El 'bullying' y la violencia entre menores desatan el terror en 'Liverleaf'

El director Eisuke Naito y el productor Kimiaki Tasaka, con el cartel de su película 'Liverleaf'./JOSE USOZ
El director Eisuke Naito y el productor Kimiaki Tasaka, con el cartel de su película 'Liverleaf'. / JOSE USOZ

El director japonés Eisuke Naito, que ya trató los delitos juveniles en 'Puzzle', presentará esta tarde su nuevo filme

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

La relación de Japón con el Terror donostiarra es casi tan vieja como la propia existencia de la Semana. Son incontables los realizadores nipones que han ido conociendo y amando los espectadores, en vertientes realistas, fantásticas, salvajes, inocentes o animadas. Pero desde hace unos años la cordialidad institucional es oficial. Y si ayer ya se vio un coletazo de esa relación a través de unos cortos entre los que se encontraba explícito 'Donosti monogatari', hoy llega uno de los imprescindibles largometrajes nipones a la programación. Se titula 'Liverleaf' y ha sido dirigido por Eisuke Naito, que estará en el Principal para presentarla.

«En Japón hay muchos casos de violencia entre menores, y eso se ha reflejado a menudo en los cómics, como el que ha servido de base para mi película», explicaba ayer en San Sebastián el director Eisuke Naito, acompañado por el productor Kimiaki Tasaka. «Hay muchos casos de delitos y suicidios entre los menores, y a menudo tienen que ver con el 'bullying'», relata el director.

Y del 'bullying' a una chica que trata de graduarse en un instituto de un pueblo al que su familia se ha trasladado recientemente trata 'Liverleaf', que ya tiene en su título (se refiere a un planta del bosque) un apunte del estilo poético que el cineasta trata de imprimir a una película también impregnada de una violencia propia del terror.

Precisamente esa mezcla de melodrama y terror era una de las cosas que le interesaba plasmar a un director que ya trató psicopatías entre jóvenes en su anterior película, 'Puzzle' (2014). «Lo más importante para mí es el drama que se esconde en los casos en que un grupo acosa a una persona por ser diferente. Pero el drama desencadena la violencia de manera natural. Quería atender las expectativas de los espectadores del terror, pero también dar importancia al drama que hay detrás. Muchos niños en Japón no quieren ir a la escuela porque sufren 'bullying'. También quería abordar los problemas de familia que tienen a veces los agresores, y su horror cuando se dan cuenta de lo que han hecho».

Otro aspecto de la relación de la Semana con Japón es la proyección de tres de los cortometrajes participantes en el certamen que celebra el 150 aniversario de las relaciones diplomáticas entre Japón y España. Y entre los cortos seleccionados estaban 'Carmen', de Carmen Kobayashi, Quique Mañas y Jorge Montalbán; 'Mi nombre es Koji', de David Muñoz, que rinde un original y divertido homenaje a 'Mazinger Z'; y 'Donosti monogatari (express)', la versión condensada del corto rodado en San Sebastián sobre el encuentro de una mujer japonesa con un hombre al que pregunta por el museo Guggenheim, al creer que está en Bilbao.

Criaturas Saavedra

Ratas, cuervos, los niños poseídos del pueblo de los malditos, novias cadáver, zombis diversos y, cómo no, el monstruo de Frankenstein, reciben estos días en el hall del Victoria Eugenia a los espectadores, creando un ambiente tan acogedor como inquietante. Escaleras, balconada, pasillos... hasta la sala club utilizada para las ruedas de prensa se ha visto invadida por los múltiples descendientes del artista Alberto Saavedra, fallecido el año pasado, y que durante muchas ediciones provocó verdadera expectación («todo el mundo decía '¡a ver qué aparece este año en la fachada del Principal!», recuerdan sus hermanas) y mucho asombro y complicidad por el realismo, la gracia y la personalidad de todo ese imaginario del fantástico y el terror adaptado a su modo en forma de muñecos muy humanos.

«En Navidades nos regalaba a los de a familia una rata o un cuervo», recuerdan sonriendo Coro e Inma, hermanas de Tito Saavedra, como era conocido el artista donostiarra. «En nuestros balcones se puede observar más de uno».

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