Mari Jose Porrino sigue en la plaza, «y lo que me queda»

Mari Jose Porrino, junto a los componentes de Stop Desahucios Bidasoa, ayer por la tarde. / DE LA HERA
Mari Jose Porrino, junto a los componentes de Stop Desahucios Bidasoa, ayer por la tarde. / DE LA HERA

Stop Desahucios Bidasoa convocó ayer una cacerolada en apoyo a esta irunesa afectada por un cáncer y que reclama una vivienda digna

JOANA OCHOTECO IRUN.

Ayer, cuando se cumplían 25 días desde que Mari Jose Porrino se instaló en la plaza San Juan para reivindicar «una vivienda digna», su demanda sonó más fuerte a través de la cacerolada que convocó Stop Desahucios Bidasoa. Esta irunesa, que padece un cáncer, aseguró que no va a cejar en su objetivo y, ayer por la tarde, Stop Desahucios Bidasoa convocó una concentración y cacerolada para apoyarla.

«Llevo veinticinco días aquí, y nada. Ni siquiera me llaman», explicaba ayer Mari Jose. Cada día acude a la plaza San Juan, donde pasa buena parte del día y recoge firmas de apoyo. Casi un mes, «y lo que me queda. El siguiente paso es coger las cosas de mi casa», un piso compartido en el que ella y su hija de doce años duermen en una misma habitación, «e irme ahí a dormir», decía, señalando los soportales del Ayuntamiento. Mari Jose Porrino pide al consistorio irunés «que haga algo, que presione al Gobierno Vasco. No quiero nada gratis», apuntaba. «Yo quiero pagar un piso».

Todos estos días acampada en la plaza no han hecho mella en su ánimo: «Cada vez tengo más fuerzas, y voy a ir a por todas», afirmó con rotundidad Mari Jose. Además de estar cada día frente al Ayuntamiento, esta irunesa intervino también en el último pleno de Irun para volver a reivindicar sus demandas.

A la espera de que el Gobierno Vasco resuelva su solicitud de una vivienda social de adjudicación directa o que encuentre un alquiler libre al que pueda hacer frente, el Ayuntamiento le ha ofrecido una vivienda de emergencia social en la que, de momento, podrían vivir solas ella, su hija y su madre. Mari Jose Porrino considera que esta «no es una solución viable», debido a que, si se diera un caso de emergencia, otras personas podrían necesitar acceder a dicha vivienda y debería compartirla. Ella reclama «una solución adecuada» a su situación y reitera que «no quiero nada gratis», sino que quiere «pagar» una vivienda digna.