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«En la vida nos vamos a relacionar con sesenta psicópatas»

«En la vida nos vamos a relacionar con sesenta psicópatas»
  • El psicólogo Iñaki Piñuel publica un manual para identificar si tu pareja es un psicópata. «Al principio manda flores, se quiere ir a vivir contigo enseguida, casarse... Pero es un amor de cartón piedra porque es un parásito que vive a costa de su víctima, la manipula y la destruye»

Los expertos le dicen una «epidemia silenciosa». No contagia, pero quizá la sufra y no se haya dado cuenta. Como esa señora que no sabía ponerle nombre a lo que hacía el marido, que pagaba prostitutas y acusaba a su mujer de que desde que nacieron los niños ella se había volcado con los pequeños, o esa directora de una surcursal bancaria, profesional de éxito que soportó durante años a un tipo a su lado que no daba ni golpe. «Se separó y ahora el padre intenta poner a los chiquillos en contra de su madre. Les dice: 'Mamá me ha abandonado. Traerme un bocadillo, que no tengo dinero para comer'. Y ellos rompen la hucha y creen que su madre es mala». Esa mujer no sabía ponerle tampoco nombre a la actitud de su marido, ya ex, aunque le habrían encajado tan bien tantos improperios... Iñaki Piñuel ha dado con la palabra: esos dos señores son unos psicópatas de manual.

El psicólogo madrileño acaba de publicar el libro 'Amor Zero. Cómo sobrevivir a los amores con los psicópatas'. «A lo largo de nuestra vida vamos a tratar aproximadamente con sesenta psicópatas, en el trabajo, en el grupo de amigos... y en casa». Y no, no es verdad eso de que dos que comparten colchón se vuelven de la misma condición. En una relación tóxica de este tipo existen roles bien diferenciados: la víctima y el psicópata, que ha construido una relación amorosa «de cartón piedra», una «mera apariencia de amor» que queda al descubierto cuando al maltratador se le cae la máscara. No es amor porque el psicópata no siente amor, ni empatía, ni pena. «Es un parásito que vive de su víctima a nivel económico, sexual, afectivo... y la destruye. Las secuelas son similares a las que sufre alguien que ha vivido una guerra, una violación o una catástrofe natural: insomnio, irritabilidad, pérdida de memoria a corto plazo, sensación de peligro inminente... Es una experiencia abrasiva para la que no está preparada el cerebro humano».

Y sin un moratón a la vista. «El psicópata no es un maltratador físico, no necesita pegar para tener el control. No provoca lesiones, ni hay gritos, ni se rompen platos, lo suyo es de guante blanco». Aunque puede llegar a ejercer la violencia, por supuesto. «Si algo se pone en su camino puede hasta matar. José Bretón y los padres de Asunta eran una familia amante, abogados respetables, ciudadanos normales... Hasta que se descubrieron unos auténticos psicópatas. No sienten emoción alguna, saben que está mal lo que hacen pero les da igual. Bretón tuvo a la Policía buscando en su finca los restos de sus hijos y ¿sabes lo que les decía? 'Frío, frío, caliente, caliente'. Y mientras tanto se comía un bocadillo de chorizo. Y el asesino de Pioz igual. No fue un crimen pasional, compró unas pizzas, unas bolsas... Actuó con plena premeditación y se echó la siesta después de matar a sus tíos y a sus primos. Los psicópatas no deliran, no son enfermos mentales. Saben que hay cosas que están mal pero les da igual, no se sienten culpables porque carecen de emociones y de empatía».

Y señala un ejemplo histórico: «Durante la Segunda Guerra Mundial había gente que cometía auténticas atrocidades en los campos de concentración y por la noche regresaba a su casa a cenar y era un padre amantísimo con sus hijos y rezaba antes de acostarse. En las bandas juveniles captan a chavales a los que obligan a hacer cosas terribles y las hacen. ¿Cómo son capaces? Porque están desensibilizados, no sienten nada».

Calcula que un 2% de la población se ajusta al perfil del psicópata. El dato asusta.

Pero es que el psicópata no es un tipo que se come los higadillos de sus víctimas. Es una persona de éxito, seductor, con una imagen pública excelente y popular.

Doctor Jekyll y mister Hyde.

Sí. Mientras el entorno le ve como una persona encantadora, su víctima vive una situación de destrucción personal.

¿Cómo se acercan a su víctima?

Al principio de la relación hay un bombardeo amoroso, envían flores, mensajes de WhatsApp, organizan viajes... Hay un tsunami de almíbar que funciona como un opiáceo, como la cocaína, crea adicción. Entran en el alma de su víctima haciéndole creer que es su alma gemela. Y ella piensa que por fin ha encontrado a su media naranja. Se quieren mudar enseguida a vivir juntos, se quieren casar, tener hijos... Pero el psicópata se aburre enseguida y al ser maravilloso de repente se le cae la máscara y se descubre como un frío depredador.

¿Qué herramientas utiliza para ir minando a la persona que tiene al lado?

El flirteo es algo habitual. Coquetea con otras personas, aparecen las ex, a las que usan como un fantasma, rondan constantemente en torno a la relación y las introducen habitualmente en la conversación para generar inseguridad en su pareja, para torturarla haciéndole pensar que es objeto de deseo de terceras personas. Y eso enloquece a la víctima, la vuelve rabiosa, pero a la vez la hace sentir más vinculado a su pareja. De repente la persona afectada se convierte en espía de su pareja y esa situación la aprovecha el propio psicópata para darle la vuelta.

Lo que llama usted 'el juego de la piedad'.

Sí. El psicópata a menudo se presenta como víctima de su víctima. La acusa de celosa, de paranoide, de no confiar en él, mientras él reivindica su inocencia. Trabajan la culpa de la víctima. Una persona normal cuando tiene una aventura trata de que su pareja no sufra. El psicópata no, él utiliza el flirteo contra su pareja. No quiere acostarse con otras personas necesariamente, quiere provocar inseguridad en su pareja.

¿Hay víctimas más vulnerables?

La única persona que no puede ser víctima de un psicópata es otro psicópata. El resto del mundo está expuesto. Normalmente buscan gente bondadosa, de los que no creen que haya mal en el mundo, capaces de perdonar... Es como el lobo, que busca a la oveja más gordita para comérsela. Muchas víctimas también son gente que de niños vivieron en una familia donde la bronca era continua y aprendieron a desconectar las señales de alarma. De niños normalizaron situaciones en las que se rompían los límites y por eso tienen un margen de tolerancia formidable.

¿Por qué la víctima no se aleja?

Porque los psicópatas generan una intensa adicción psicológica. Además, el psicópata no se resigna a ser dejado porque su narcisismo se lo impide. Antes de que le dejen, dejará él a su víctima. Aunque el proceso de separación suele ser largo. Las víctimas suelen romper la relación y retomarla entre siete y nueve veces antes de romper definitivamente.

¿Cómo reaccionan cuando les pillan?

Les fastidia que les pillen, pero no se sienten culpables, no tienen remordimientos.

¿Qué ocurre después de romper?

Debe aplicarse el contacto cero. Hay que cerrar toda comunicación. La única forma de no salir perdiendo es no jugar con él. El contacto con él no hará más que agravar el daño.

¿Hay cura para el psicópata?

No. El psicópata no cambia, no tiene remedio. La terapia con él funciona al revés, le sirve para aprender nuevas formas de manipulación.

Y la víctima, ¿cuánto tardará en recuperarse?

Pasarán de dos a tres años antes de que pueda establecer nuevas relaciones de pareja sin tener miedo.

¿Los psicópatas tienen género?

No, son tanto hombres como mujeres. Lo que ocurre es que al hombre se le descubre más fácilmente. Las mujeres tienen un cerebro más intuitivo, perciben que algo no va bien y piden ayuda antes. Hablan con una amiga, comentan lo que pasa en su casa, pero un hombre no habla de sus problemas con nadie y, además, tarda más en caer en la cuenta.

¿En qué ambitos es más fácil encontrarse con psicópatas?

Lo que empuja al psicópata es el poder. Y se mueve habitualmente en profesiones donde hay poder, donde hay potencial de impunidad. La política es la profesión por excelencia porque le ofrece un medio en el que medrar, prosperar y alcanzar a toda velocidad poder máximo para desde ahí gozar de todo tipo de reconocimientos y poder social. Pero también están en las ONGs, las actividades sindicales, las organizaciones religiosas... También son personas que tienen supuestas aficiones que les generan emociones. Conducir coches a gran velocidad, o motos, hacer puenting... Como se aburren enseguida de todo buscan nuevas sensaciones.

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