Una línea en secular disputa

Mojón actual en la zona de Gebara, que tantos pleitos ocasionó en el pasado; al fondo, Txingudi Ikastola. / F. DE LA HERA

La frontera entre Irun y Hondarribia ha sido un histórico motivo de fricción desde la Edad Media

IÑIGO MORONDOIRUN.

La Corporación municipal, representada por el alcalde, José Antonio Santano, y los concejales Juncal Eizaguirre, Pedro Alegre, Carlos Reglado, Xabier Iridoy, Jokin Melida y José Cayetano Díez recorrió ayer el tercer tramo de los cuatro en los que se divide el perímetro del término municipal. Su camino les llevó desde las faldas de Peñas de Aia hasta cerca del Centro Comercial Txingudi, bordeando continuamente la frontera con Oiartzun.

Fue en los 80 del pasado siglo cuando el Consistorio retomó esta antigua tradición para, con una salida anual, visitar al cabo de un mandato los 88 hitos que definen el término municipal. Es puramente simbólico, pero no siempre fue así. El límite del suelo propio no es tontería y, siglos atrás, era importante que los munícipes velaran por el correcto posicionamiento de los mojones. En la parte montañosa del perímetro no solía haber problemas, pero, durante siglos, en el tramo que separa a Irun de Hondarribia (el que los corporativos recorrerán el año próximo) las piedras aparecían desplazadas, volcadas o incluso desaparecían.

Esa línea, desde Gaintxurizketa hasta las marismas de la desembocadura del Bidasoa, causó permanentes conflictos, discusiones, demandas y pleitos desde la Edad Media hasta mediados del siglo XIX. Aún hoy, cuando no existe debate ya sobre qué suelos son hondarribitarras y cuáles irundarras, estos seis kilómetros de frontera entre municipios siguen dando mucho que hablar.

Los límites de 1766

Allá por el siglo XVI, Irun iba dando pasos para superar su dependencia administrativa de Hondarribia y discutía permanentemente con ésta la propiedad de los suelos para que las rentas de explotación se pagaran a la universidad y no al Ayuntamiento de la villa amurallada. Perdió pleitos y ganó otros. Sentencia a sentencia se fue configurando un límite que ni hondarribitarras ni irundarras terminaban de aceptar y en el que había algunos caballos de batalla seculares, fundamentalmente, el robledal del caserío Gebara (cuya casa se ubicaba entre el Hospital Comarcal y Puiana, aproximadamente) como fuente de madera para el fuego de las ferrerías; los juncales, que una vez desecados eran fértiles tierras de cultivo, y el puente de Mendelu, único camino hasta Hondarribia.

Los mugarris que hoy delimitan la ciudad lucen en cada cara la inicial de la ciudad a la que está orientada. En los más antiguos, la Y para Irun (entonces Yrun), la L para Lesaka y Lezo, la O para Oiartzun y la F para Hondarribia (Fuenterrabía). En muchos es manifiesto también un grabado con la fecha de su instalación, 1766.

La cuestión es que aquel año Irun se convirtió en villa de pleno derecho, independiente de Hondarribia, gracias a la Real Cédula de Exención de Jurisdicción. En marzo llegó a Irun el corregidor enviado por la Diputación, Benito Antonio de Barreda, y entre sus muchos quehaceres para que se completara el proceso, Barreda debía determinar los límites de la nueva villa. Dedicó muchos días a ello, como recoge con detalle la edición de la Real Cédula que acompañada de las explicaciones y la contextualización de la archivera municipal, Sagrario Arrizabalaga, el Ayuntamiento publicó el pasado año con motivo del 250 aniversario. Barreda habló con vecinos de Yrun y las fronterizas villas de Lesaka, Oiartzun y Fuenterrabía para recoger testimonios sobre los límites y recorrió el perímetro junto al recién nombrado alcalde Olazabal para certificar las lindes y colocar nuevos mojones que resolvieran puntos dudosos.

No hubo problema hasta que afrontaron la muga con Hondarribia. Ésta e Irun mantenían intereses enfrentados e incompatibles y las villas cercanas aseguraban desconocer quién llevaba razón. La frontera hasta el molino de Urdanibia estaba más clara y costó menos al corregidor colocar los mugarris. Desde ahí hasta el Bidasoa, había una disputa casi por cada mojón. En un proceso que requirió varias jornadas, Barreda se guió por las sentencias de los numerosos pleitos previos y fue colocando las piedras favoreciendo en la mayoría de los casos los intereses irundarras. Al llegar al puente de Mendelu, sobre una regata hoy escondida bajo la rotonda de Zubimusu, y atendiendo a la Real Cédula, debía dejar éste en manos de Irun. Hondarribia volvió a protestar pues se trataba del único camino de acceso a la villa amurallada. De algo sirvieron las quejas esa vez, porque aunque el puente no cambió de manos, Barreda rectificó algunos de los mugarris colocados en días previos para dar más tierra a Hondarribia.

La carretera de la concordia

No acabó ahí, ni mucho menos, la disputa entre vecinos. Costosos pleitos para ambos Ayuntamientos se sucedieron durante casi un siglo más al objeto de delimitar, fundamentalmente, a quién debían pagar renta los labriegos de esas tierras. En 1842, con las relaciones entre los dos municipios mucho más normalizadas, se llegó por fin a un acuerdo que puso fin a los juicios. La piedra angular sobre la que se levantó el entendimiento fue la construcción de una carretera entre el puente de Amute y el mencionado de Mendelu, quizá la zona en la que la disputa era más enconada en aquel momento.

Terminaron así los juicios, pero no la necesidad de acordar. Los desarrollos urbanos han requerido que ambos municipios se entendieran y lo van a seguir requiriendo en el futuro. Cada ciudad ha tenido en cuenta a la otra a la hora de plantear qué hacer en los suelos limítrofes y los recientemente aprobados planes generales respectivos han coincidido, no por casualidad, sobre los usos futuros. Se trata del desarrollo del polo tecnológico de Zubieta, la expansión bidasotarra a medio-largo plazo del Parque Tecnológico Miramon. También de una zona deportiva a la que Irun pretende (de momento sigue siendo la opción prioritaria) trasladar las intalaciones de atletismo y rugby de Plaiaundi. El necesario Plan de Compatibilización de Usos que compete al vecino se está retrasando más de lo que los responsables municipales irundarras quisieran, así que aunque con una cordialidad que jamás hubo en el pasado, los problemas vecinales siguen existiendo.

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