La ruta de los libros de José María Elósegui-Itxaso ya recorre el KM

Dos de los libros de la biblioteca de José Mari Elósegui-Itxaso /Unanue
Dos de los libros de la biblioteca de José Mari Elósegui-Itxaso / Unanue

El Koldo Mitxelena pone a disposición de los usuarios la biblioteca de antropología, geografía o literatura que reunió el viajero donostiarra

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO

«Viajaba para comprobar lo que había leído y por conocer al otro, le apasionaban las identidades culturales y la diversidad». Así define María Elósegui a su hermano José María Elósegui-Itxaso (San Sebastián, 1958-2015), viajero, documentalista, aventurero y apasionado lector cuya biblioteca ha sido donada al Koldo Mitxelena y ya está disponible para el público en el centro cultural.

De los 3.065 libros y 109 revistas del fondo se han incorporado 2.300 volúmenes a la biblioteca del KM, unos en las estanterías del centro y a disposición del público, y los más raros o valiosos en los depósitos del fondo de reserva, han explicado este jueves la responsable de la biblioteca Susana Araiz y la directora foral de Cultura, María José Telleria. Los libros del fondo son principalmente de viajes, exploraciones, literatura, geografía o antropología y muchos destacan por ser ediciones originales con llamativas ilustraciones de artistas.

Hace dos años la familia Elósegui-Itxaso ya depositó la biblioteca de José María en el Koldo Mitxelena para su examen y catalogación, y una vez finalizado el proceso los libros ya están a disposición de los lectores.

Destacados ilustradores

La variedad de géneros y autores, dentro de los temas habituales de interés de Elósegui, es amplia. Desde los volúmenes que Vicente Blasco Ibáñez dedicó a la descripción de su vuelta al mundo a otros libros viajeros de autores clásicos como Benito Pérez Galdós o Miguel de Unamuno. Pero también figuran autores contemporáneos como Fernando Savater, Soledad Puértolas, Mario Vargas Llosa o Josep Pla.

No faltan los clásicos de la literatura de aventuras y viajes, como Jules Verne, Robert Louis Stevenson, Emilio Salgari y Pierre Loti, y de sus visitas a Latinoamérica Elósegui también se trajo libros de autores com Francisco Coloane, Luis Sepúlveda o Virgilio Rodríguez Macal.

Muchos de estos ejemplares son de especial interés por tratarse de ediciones antiguas de editoriales como Severino Calleja, Cervantes o Prometeo, que tienen portadas realizadas por algunos de los mejores ilustradores de la época, como Penagos y Arturo Ballester, que Elósegui rastreaba en librerías de viejo.

Se cumple así el «deseo expreso» de Jose Mari Elósegui-Itxaso, quien murió en 2015 a causa de un tumor cerebral diagnosticado dos años antes y quiso que su biblioteca «estuviera disponible para todo el mundo» en un centro cultural que visitaba a menudo. Porque aunque viajó mucho, cuando estaba en su ciudad participaba de manera activa tanto en la vida cultural como en la deportiva: «Como triatleta, esquiador o montañero ganó medallas y premios».

José María realizó a menudo las rutas que había leído en los libros de antiguos exploradores, y en algunos ejemplares hay «anotaciones que a veces corregían lo que comprobaba que no era tal como estaba escrito», relata su hermana María. Cada uno de los libros lleva el sello de Elósegui-Itxaso, «para poder reconstruir la procedencia del fondo», señala Susana Araiz.

A falta de su propia literatura de viajes

Se lamenta Lucía Elósegui de que su hermano no llegara a escribir sus propios libros de ficción o de memorias basados en sus viajes. «Cuando te los contaba era como un poeta, y podía haber escrito libros como los de Javier Reverte, por ejemplo. Pero no le dio tiempo». Recuerdan sus hermanas algunas de sus frases o máximas, como «lo importante no es añadir años a la vida, sino vida a los años». O cuando decía que le gustaría dormir siempre al raso, y no en una habitación. También le recuerdan siempre entre libros. «A los viajes llevaba poco equipaje, pero nunca faltaba un saco lleno de libros. Y a la vuelta se traía además todos los que había comprado». Su «último viaje, el de la lucha contra el cáncer, lo vivió también leyendo, y sin perder su sentido del humor. Y viajando, porque fue a Yosemite, en Estados Unidos, aunque ya no estaba bien». Sí queda su obra como guionista y documentalista en series como 'La ruta de Africa' y 'La ruta de Samarcanda', que se pueden ver en internet en 'RTVE a la carta'. «Se documentaba muchísimo, no había nada improvisado, sino muchos meses de trabajo en esos guiones. Y «su manera de ver la vida, que también transmite la de otros», se basó en todos estos libros.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos