Correr por encima de nuestras posibilidades

El keniano Eliud Kipchoge batió el récord del mundo de maratón con un crono de 2h01:39, lo que supone completar cada kilómetro a una media inferior a los dos minutos y 53 segundos

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Eliud Kipchoge, instantes después de cruzar la línea de meta en Berlín. / Reuters
Karel López
KAREL LÓPEZ

Correr, un deporte que muchos practican y que unos pocos tienen la suerte de poder convertir en arte. Correr, una actividad desarrollada por muchos y que unos pocos tienen la posibilidad de convertir en vuelo... Porque lo que Eliud Kipchoge hizo en el Maratón de Berlín no es correr, sino volar.

El atleta keniano batió en la prestigiosa maratón de la capital alemana el récord del mundo de la distancia. 42,195 kilómetros en 2h01:39. Kipchoge, campeón del mundo en pista (5.000 metros) en 2003 y campeón olímpico de maratón en Río 2016, se doctoró en Berlín mejorando en un minuto y dieciocho segundos la plusmarca que poseía su compatriota Kimetto desde 2014. ¡Un minuto y dieciocho segundos! Practicamente 500 metros a esos ritmos infernales en los que solo unos pocos elegidos pueden correr. Desde 1967, año en que el australiano Derek Clayton completó los 42.195 metros en 2h09:36 cuando la plusmarca era 2h12:00 (del japonés Morio Shigematsu, que se lo había quitado al etíope Abebe Bikila), nadie le había metido un mordisco tan inmenso al récord.

Lo que hizo Kipchoge en Berlín, insisto, son palabras mayores. Significa correr por encima de nuestras posibilidades, incluso si le acompañaramos durante un solo kilómetro. ¿Cuántos pueden completar mil metros en dos minutos y 53 segundos? ¿Cuántos pueden correr la segunda media maratón más rápida que la primera? ¿Cuántos...? Por cierto, este año, todos los 'finishers' han recibido una medalla con el rostro de la figura.

Kipchoge, acompañado de las liebres, en los primeros kilómetros de la prueba.
Kipchoge, acompañado de las liebres, en los primeros kilómetros de la prueba. / AFP

Lo sorprendente del asunto, más allá de la marca extraterrestre que logró, es que lo hizo sin ayuda desde el kilómetro 25. Kipchoge demostró una vez más que el límite del ser humano está aún por descubrir. Su récord, quizás, tenga ciertas similitudes con el de Usain Bolt. ¿Por qué? Porque su plusmarca puede que aguante décadas en los libros, porque es historia del deporte y porque, tal vez, solo él esté capacitado para mejorarlo. Quizás...

Pero me explico. Cuando el jamaicano corrió en los Juegos de Pekín 2008 en 9.69, abriendo los brazos antes de llegar, estaba claro que ese crono sería batido por él mismo. Lo hizo un año después precisamente en Berlín. 9.58 fue su tiempo, el mejor de siempre, el mejor de la historia. Nadie se ha acercado desde entonces. Solo el propio Bolt dio la sensación de poder mejorarlo, pero puede que no eligiera las mejores carreras para ello. En definitiva, el velocista caribeño y el fondista keniano tienen en común la virtud de dar la sensación de ser capaces de mejorar lo ya hecho.

Ritmos 'imposibles'

La magnitud de la gesta de Kipchoge no es comparable con ninguna otra del deporte porque cada una tiene lo suyo. Triunfar once veces en Roland Garros como ha hecho Nadal también es impresionante, la Premier cosechada por el Leicester también tiene un mérito enorme, el Mundial de rugby ganado por Sudáfrica en 1995...

Lo que sí podemos medir es lo que ha corrido el atleta keniano. Son ritmos 'imposibles'. Antes decía que ha completado cada kilómetro a una media inferior a 2:53 (20,8 km/h.). Pero es que los pasos por diferentes puntos del recorrido son de auténtico vértigo, y corriendo cada vez más rápido: 29:01 por el kilómetro diez, 28:55 entre el diez y el veinte, 28:49 entre el veinte y el treinta y 28:47 entre el treinta y el cuarenta.

El 2h01:39 de Kipchoge supone hacer de media en cada media, valga la redundancia, en 1h00:49 (nadie lo ha conseguido este año en España, ya que la mejor marca de la temporada la tiene Javi Guerra con 1h01:38, por 1h02:14 de Carles Castillejo, ganador de la Behobia-San Sebastián); cada diez kilómetros en 28:49; cada cinco kilómetros en 14:24; cada 400 (es decir, una vuelta a la pista) en 69 segundos; cada cien metros en 17.30 segundos...

El maratoniano africano, en sus doce participaciones hasta ahora en la distancia de Filípides, solo ha visto cómo en una no era él quien rompía la cinta de meta. Fue precisamente en la capital alemana en 2013, cuando fue Kipsang el protagonista batiendo el récord del mundo. En las otras once, la estrella ha sido él, siendo su peor registro el que le dio el oro olímpico en Río (2h08:44).

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