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El bosque herido

Un año después, las secuelas del ciclón 'Klaus', que causó daños en Gipuzkoa, siguen a la vista en Las Landas, epicentro de la catástrofe

24.01.10 - 02:21 -
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El inmenso bosque landés, paisaje natural y principal sustento económico de la región vecina, es hoy un gigantesco cementerio de troncos destartalados en campos y pistas forestales, una tierra baldía en la que el único ruido que se escucha es el de las motosierras y grúas mecanizadas que talan, apilan y transportan millones y millones de pinos muertos. Si en enero del año pasado, tras la furia del ciclón 'Klaus', alguien dijo que la arboleda caída se parecía a un mikado gigante visto desde el aire, hoy la fotografía aérea se asemeja más a gigantescas dunas de madera que crecen y crecen a lo alto, aunque esa imagen sólo la pueden certificar las bandadas de grullas que atraviesan el cielo despejado de una mañana de viernes, camino del norte de Europa.
A pie de la carretera hacia Sabres, un pueblo que parece salido del lejano Oeste en pleno corazón del parque natural de Las Landas, los almacenes de troncos se han convertido en el símbolo de las heridas abiertas por el vendaval de hace un año. Los vientos huracanados de 'Klaus' barrieron la costa guipuzcoana la noche del 23 al 24 de enero y se cebaron con el bosque francés, epicentro del ciclón, donde fueron derribados 40 millones de metros cúbicos de árboles, el 60% de la superficie forestal de la región. Una catástrofe natural que, además, hundió al sector maderero, del que viven la mayoría de familias de la zona. «Aquí o trabajas de cajera de supermercado o buscas empleo en la madera», resume Christine Tamazayeff, responsable del pesado de camiones del almacén de troncos de Commensacq, uno de los dieciocho que se habilitaron en Las Landas para guardar los árboles cortados de los pinares arrasados.
Dos tercios por recoger
Un año después del paso del ciclón, las tareas de limpieza de la 'zona cero' landesa están lejos de haber terminado. De los 40 millones de madera devastada, doce han sido ya extraídos, cuando lo normal es cortar una media de entre siete y nueve millones de metros cúbicos al año. Quedan todavía dos tercios de la superficie caída por recoger. «Aquí hay trabajo para un rato largo», confirma Daniel Zubillaga, que trabaja en la empresa familiar Maderas Zubillaga, con sede en Lei-tza.
Daniel, que ejerce de guía en este viaje por el bosque herido, recorre a diario los 200 kilómetros que separan Leitza de Sabres para supervisar el trabajo de las dos cuadrillas de leñadores desplazadas en dos puntos de la geografía landesa: Ygos-Saint Saturnin y Garein, a una veintena de kilómetros de Mont-de-Marsan. Como ellos, empresas de toda Europa se han trasladado hasta la región para aprovechar la materia prima que se amontona sobre los extensos pinares. «Aquí estamos navarros, guipuzcoanos, franceses, alemanes y hasta eslovacos», enumera Daniel para dar cuenta del cambio de escenario del mercado. «Aunque pueda no entenderse, el ciclón nos ha ayudado a respirar», dice a renglón seguido mientras recorre con su '4x4' los pasillos embarrados del gigantesco almacén de troncos.
La explicación no resulta nada estrambótica, aunque sí paradójica. Antes del 'Klaus', la crisis de la construcción había dejado tocado al sector, con los precios de la madera en caída libre. A principios del año pasado, el ciclón remató esa agonía y paralizó el mercado internacional. Sin embargo, muchas de las empresas encontraron en Las Landas un alivio económico para la temporada. «Los precios son insostenibles -han caído entre un 50 y 80%- pero al menos tenemos trabajo», resuelve Daniel, a quien da la razón Christine. «Ya es desgracia pero, sin el ciclón, quizá hoy no tendríamos empleo». El problema es que este oasis en mitad del desierto puede significar «pan para hoy y hambre para mañana», incide Daniel, muy preocupado por el futuro del sector forestalista que se vislumbra «muy negro». «¿Qué va a pasar con toda esta madera almacenada? ¿Y cuando se termine de recoger lo que queda en el bosque?», se preguntan casi al unísono.
Los silvicultores franceses han aprovechado el primer aniversario del 'Klaus' para hacer balance. Y éste no puede ser peor. Pese a las millonarias ayudas del Gobierno francés, que puso en marcha un plan de recuperación en la zona, el principal sindicato del sector se quejó esta semana de que «se han reído de nosotros». De los 600 millones de euros en préstamos garantizados para almacenar la madera, los leñadores «no han visto casi ni un céntimo», denunció Christian Pinaudau, secretario del sindicato de silvicultores del Sud-Ouest, según recoge la agencia Reuters.
Los carteles plantados a un lado y otro de la carretera nacional de Sabres, con un trasiego de camiones similar a la N-I, no dejan lugar a dudas. «Leñadores perjudicados y no indemnizados», se lee desde la ventanilla del coche. «El enfado es manifiesto», señala Christine. «Nadie sabe cuándo se va a recobrar la normalidad», añade junto a Patrice Le-Bris, responsable del almacén que gestiona la Société Forestière, una empresa dedicada a la explotación forestal.
Cómo mantener la madera
Pese al desánimo generalizado, el esfuerzo colectivo para salvar la actividad en el bosque se mantiene invicto. La solidaridad de los primeros días tras la tempestad se ha convertido ahora en una cadena de trabajo de la que sacan provecho todos los vecinos de la región. Los propietarios de los pinares arrasados alquilan sus terrenos a los leñadores; estos cortan y trasladan la madera a uno de los dieciocho almacenes instalados en Las Landas. Allí, un ejército de trabajadores ordena y controla el mantenimiento de los millones de troncos que nadie sabe cuándo van a tener salida. Dicen que en las instalaciones de Mimizan, muy cerca de Sabres, todavía quedaban troncos almacenados del anterior ciclón que asoló las Landas en 1999 cuando tuvo que reabrirse de urgencia tras el paso del 'Klaus'.
Los principales esfuerzos se centran ahora en conservar en buenas condiciones el producto. Un sistema con enormes tuberías que serpentean por los pasillos del almacén riega los troncos para mantenerlos en la humedad correcta y evitar así que aparezcan los temidos hongos, lo que daría al traste con la calidad de la madera que ya no serviría para la venta. A ese escenario se están aferrando los forestalistas de Gipuzkoa y el resto de Euskadi, donde se ha empezado a cortar «algo de madera», un año después del ciclón, informa Fernando Otazua, presidente de la asociación de propietarios forestales de Gipuzkoa. «Los millones de troncos que quedan aún en los bosques no tienen las mismas características que la madera nueva, verde y fresca de nuestros montes», explica Otazua que insiste en «no querer lanzar las campanas al vuelo», porque el futuro sigue incierto.
La repercusión económica que el ciclón ha tenido en el mercado no será la única secuela. El bosque tardará años en recuperarse de la catástrofe ecológica de 2009. La reconstrucción será lenta y puede que ingrata. A ningún vecino landés se le olvida remarcar que la caprichosa madre naturaleza ha querido cebarse con la región dos veces en sólo diez años. Cuando apenas sacaban cabeza de «la tempestad del siglo», en 1999, apareció 'Klaus'. ¿Habrá una próxima vez?
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Almacén gigante. Dieciocho almacenes de madera fueron habilitados en Las Landas para depositar los millones de troncos recogidos del bosque. En la imagen, el depósito de Commensacq.

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Motosierra. Simón prepara los troncos que luego son troceados.

A máquina. Aitor Zubillaga, en la cabina de la sierra mecanizada.

Todo bajo control. Daniel Zubillaga mide uno de los troncos.

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