Artes en la ribera del Bidasoa

Danza contemporánea. Leire Otamendi y Oihana Vesga bailaron a mediodía junto al skatepark de Santiago. / F. DE LA HERA

Propuestas creativas contemporáneas rodearon ayer la orilla irundarra del río gracias a la iniciativa Ribera 2017

IÑIGO MORONDOIRUN.

El río Bidasoa ha sido clave en la historia de la ciudad. Aunque por su condición de límite de la misma el urbanismo irundarra lo ha ido convirtiendo en una especie de patio trasero, hace ya un tiempo que el Ayuntamiento mostró su intención de rectificar la tendencia.

Hay muchas formas de hacer de las aguas del Bidasoa un referente y la apuesta cultural Ribera es una de ellas. La iniciativa arrancó el pasado año, pero el salto en esta segunda edición ha sido evidente. Ocho agrupaciones de artistas, algunos locales, otros cercanos, configuraron en colaboración con el área municipal de Cultura un programa multidisciplinar de arte contemporáneo (instalaciones, murales, música, proyecciones, encuentros relacionados con el teatro...) que se desarrolló a lo largo de la jornada de ayer. El objetivo era inundar de creatividad artística los aledaños del río, ocupando diversos espacios, incluso proponiendo actividades itinerantes como Kubo Beltza Project, una bici de tres ruedas con caja en la parte delantera desde la que un altavoz proyectaba frases relacionadas con la historia de Irun desde la perspectiva de su condición fronteriza.

El festival ha cambiado el aspecto de los muros del puente sobre el canal de Dunboa

Nuevos murales

No sólo se habló de río y muga. Ribera retó a los artistas participantes a dibujar un camino desde su arte hacia la memoria histórica, lo que se aprovechó para realizar un homenaje a las cerilleras irundarras.

Algunas de las acciones fueron efímeras, pero otras llegaron para quedarse. Es el caso de las paredes interiores del puente de la variante sobre el canal de Dunboa, que se remodelaron estéticamente de la mano de Garikoitz Murua, de la tolosarra GKo Gallery. «Son dos paredes en las que he querido hablar de esa situación de Irun en una frontera que divide Euskal Herria», explicaba el propio artista. En la del lado del Stadium Gal, «propongo una visión más local: el puente, la frontera que hubo y aunque ya no está aún existe, la piedra de Oteiza que marca el límite...». Juegos de palabras y alegorías configuran la decoración de Murua para este espacio a la que añadió una «imagen del Alarde. Más allá de la polémica, me parecía interesante porque es de 1978 (el año en que nací, mi año cero), es una referencia clara a Irun y, aunque traslada la idea de la frontera interna, es de la compañía Buenos Amigos, que es lo que creo que siguen siendo los irundarras».

Enfrente, en el lado de Osinbiribil, Murua apostó por hacer «un guiño a la referencia sobre los refugiados que había antes de que hiciéramos esta intervención. Elegí una foto del 36 de gente saliendo de Irun». Aquella fecha, 1936, plasmada junto a 2017 en el muro, «nos muestra que las cosas no han cambiado tanto. Sigue habiendo refugiados». Otras referencias, como una bandera europea que sustituye sus estrellas por 'smilies' (amarillas caras sonrientes), completan la escena.

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