Patrick Alfaya: «Hemos tenido más espectadores, pero la ratio por concierto ha bajado un poco»

Patrick Alfaya, esta semana en el escenario del Auditorio Kursaal.
Patrick Alfaya, esta semana en el escenario del Auditorio Kursaal. / MICHELENA
Patrick Alfaya, director de la Quincena Musical

El director del festival trabaja ya en la edición de 2018, en la que habrá una ópera de Rossini y volverá la Budapest Festival Orchestra

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Finalizada la 78 edición de la Quincena Musical donostiarra, su director, Patrick Alfaya (Madrid, 1971), considera que el festival ha sido «bastante redondo» y aunque ha aumentado el número de espectadores respecto al año pasado, reconoce que el ratio por concierto ha descendido ligeramente, según las estimaciones provisionales. Alfaya considera que la presencia de músicos vascos en la programación ha sido más que notable y defiende la colaboración con otros festivales, como el de Santander, pero admite que quizás este año ha sido excesiva. Para el próximo año ya adelanta que habrá una ópera de Rossini -por decidir aún cuál- y que volverá la Budapest Festival Orchestra.

- Primera pregunta, obligada: ¿Balance de esta edición?

- Hago un balance positivo. Como siempre, habrá cosas que han salido mejor y otras, peor. Y cada uno de nosotros tiene sus conciertos favoritos, los que te han gustado menos e incluso puede que algo que te haya parecido malo. Yo aprendo en cada edición y evidentemente, hay cosas que me han gustado más que otras, pero en términos generales y desde el punto de vista artístico, tenemos una buena o muy buena calidad. Creo que hemos hecho un festival bastante redondo.

- ¿Existe el riesgo de caer en la autocomplacencia?

- Intento evitarlo y, a la vez, aprender de cosas que no hemos hecho bien, como puede ser el aprovechamiento de algún espacio, programas que igual no eran los adecuados para una determinada formación... Eso quiere decir que el resultado no era el que yo esperaba. Tenemos que pulir ese tipo de cuestiones, pero por ejemplo, la ópera me gustó. El reparto estaba equilibrado y funcionaba muy bien. La escena era estéticamente muy bonita y está muy bien hecha. Fue un trabajo de chinos montarla porque es muy delicada. También es verdad que es una escena hecha para un teatro más pequeño, como puede ser el Victoria Eugenia. Ahora bien: tampoco es que haya 300 folios de posibles 'Bodas de Fígaro'.

- ¿Condiciona el Kursaal?

- Este edificio no es un teatro de ópera y eso nos condiciona mucha cosas. Algunas personas no lo saben, pero en el Kursaal los propios motores del escenario se hicieron mal porque no se enterraron. Cada vez que mueves una vara - y en ópera estás moviéndolas todo el rato- produce un ruido. Necesitamos producciones que muevan muy poco las varas, lo cual supone cierta rigidez. No hay otra. Y finalmente, hay gente que te comenta que le gustó mucho determinada producción que vio fuera de aquí hace quince años. Ya, claro: y a mí. Lo que pasa es que la gente no almacena las producciones porque son miles de euros en mantener todo aquello en una nave. Yo he hecho 'Las bodas de Fígaro' cinco veces en mi vida y la que más me gustó ya no existe.

- ¿Ha observado un bajón en el número de asistentes a los conciertos?

- No, hemos tenido más asistentes que el año pasado. En el Kursaal, unas 3.300 entradas más que en 2016. Ahora bien, es verdad que había más espectáculos. Ha habido dos funciones de ballet, cuando normalmente hacemos una. Y se han llenado.

- Entonces, ¿ha bajado la ratio de asistentes por concierto?

- El cálculo está por hacer, pero yo creo que ha bajado en uno o dos puntos porque, además de una segunda función de ballet, ha habido dos conciertos más en el Kursaal y otros tres en San Telmo. Posiblemente, el público haya bajado algo. En términos económicos y de número de entradas vendidas, hemos crecido.

«En términos económicos y de número de entradas, hemos crecido»

«El sector debe implicarse en un plan para fomentar el uso de la cultura de pago»

«Si no encontramos un socio sustituto de El Escorial, será muy difícil programar óperas»

- Pero en gasto también ha subido...

- Relativamente porque hemos tenido muy buen año en ofertas a las que no podíamos decir que no. En concreto, 'Carmen' del Ballet de Víctor Ullate. La primera función fue a un precio más que correcto y cuando les dijimos de hacer dos, el segundo salía tirado. Y nos ha pasado con otro par de orquestas: te llaman para decirte que tienen un hueco en su gira y por si te interesa contratarlas. Te lo dejan a precio de saldo porque están entre países. O contratan o se pasan 72 horas en aeropuertos. Hemos gastado algo más que el año pasado porque teníamos la ópera, pero en orquestas, no.

- ¿Qué tal va el relevo generacional de públicos?

- Hombre, ya sabe que estamos en programas como 'ConversanDO' para que los jóvenes se vayan acercando a la música clásica. Y ahora tenemos una asignatura pendiente, pero somos un equipo preparado para sistematizar todos esos datos y sacar conclusiones. Podemos hacerlo, pero a ojo. Yo necesito a alguien -y he hablado con algunas universidades- que haga un estudio sobre la tipología de público. Me gustaría que todas las administraciones se hicieran cargo de que hay un problema de consumo cultural para las futuras generaciones.

- ¿En qué sentido?

- En que tenemos cada vez más gente joven que está menos dispuesta a pagar por algo: ni por un libro, ni por una película, ni por información, ni por un concierto, ni por nada. Y además te lo dicen. En ConversanDO sentamos a chavales de entre diecisiete y veinte años que te cuentan: «Las películas me las bajo, la información general no me interesa, leo pocos libros y generalmente me los bajo...» Y cuando les preguntas quién va a escribir un libro o a redactar las informaciones, se ríen y te dicen que no es su problema. Y sí lo es. Vamos a una sociedad que no puede funcionar así. Y siguen: «Tiene que estar subvencionado», pero una cosa es que haya ayudas, pero el trabajo tiene un valor. ¿Qué va a ser de un mundo sin escritores, sin músicos, sin cine? Una cosa muy satisfactoria es que los jóvenes que vienen a la Quincena alucinan con el mundo orquestal, se lo pasan bien y te dicen que pensaban que era otra cosa.

- O sea, que les gusta.

- Sí, disfrutan de los conciertos. Luego ponen sus peros: «Hay mucha gente mayor, no sé si con mis colegas me atrevería a venir...» Buscamos programas que sean fáciles, pero lo que es injusto es que te digan: «Esto tiene que ser gratis». Y no, esto no es así.

- Y a la Quincena en concreto, ¿cómo le afecta este fenómeno?

- Por ahora no nos está afectando, pero ya veremos cuando tengan 35 años y sigan con la misma filosofía. No sé lo que vamos a hacer, ni con la Quincena, ni con el cine, ni con los periódicos, ni con nada. Imagino que dentro de poco tendrán que ser las cañas gratis. Por eso estaría bien que nos implicáramos todo el sector en un plan general para fomentar el uso de la cultura de pago. ¿Que hay que bajar precios? Lo estudiamos. Pero hay que hacerlo y eso implica a todo el sector -editoriales, museos, salas de exposiciones y medios de comunicación-.

- ¿Cuál ha sido el presupuesto final?

- Hemos partido de un presupuesto de 2,3 millones de euros. A esto hay que sumarle la taquilla: 975.000 euros brutos.

- ¿Y en cuanto al número de espectadores?

- Este año hemos tenido unos 39.000 espectadores frente a los 35.333 asistentes del año pasado, es decir, un 10% más. En los conciertos de pago hemos superado los 20.000, mientras que el año pasado fueron unos 18.000.

- La aportación de las instituciones se ha incrementado este año en 120.000 euros.

- Estamos como estábamos otros años. La diferencia es que ha cambiado el chip de las instituciones, tenemos más solidez y no estamos tan en la cuerda floja. Estamos en un cambio de ciclo y es algo que ha salido de ellos. Tenga en cuenta que en el actual consejo de administración hay gente que ya estuvo años atrás y ha conocido tiempos en las que las aportaciones de cada una de ellas eran de 200.000 euros más. Hubo unos años en los que pasamos de 550.000 euros de aportación por institución a 300.000.

- Una vez agotado el remanente del que han tirado durante los años de crisis, ¿está garantizada la solvencia económica de la próxima edición?

- Sí. Está garantizada la ópera y está garantizada toda la programación al completo.

- ¿Se puede permitir una Quincena Musical no programar al menos una ópera?

- Sí, mire el Festival de Santander. Tuvo que dejar de programarla y no la ha vuelto a recuperar. A partir del 31 de diciembre de 2018 se acaba la colaboración con El Escorial de los Teatros del Canal de Madrid. Si no encontramos un sustituto vamos a tenerlo muy difícil para programar ópera en las condiciones que yo creo que tiene que tener la Quincena.

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- También se cuestiona la exclusividad de la programación. En concreto, se reprocha una excesiva duplicidad con el Festival de Santander.

- No, lo voy a volver a explicar. Nosotros vamos bastante adelantados en general en la elaboración de las programaciones porque al tener una taquilla muy fuerte sabemos más o menos de cuánto dinero vamos a disponer. Luego, una vez contratados los conciertos, podemos ofrecérselos a Santander, que es lo que hemos hecho porque baja la factura mucho si repartimos gastos. No creo que eso nos quite público, ni que nadie se vaya a ir a Santander a ver un concierto, para empezar, porque sus entradas son más caras que las nuestras. Sí creo que este año ha habido una excesiva relación entre Santander y la Quincena, pero todos los programas grandes de orquestas invitadas se hacen aquí. Nos podemos permitir el lujo de contratar dos orquestas. Luego, se van a Santander, pero son proyectos nacidos aquí. La llamada del Festival de Santander siempre es: ¿qué tienes? Pero admito que este año ha sido un poco excesivo. También es verdad que hay quien se aprovecha de la desaparición de aquella antigua cláusula en los contratos que prohibía repetir el concierto a menos de 200 ó 300 kilómetros de distancia. Y luego te avisan que también han contratado con Santander, por ejemplo. Por otro lado, esa colaboración supuso que el año pasado la sección infantil del Coro Easo actuara en Santander.

-Precisamente: hay quien reclama mayor presencia de músicos vascos en la Quincena.

- Vamos a ver. Este año hemos tenido a Juanjo Mena, Asier Polo, Lucía Lacarra, Miren Urbieta, Clara Mouriz... por no hablar de los coros, y del ciclo de órgano. Si miramos la programación de hace diez años no creo que hubiera mucha más participación vasca.

- ¿Más instrumentistas, quizás?

- No, quizás se refieren al ciclo de música contemporánea. Ahí puede que haya habido déficit.

- Ese ciclo, ¿es una causa perdida para el público?

- No lo sé. Es una música en la que resulta más difícil entrar, pero aquí y en todos los lados. También creo que tiene que haber un esfuerzo por parte tanto de los intérpretes como de los propios compositores para, no digo amoldar su música porque la creación es libre, buscar mayor cercanía con el público. Si va a suponer que se pierda la esencia, no, pero, chico, hay que hacer un esfuerzo.

- ¿Qué tal ha funcionado el auditorio de Musikene, que se estrenaba como escenario de Quincena en esta edición?

- Ha sido con el ciclo de contemporánea, entonces, es difícil medir porque no son conciertos con grandes afluencias de pública. Ha habido la media de público de ese ciclo, en torno a unos 70 espectadores.

- Me refería a las prestaciones técnicas.

- Bien, bien... Lo único, yo no sé si está un poco alejado del centro.

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