Anchieta, escultor del Renacimiento

Un libro de Concepción García Gaínza ahonda en la vida y obra del escultor nacido en Azpeitia y que desarrolló su obra en el siglo XVI

CRISTINA AGUINAGA| PAMPLONA.
El retablo mayor de la iglesia de San Pedro es el único de Anchieta conservado en Gipuzkoa./
El retablo mayor de la iglesia de San Pedro es el único de Anchieta conservado en Gipuzkoa.

DV. Bajo este título la catedrática de Historia del Arte Concepción García Gaínza repasa la vida y obra de este escultor nacido en Azpeitia (hacia 1533 presumiblemente) y cuya figura destacó en el panorama artístico del siglo XVI español. Su obra se extiende por el norte de Castilla, Aragón, el País Vasco, Navarra y Burgos, e incluso viajó a El Escorial casi al final de sus días. Murió en 1588.

La autora, que fue premio Príncipe de Viana de la cultura, destaca de él su trabajo como «escultor de imágenes y de relieves, con unas capacidades extraordinarias para el dibujo, el grafismo y trabajar las proporciones en todos los materiales». Anchieta, que falleció en Pamplona, ciudad en la que instaló su taller tras una vida itinerante, desarrolló su obra tras el Concilio de Trento. En él, la Iglesia Católica «pidió a los obispos que enseñen con imágenes, con un arte digno, decoroso y que se lea y se entienda bien». Asimismo, fue el introductor de un arte nuevo, el Romanismo, de tendencias modernas, llegando a dominar la anatomía, el desnudo y el cuerpo humano en movimiento.

El libro sobre Anchieta ha sido publicado con el patrocinio del Gobierno de Navarra y la Fundación Arte Hispánico. Han colaborado el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, y Patrimonio Nacional. Se han editado 1.000 ejemplares que se venden en las librerías al precio de 90 euros.

La obra, de 245 páginas, se divide en dos partes, además de los índices onomástico y topográfico, y la bibliografía. En una primera parte de cuatro capítulos se cuenta la vida (), la formación del escultor, su taller y su época y arte. En los seis capítulos de la segunda parte se abordan , , , , y, por último, la difusión de su obra.

En el capítulo dedicado a la obra en el País Vasco se analiza el retablo de Zumaia, el único que se conserva; las imágenes y relieves de San Miguel de Vitoria y el Calvario que se conserva en el museo de Bellas Artes de Bilbao. Del trabajo en Navarra, donde abrió su taller, se estudian los retablos de Cáseda, Añorbe, Aoiz y el de Santa María de Tafalla, así como las esculturas para la catedral de Pamplona o el convento de Recoletas, las imágenes de Obanos, y el Santo Cristo del Miserere.

Juan de Anchieta, como escultor del Renacimiento, dominó la anatomía, el desnudo, la proporción y el cuerpo humano en movimiento y en escorzo, bien aislado o dentro de complejas composiciones. A lo largo de su carrera se inspiró en lo que hacía Miguel Ángel y así se analiza en el libro. García Gaínza destaca su «capacidad excepcional para enfrentarse con grupos escultóricos monumentales, para transformar grandes bloques de material en las imágenes en las que puede hablarse con toda propiedad de colosalismo». «Sus grandes retablos, algunos de ellos verdaderas obras maestras, constituyen una elaboración personal de múltiples referencias arquitectónicas, ornamentales y escultóricas que gozaron de un gran éxito entre sus discípulos y numerosos seguidores», concluye la historiadora.

De Briviesca a Burgos

Entre las obras de este escultor figuran, por orden cronológico, el retablo de Astorga, en el que participó; su retablo de Briviesca, en el que culminó su arte; el sepulcro Belguer de la catedral de Jaca o el retablo de la Trinidad en este templo; el retablo de Zumaia; el retablo de las Huelgas y varios grupos del retablo mayor de la Catedral en Burgos, así como el banco del retablo de Moneo o varias obras en La Rioja.

La profesora Gaínza ejemplifica su éxito y la fama que adquirió en su carrera recordando que el borgoñón Juan de Juni decía que se trataba de «uno de los más importantes» escultores del Renacimiento. En 1583, fecha de la ejecución del sagrario de Tafalla, que incluye el Cristo del Miserere de Tafalla, «uno de los mejores crucificados que hay en la escultura española del Renacimiento», el escultor de Azpeitia fue llamado a tasar las esculturas de piedra de la portada de El Escorial: «Treinta días a caballo, cuatro días tasando de parte del rey y treinta días de regreso. El hecho revela su consideración como escultor», apunta García Gaínza.

Junto al análisis de la historiadora hay breves textos del consejero de Cultura y Turismo de Navarra y del presidente de la Fundación Arte Hispánico, Juan Abelló Gallo.

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