El 'macho alfa' de La Manada

Agustín Martínez Becerra, abogado de cuatro de los cinco procesados. /EFE
Agustín Martínez Becerra, abogado de cuatro de los cinco procesados. / EFE

Padre, golfista y lector de Murakami, el abogado defensor de cuatro de los condenados se curtió en tribunales y platós de Sevilla

DOMÉNICO CHIAPPE

Las tertulias de fútbol fueron la escuela escénica del abogado Agustín Martínez Becerra, quien, antes de defender a cuatro de los miembros de La Manada, salía en la televisión regional andaluza como apasionado hincha del Sevilla F. C. frente a antagonistas del Betis. Acaloradas disputas en las que se curtió hace más de 15 años, en programas como 'Con las botas puestas', donde ensayaba, con ágil labia, una retórica frente a las cámaras: alternar argumentos técnicos con menosprecios a su interlocutor. «Vosotros hacéis tal interpretación de la realidad que, a veces, es hilarante», decía en uno de estos programas.

Por su afición al Sevilla F.C. denunció a uno de sus presidentes, José Castro, y conoció a José María Aguilar, lugarteniente de la peña ultra 'Biris Norte', quien le pide representar a José Ángel Prenda. «Entendió que yo podía encargarme de la defensa. Me llamó un 9 de julio. Yo ni siquiera había visto las noticias», confirma Martínez Becerra, que se autodefine como un «humilde abogado de provincias» con un «pequeñito despacho» en una primera planta de una céntrica avenida de la ciudad, que comparte con su esposa, Manuela Martín, directora de Manel Detectives desde principios de los noventa. Un nexo que levantó sospechas cuando la defensa presentó un informe sobre la vida privada de la víctima. «La empresa de detectives la contrató el letrado Juan Canales. Quiero dejar perfectamente claro que mi mujer no tuvo ninguna participación. Pudimos haberlo hecho, pero no queríamos perder la imparcialidad. No era lógico que lo hiciera ella», explica.

Padre de una hija y un hijo, cuyas conversaciones de sobremesa prefiere mantener en la estricta intimidad, Martínez Becerra tiene «un trato exquisito» detrás de cámara, asegura una de las personas que ha coincidido con él, e incluso habla del caso con naturalidad. Está convencido de la versión que sostienen sus defendidos: no hubo violación. Pero cuando se encienden los focos, se transforma con notable uso de las inflexiones de voz, de la gestualidad, de la imagen. Como en la época de las tertulias futboleras, menoscaba la posición de su interlocutor con señalamientos personales: desconocimiento de las leyes, posiciones feministas, mala praxis periodística o simple sandez. Conduce al terreno del careo. «No lo planteo así», refuta Martínez Becerra, que se graduó en 1985 en la Universidad de Sevilla, está colegiado con el número 6287 y se declara lector de Murakami y Machado. «Estos debates se organizan como un fusilamiento de mi persona. Yo primero escucho cómo se ataca y a partir de ahí intento defender jurídicamente y, en muchas ocasiones, explicándoles a determinadas personas que no saben de lo que están hablando o no entienden la trascendencia de lo que dicen».

Otros casos

Como cualquier abogado penalista, ha confrontado otros casos de violencia machista. Uno de ellos logró la atención de la prensa local en 2013. Una «procuradora de tribunales» denunciaba a su marido por años de«maltrato físico y psicológico». Enfrentado el acusado a 30 meses de cárcel, Martínez Becerra logró su absolución al sembrar «serias dudas sobre la veracidad de las imputaciones», una línea legal que repite ahora. Del caso de La Manada opina que «no es más que la utilización política de un terremoto que se forma en Pamplona cuyas ondas llegan al resto del país».

Ajeno a la intimidación, las alocuciones de este exalumno de un colegio de la congregación de misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús suelen generar reacciones encendidas. A finales de abril, por ejemplo, al llegar al juzgado de Pamplona, un grupo de mujeres le increpaba: «chupacámara», «chulo», «machista», «qué cara tienes». Él, siempre afeitado y vestido de traje, se detenía unos pasos más allá para declarar ante una veintena de micrófonos, como si se interpusiera entre el peligro y los suyos. Si sus clientes son una manada, él es el 'macho alfa', una definición que le irrita: «Yo soy el abogado de cuatro personas. La Manada para mí es una marca comercial, un concepto que no existe. Ni yo soy su líder, ni tengo nada que ver con ese grupo».

Aficionado al golf, deporte en el que asegura tener un buen 'handicap', Martínez Becerra nunca ha pedido cobrar ni ha aceptado cuando se lo han ofrecido, revela un productor. Varios analistas coinciden en señalar que, en términos mediáticos, sin Martínez Becerra el caso de La Manada se hubiera disuelto en la actualidad, como la centena de violaciones mensuales que se denuncian en España. Y él, a pesar de estar «agotado de televisión, que es una bronca», muestra gran disposición a aparecer en estos programas. La audiencia, mientras tanto, responde bien.

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