese a que figuran por primera vez en el registro mercantil en 1945, la construcción de la fábrica es de 1941, promovida por Susana Arguiñao, viuda de Elcoro. Proyectado por Alberdi, presentaba un diseño muy similar al edificio de Miguel Carrera situado al lado. Contaba con una única planta industrial al que se adosaba un bloque en la esquina donde se encontraban las oficinas y vivienda. En los años sucesivos la parte industrial se amplió tanto en altura como en superficie. Actualmente se halla reconvertido en una agrupación de concesionarios, con rampas para el tráfico rodado en su interior. La estética llamativa de los concesionarios ha modificado la fachada industrial original, que contrasta con el bloque de vivienda primigenio inalterado.

Un inmueble que no sobrevivió fue el de Remigio Echeverria, un industrial eibarrés que en 1940 construyó un nuevo taller de forja y estampado en Txonta. Siguiendo el proyecto de Alberdi, se trataba de un taller de hormigón armado compuesto por dos partes: la forja, ubicada en la parte trasera contra la ladera, constaba de una sola planta con una apertura para ventilación en la parte superior. En la parte delantera, en cambio, se construyeron el taller mecánico y la oficina en dos plantas. Entre otros productos, fabricaron material quirúrgico. Este industrial tuvo otro taller de características similares en Deba, destinado principalmente a la fabricación de tijeras. En torno a 1946, construyeron dos plantas más sobre la industria para destinarlas a vivienda, conformando una tipología habitual en Eibar.

Tras el cese de la empresa, el edificio fue derribado en torno a 1994, quedando en su lugar un espacio para aparcamientos. Caso similar fue Alfa, considerada como la punta de lanza de la floreciente industria eibarresa. Se constituyó como cooperativa en 1920, y se inició como fabricante de revólveres en unos talleres de Vista Alegre. En 1924 adquirieron unos terrenos en el paseo de San Andrés para construir su taller entre el camino y el río Ego, y a partir de 1930 comenzaron a fabricar máquinas de coser, arrancando así una brillante trayectoria.

Tras el parón por la contienda, Alfa continuó con su expansión, y amplió sus instalaciones manteniendo la forma rectangular del taller, elevando tres plantas más sobre el taller original, prolongando la estructura de hormigón armado hasta un total de seis plantas, hasta desaparecer entre 2004 y 2005 para la construcción un centro comercial.

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