Una herramienta para afrontar los retos de la crianza

Irune Hernández, Sergio Corchón, Jon Arruabarrena y Ana Elosegi, en la presentación. / F. DE LA HERA

En la iniciativa, gratuita y dirigida a padres y madres de niños y adolescentes, se forman grupos de reflexión que conducen un equipo de psicólogos. Las inscripciones al programa Gurasoekin están abiertas hasta el 16 de octubre

JOANA OCHOTECOIRUN.

Gurasoekin, un programa con dos décadas de andadura y por el que han pasado más de 1.300 personas, es una herramienta para afrontar la crianza de hijos e hijas. «Ser padre o madre no es tarea fácil», señalaba ayer el delegado de Bienestar social, Sergio Corchón, «y con este programa se quieren dar pautas concretas que atiendan las necesidades de los menores, sin olvidar la importancia de establecer normas claras, referencias y límites que ayuden al desarrollo de nuestros niños, niñas y adolescentes».

En la presentación de esta nueva edición de Gurasoekin, el delegado estuvo acompañado por la técnico de Prevención Irune Hernández y los terapeutas Ana Elosegi y Jon Arruabarrena. El programa es gratuito y los interesados pueden apuntarse, hasta el 16 de octubre, a través de la web www.irun.org y llamando a los teléfonos 010 o 943 50 51 52. Además, el 28 de septiembre, a las 19.00 en el Centro Palmera Montero, tendrá lugar una jornada informativa sobre el programa dirigida a todos los interesados.

Criar a un hijo «tiene muchos momentos gratificantes, pero también se generan roces en cada etapa de la evolución de los menores», explicó Irune Hernández. La técnico destacó que «a la par que les enseñan, los padres y madres también aprenden», si bien «se generan dudas y a veces no se sabe cómo dar una respuesta adecuada» a los retos que surgen. Para ayudar a canalizar estas situaciones «se creó Gurasoekin».

El programa se lleva a la práctica conformando distintos grupos, algunos con horario de mañana y otros de tarde, que se organizan en función de las edades de los menores: hay grupos para padres y madres de niños de 0 a 6 años, para quienes tienen hijos de 7 a 11 años y también grupos de padres y madres de adolescentes. Algunos se reúnen semanalmente y otros cada dos semanas. Los participantes comparten sus experiencias y, con el apoyo de los psicólogos, van canalizando y dando respuesta a los retos que se plantean.

Irune Fernández recordó que, si bien existen muchos tipos diferentes de familias además de la tradicional (monoparentales, reconstituidas, adoptivas o que acogen menores temporalmente, homoparentales, multiculturales), todas ellas comparten el objetivo de «cumplir sus funciones básicas de apoyo al desarrollo saludable de todos los miembros de la familia. En el programa Gurasoekin tienen cabida todas, y se busca que haya un buen entendimiento, promocionando las relaciones positivas de los diferentes miembros».

Mirar al interior de cada uno

Ana Elosegi incidió en los objetivos específicos que se pretenden cumplir a través del programa: «potenciar la comunicación positiva en la familia, desarrollar la capacidad de empatía hacia los hijos e hijas, establecer normas y límites consistentes y adecuados a su edad, fomentar la regulación y autocontrol de los impulsos, promover una supervisión adecuada y potenciar la elaboración de estrategias para la resolución de conflictos». Pero además, «los grupos son espacios para la reflexión, para pensar y mirar hacia el interior de cada uno; y no sólo entender por qué un niño se comporta de una determinada manera, sino también qué nos pasa a nosotros ante esos comportamientos», explicó la psicóloga. Por ello, los profesionales que conducen las sesiones invitan a los padres y madres participantes a que se pregunten a si mismos «cómo gestionan sus propias emociones, qué modelo de identificación transmiten a sus hijos...». Asimismo, Ana Elosegi subrayó la importancia de estos grupos como «herramienta de prevención».

Jon Arruabarrena incidió en el trabajo que se realiza en los grupos de padres y madres de adolescentes: «la metodología, estructura y dinamización es la misma» que en los demás, pero se abordan «las características específicas» de la etapa vital por la que atraviesan los hijos e hijas. Se trabaja también «qué les sucede a los padres y madres cuando el que era su niño pequeño ha crecido, cuando cambia la forma de comunicarse...». En ocasiones, se percibe al adolescente «desafiante, pasota... Y se hace difícil comprender que todo eso es un proceso normal y natural», explicó el psicólogo.

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