La generación centúrica en Illunbe

Cuatro toreros nacidos en la década de los 90. Adame, Juan Leal, Román y Ginés Marín en el Palacio de Miramar un día de julio./Sara Santos
Cuatro toreros nacidos en la década de los 90. Adame, Juan Leal, Román y Ginés Marín en el Palacio de Miramar un día de julio. / Sara Santos

Cinco toreros nacidos en la última década del siglo XX, llamados a liderar la tauromaquia del XXI, presentan su arte, sus cicatrices y su temple en la Feria de 2019

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

A día de hoy, el escalafón taurino, el 'Top 113' de los matadores en activo este 2019, lo encabeza El Juli, empatado a 23 festejos con Castella. En tercer y cuarto lugar con 21, Perera y el Morante de las verónicas celestiales. Quinto es el Cayetano rondeño con 18, pero ya en el sexto puesto aparece con 19 un Pablo Aguado que mañana hará en Illunbe el paseillo desmonterado pues será su presentación en Donostia. Aguado, que abrió la Puerta del Príncipe de la Real Maestranza de Caballería de la ciudad de la Esperanza de Triana. Ginés Marín, que toreó despaciosamente en Azpeitia, está colocado el undécimo, empatado a 17 festejos lidiados con un Roca Rey alejado de los ruedos por una lesión en el cuello. En las posiciones 31, 33 y 39, Román, Luis David y Juan Leal, las tres apuestas de Casa Chopera para el viernes. Apuesta redondeada con la de las reses de Torrealta, toros jerezanos entipados y encastados siguiendo las directrices y el criterio de una ganadera también rematadamente joven, Pilar Prado Benítez, graduada en 2018 en Dirección yAdministración de Empresas por las universidades de Lancaster y Comillas.

Pilar Prado, tercera generación de la ganadería Torrealta.
Pilar Prado, tercera generación de la ganadería Torrealta. / Sara Santos

Pablo Aguado (Sevilla. 1991), Ginés Marín (Jerez, 1997), Román (Valencia, 1993), Luis David (Aguas Calientes, México, 1997) y Juan Leal (Arlés, 1991) están llamados a liderar y revolucionar la tauromaquia del siglo XXI. Pertenecen a esa generación que los sociólogos y las enciclopedias denominan la 'cohorte demográfica posmilénica', dicha también 'centúrica'. Son la Generación Z. Esos 'centennials' de Illunbe 2019 saben que el público los mira como renovadores de esa musica callada del toreo que decía Bergamín.

No dejarse nada

Sabe lo que es triunfar en Donostia. Recibió la Concha de Oro en 2017 por su faena a un toro del Parralejo. Desde la institución de dicho trofeo en 1965, ha sido el torero más joven en conseguirlo. Cuando se presentó ese mismo año en Palencia con los Zalduendo las crónicas situaron a Luis David entre «los que van a mandar en el escalafón». Este julio estuvo, triunfante, en Pamplona por vez primera. Se acercó a Iruñea como lo hace a Ilunbe, «Desde el inicio salgo con la intención de no dejarme nada dentro» ¿Un recuerdo? Aquella tanda de naturales que le dio este mayo en Madrid a un Montalvo. «No corté orejas pero di una vuelta al ruedo a petición del público. Yo me había dejado ir con ese toro. Sentía su bravura y su raza en mi muleta».

Querer pasar 'esa' raya

En 2017, en una tarde lluviosa de Bilbao, Román toreó un Miura descomunal (657 kilos) y lo hizo con una izquierda sobrenatural. En 2018 otro Miura le puso los pitones en el corbatín. En San Isidro 2019 un Baltasar Ibán le seccionó la femoral y cuenta que cuando le empitonaba pensó en Fandiño, el torero pelotari de Orduña a quien mató un toro de esa ganadería. Román creyó morir. Ahora disfruta más de la vida porque sabe que «en cualquier momento te puedes ir». No se arrepiente de nada, «es cierto, el toro te coge siempre por culpa tuya pero yo en Las Ventas quería pasar 'esa' raya, la que si no te mata te da la felicidad. Había cuajado una faena emocionante. Y con la espada fui a por la gloria. Pagué un precio pero he conseguido el respeto de muchos. Y he vuelto con más ganas. Las ferias que he perdido las he pasado pensando en el toro. Reaparecí en Valencia y noté que si antes me podía el ansia de torear ahora solo quiero sentir mi toreo».

Un 'Poeta' para Ginés

Marín, el jerezano, vuelve contento a Illunbe no solo porque no olvida la categoría de la ciudad, su plaza y su afición sino también porque se siente a gusto en un cartel «poco habitual, con jóvenes que han triunfado en cosos grandes». Quiere ser «torero amplio y comprometido; de esos que nadie pueda encasillar» y guarda en la memoria el recorrido y la exigencia de uno de sus Garcigrande de Las Ventas, 'Poeta'. También de aquel Daniel Ruiz en Olivenza.

Toros que abren puertas

Juan Leal se llama Steeven Jean Groux Leal y nació en el Arlés de Van Gogh y Bizet. Juan sabe que ese trigésimo noveno puesto suyo en el escalafón taurino tiene un precio. Como lo saben esos otros 41 toreros que no lucen más de un festejo en su casilla. El precio es aceptar lo que otros no osan, las corridas más duras. A Juan enfrentarse con la miurada en Bilbao en 2018 y pisar por primera vez Pamplona este julio para recibir a puerta gayola a una de esas reses mitológicas le ha abierto «muchas puertas. Las de Las Ventas, las de Azpeitia. Los Miura, a los que hay que entender y buscarles «ni uno más de pases que tienen antes de que desarrollen sentido». A cambio, «te dan prestigio y te enseñan mucho. Salir con bien de un encuentro con ellos, te ilusiona, te mejora» Pero el torero de ganaderías duras siempre sueña con « esos toros que embisten con regularidad». Será en Illunbe. Será, para él, con los Torrealta.

«Comparto cartel con los grandes, sí, pero no puedo dejarme ganar la pelea»

Pablo Aguado reconocía hace bien poco en el Peine del Viento que la tauromaquia está abocada por ley de vida y de arte a un «cambio generacional y, quizás, a una vuelta al clasicismo». Ser uno de los modelos de esa metamorfosis representa para él una responsabilidad «grande y motivadora». Motivadora por 'ilusionante'. Tremenda porque formar parte de la regeneración del toreo implica «dar la cara en todos los sitios y al máximo nivel». Se reconoce 'ambicioso'. Admite «querer siempre más». Sabe que en Sevilla la gente le aclamó como solo se aclama a los reyes del ruedo pero él lo tiene muy claro: «Aquella corrida de mayo forma ya parte delpasado y de eso no vive un torero». Porque luego vino San Isidro y fue también «tarde mágica». Porque desde entonces el teléfono de su apoderado no ha dejado de sonar. Porque en la feria de las Colombinas su galleo por chicuelinas a un Albarreal levantó clamores en la plaza donde compartía cartel con el de La Puebla, con Morante, y con ese David de Miranda que también pertenece a la generación centúrica y lo demostró, serio, en Azpeitia.

Illunbe representa para Pablo una de sus «ferias soñadas» y su debut en ella, propiciado por el triunfo en la Maestranza, por la sangre derramada en la Corrida de la Prensa en Madrid, por la torería demostrada en Huelva, la oportunidad de seguir viviendo la vida como quiere «en torero», reduciendo la tauromaquia «a la mínima expresión»