Un curso como punto de arranque

Pintura. Jonathan Cañaveras en la empresa Jaio./FOTOS MORQUECHO
Pintura. Jonathan Cañaveras en la empresa Jaio. / FOTOS MORQUECHO

El programa Txertatu Merkatuan llegó a su fin con las prácticas que realizaron 22 jóvenes en distintos oficios

Félix Morquecho
FÉLIX MORQUECHOEIBAR.

Se suele decir que cada joven es un mundo, pero la frase no se limita solo a lo que pasa por sus cabezas. La sociedad actual hace que en las calles se crucen chicos y chicas que empezaron a estudiar en un lugar y acabaron en otro, algunos que completan su formación pero no llegan al mundo laboral y quienes se ven con limitaciones de distinta índole para encontrar un puesto de trabajo. Para dar respuesta a algunos de los que lo pueden tener más complicado, el programa Txertatu Merkatuan arrancó en febrero con el objetivo de ofrecer una formación básica y unas prácticas que sirvan de trampolín para sus proyectos futuros.

Txertatu Merkatuan se desarrolla en el marco del Programa Operativo de Empleo Juvenil 2014-2020, cofinanciado en un 91,89% por Fondo Social Europeo, y lo coordina Garapen, la Asociación Vasca de Agencias de Desarrollo.

Con el comienzo de julio 22 jóvenes ponían fin a sus prácticas después de participar en los cursos 'Operario en revestimiento y pintura', 'Actividades auxiliares de almacén' y 'Técnicas elementales de servicio y preparación de alimentos y bebidas'. Este último es el que completó Josselyn Sánchez, una joven ecuatoriana de 22 años licenciada en Abogacía criminalística. En bachiller hizo un salto de 3 años para entrar a la universidad con 15 y graduarse con 21, «pero homologar mis estudios aquí hará que tenga que seguir estudiando», explica. Tras poco más de siete meses residiendo en Elgoibar se encontró con una formación totalmente novedosa para ella. «Empecé de cero. Ha sido algo nuevo para mí porque nunca había cocinado y además me ha tocado aprender a trabajar en cafetería y barra, algo que se ve mucho aquí, pero no tanto en mi país. No estoy acostumbrada».

«Quería cambiar y me he encontrado con un trabajo que me gusta más»«En el curso se ve quién tiene capacidad de aprender, quién es más maduro»

Igual que otros diez compañeros, Josselyn completó el curso de unos tres meses de duración y después comenzó sus prácticas en el bar Koskor de Eibar. «La formación recibida sí que ayuda aunque no conozco los vinos, licores... Nunca he tomado, no conozco ni la cerveza y me suena todo a nuevo», reconoce. Sin embargo, el trabajo directo con la clientela le pone frente a gente de todas las edades. «Es interesante compartir con la gente de aquí, ver en qué situación están otros jóvenes. Hay que socializar», admite.

Por su formación en el campo del derecho, Josselyn afirma que para su familia no es fácil asumir un trabajo en el sector hostelero, pero ella apunta que «no lo veo como un trabajo de inmigrante. En comparación se gana mucho dinero». Pese a que no se ve tras la barra de forma definitiva, la elgoibarresa señala los valores de la formación completada. «En el curso también se ve quién tiene capacidad de aprender, quién es más maduro. Es algo interesante para gente que se vea con ganas de estudiar, que vean que esto te ayuda, te hace ver que eres útil a la sociedad y que tienes algo que aportar. No se puede estar esperando a lo que te dejen tus padres», remata.

«Ganas de cambiar»

La historia del eibarrés Jonathan Cañaveras es diferente. Anteriormente ya había pasado por la Escuela de Formación Profesional Básica de Azitain para aprender cocina, pero se encontró con el programa Txertatu Merkatuan como una vía hacia nuevos aires. «Estuve trabajando en hostelería, pero tenía ganas de cambiar y probar con otra cosa, y me he encontrado con un trabajo que me gusta más». El joven de 20 años cursó 'Operario en revestimiento y pintura' y ha realizado prácticas en la empresa Jaio de Berriz. «Es entretenido y tiene mejores horarios, aquí no se pierde el tiempo, eso es lo mejor del taller, el horario», explica.

Jonathan había comenzado un curso relacionado y se encontró con Txertatu Merkatuan, «una formación práctica en la que se aprende la base de un oficio pero de forma práctica, haciendo cosas». El trabajo manual sirvió a este joven para entrar a realizar prácticas en un taller de barnizados y lacados. «He estado muy a gusto en las prácticas. Es un taller pequeño y eso ha hecho fácil la adaptación. Algunas cosas son diferentes a lo que habíamos hecho en el curso, pero estamos para aprender. Me encantaría seguir trabajando en esto», declara.

Llegar a un puesto de trabajo no es sencillo a veces. Por eso Jonathan hace hincapié en el impulso que supuso el programa de formación para él. «Es un aliciente, es una forma de entrar más sencilla que simplemente buscando trabajo. Les diría a otros jóvenes que hay que buscar el sitio de cada uno en la vida. Se pueden sorprender, y se pueden encontrar la motivación en un empleo que no conocen».

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