Bienestar social intervino en 208 casos de desprotección infantil el año pasado

Amaia Zubialde, Mila Holgado, Sergio Corchón, Rafaela Guillén y Alberto Elejalde. /  F. DE LA HERA
Amaia Zubialde, Mila Holgado, Sergio Corchón, Rafaela Guillén y Alberto Elejalde. / F. DE LA HERA

68 de las familias aceptaron recibir apoyo terapéutico y educativo | Un total de diecisiete casos fueron derivados a la Diputación ante la gravedad de los mismos

JOANA OCHOTECO IRUN.

El área de Bienestar social relizó el año pasado 208 intervenciones en el ámbito de la desprotección infantil. Un equipo formado por cuatro trabajadores sociales se dedica, exclusivamente, a este tipo de casos. El delegado de Bienestar social, Sergio Corchón; la responsable de Atención Primaria, Mila Holgado; y tres de los trabajadores, Alberto Elejalde, Rafaela Guillén y Amaia Zubialde, presentaron ayer el balance de 2017 del servicio.

De esas 208 intervenciones, 110 eran casos nuevos, mientras que los restantes venían de años anteriores. 68 de las familias, cuyos menores se encontraban en un nivel de desprotección entre leve y moderado, aceptaron participar en un programa de intervención a través del que recibieron apoyo psicológico y educativo. Este servicio «es gratuito», pero los padres y madres deben acogerse voluntariamente al mismo, según concretó Mila Holgado.

Diecisiete de los casos atendidos el año pasado presentaban situaciones de desprotección «de gravedad» y tuvieron que ser derivados a los servicios especializados de la Diputación Foral.

El recurso de apoyo que se ofrece a las familias «consigue beneficios» y la situación «mejora»

Trabajo en red

Por otra parte, en 2017 los centros escolares remitieron a servicios sociales 305 partes de absentismo. En estos casos, no necesariamente hay una situación de desprotección: «el absentimo puede dar pie a pensar que algo está fallando» pero, como señaló Rafaela Guillén, «en muchos de estos casos, con dar unas pautas a las familias y derivar a programas como Gurasoekin, los casos se reconducen sin necesidad de otros apoyos más intensivos».

En el ámbito de la desprotección de menores se hace imprescindible la coordinación y un trabajo en red. Como explicaba Mila Holgado, un menor no suele acudir por sí mismo a los servicios sociales, por lo que el departamento municipal trabaja en coordinación con los centros escolares y de salud. Profesores y médicos, que tienen un trato directo con los menores, informan a Bienestar social cuando detectan algún posible caso de desprotección. «El trabajo en red es fundamental», añadió Sergio Corchón. También se cuenta con la colaboración de los servicios policiales.

Bienestar social tiene suscritos sendos protocolos con el departamento de Educación del Gobierno Vasco y Osakidetza. En el marco de los mismos, se ha realizado «una labor de formación y sensibilización muy importante» con los profesionales de la educación y de la salud; abordando, por ejemplo, los indicadores que hacen a un caso susceptible de ser derivado a los servicios sociales. «No todas las situaciones que detectan son, finalmente, de desprotección», señaló Mila Holgado, por lo que se cuenta siempre con el asesoramiento de los trabajadores sociales.

Detección precoz

Tanto el delegado de Bienestar social como la responsable de Atención primaria incidieron en la importancia del trabajo preventivo y la detección precoz. Estos parámetros «son fundamentales en los servicios sociales en general, pero más aún si cabe cuando hablamos de menores y de situaciones de desprotección infantil», señaló Sergio Corchón. «Está demostrado que cuando intervenimos en una familia lo antes posible, anticipándonos, el pronóstico es mucho más certero y positivo», añadió Mila Holgado.

La responsable explicó que, cuando se detecta que un menor puede estar sufriendo desprotección, «la trabajadora social que es referente de ese caso da apoyo a la familia en toda su dimensión». Educadores sociales ayudan a las familias a trabajar «la faceta instrumental, su día a día» de modo que «esos factores de riesgo se mitiguen o desaparezcan. En definitiva», señaló Mila Holgado, se trabaja para «favorecer el bienestar de los niños y niñas». Desde el departamento se valora «muy positivamente» este recurso, «porque vemos que consigue beneficios y que la situación de las familias» atendidas «mejora».

Además del citado apoyo terapéutico y educativo, el área de Bienestar social tiene otros recursos para abordar estos casos, como los programas Gurasoekin, de apoyo a adolescentes y de medio abierto, entre otros. «Hay que identificar cuál es la situación de cada familia y, después de hacer un diagnóstico, determinar qué recursos son los más adecuados» para ayudarla.

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