Cien años del hundimiento del Lyndiane

El carguero francés Lyndiane, cargando en el puerto de Dakar (Senegal). /
El carguero francés Lyndiane, cargando en el puerto de Dakar (Senegal).

El carguero francés fue torpedeado por un submarino alemán en Sakoneta y en el naufragio perdieron la vida 35 personas

SARA UTRERA ZUMAIA.

Tal día como hoy hace 100 años, entre la noche del 16 y la madrugada del 17 de julio de 1918, a menos de tres meses del final de la Primera Guerra Mundial, un submarino alemán U-103 torpedeó y hundió al buque carguero francés Lyndiane, a la altura de Sakoneta entre Deba y Zumaia.

El zumaiarra Javier Carballo supo del hundimiento del 'Lyndiane' hace más de quince años a través de su amigo Ignacio San Miguel, instructor de buceo de la escuela Ksub de Getaria, quien le comentó que tenía localizado el pecio de un barco hundido por un submarino y que era conocido por los arrantzales de Mutriku y Getaria como 'El Avellanero' y que se creía que su naufragio había ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial. «El arrecife formado por el buque en el fondo marino estaba localizado por los arrantzales, que acudían al lugar por ser una buena zona de pesca. Ignacio no podía bajar con su escafandra autónoma porque el pecio se encontraba a 120 metros de profundidad», ha señalado el zumaiarra.

No siguió indagando en dicha historia, aunque le extrañaba que si el hundimiento hubiese sido en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), las personas mayores del pueblo lo recordarían.

«Años más tarde, cuando investigaba sobre la Casa de Misericordia de la calle Arritokieta, José Luis Alberdi me contó que su esposa Maria Teresa Nolaskoain, cuando era muy niña, vio desde su casa por primera vez en dicha Misericordia a dos o tres hombres negros, que debían de ser náufragos de un barco que habían hundido en la guerra. Maria Teresa había nacido en 1912 y, por ello, llegué a la conclusión de que 'El Avellanero' había sido hundido en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y no en la Segunda», ha explicado Carballo. Asimismo, supuso que, si habían sido rescatados náufragos, también habrían rescatado cadáveres y estos estarían enterrados en Zumaia. «Examinando el Libro de Defunciones de la parroquia entre los años 1914 y 1918, encontré la inscripción de Jean Edmond Laborie, capitán del barco Indian, enterrado en el cementerio de Zumaia el 18 de julio de 1918. Jean Edmond Laborie Signoret había nacido en Blaye, Gironde, y tenía 43 años de edad. Entonces también supe que el barco no se llamaba 'El Avellanero', se llamaba Indian. Más tarde descubrimos que su verdadero nombre era Lyndiane», ha señalado.

Entre las páginas del Libro de Difuntos también encontró una carta de Marthe Jourtassi, viuda del capitán Laborie, agradeciendo al párroco de Zumaia, Don Manuel Beobide, y al obispo de la Diócesis de Vitoria, las diligencias para poder recuperar y trasladar los restos de su marido a tierras francesas. Tras topar este dato, Carballo se dirigió a la hemeroteca Koldo Mitxelena de Donostia, donde encontró las crónicas del suceso en las páginas del periódico 'La Voz de Guipúzcoa'. Desde el año pasado, cercana ya la fecha del centenario de dicho incidente, junto a tres compañeros: Ignacio San Miguel Aizpuru, Ricardo Torre Oleaga y Raúl Castro Uranga, han ido encontrando datos y detalles de ese suceso y dando forma a lo ocurrido. Actualmente, Jesús Alonso Carballés también colabora en la investigación.

Cargado de cacahuetes

«Supimos que, aunque era conocido como 'El Avellanero', en realidad no iba cargado de avellanas, sino de 1564 toneladas de carne congelada y de cacahuetes para hacer aceite. El Lyndiane navegaba desde Dakar (Senegal) y se dirigía a Fécam (Normandía), donde descargaría su cargamento, destinado para alimento de la resistencia francesa», ha explicado el zumaiarra.

Tras la acción de guerra, los marineros saltaron al mar en lanchas salvavidas, pero el submarino arremetió contra las lanchas pasando dos o tres veces por encima hasta creer que no quedaba ningún superviviente. Las noticias publicadas por 'La Voz de Guipúzcoa' cuentan con los relatos del maquinista segundo del buque, Raul Olliet.

Según lo relatado por Olliet, el carguero, de unos cien metros de eslora, estaba dirigido por el comandante Laborie y el capitán Lecain. De los náufragos salvados, cuatro fueron trasladados al hotel-restaurant Francais, «otros cuatro en Zumaia y otro muchacho a quien recogió un buque inglés que navegaba con dirección a Francia». «Nuestro enemigo inició el ataque lanzándonos un torpedo que alcanzó la popa de nuestro buque», narraba el superviviente francés para el periódico. El sumergible disparó otro torpedo que cortó el buque separándole toda la parte de la popa.

«Además, nos disparó tres cañonazos que acabaron de destrozar nuestro navío». Los marineros no pudieron defenderse, ya que las municiones estaban mojadas, por lo que decidieron embarcar en las canoas de salvamento e intentar huir del lugar. «El sumergible no desapareció hasta que sus hombres creyeron a todos muertos. Yo tuve que asirme a una tabla y fingir que estaba muerto», contó Olliet, quien fue recogido por el destructor Villaamil de la Armada Española, junto a dos compañeros y el oficial.

A la mañana siguiente de los cañonazos, las embarcaciones que navegaban por los alrededores donde fue torpedeado el Lyndian comenzaron a avistar a los primeros náufragos, así como los cuerpos de las víctimas mortales.

Al amanecer del día 17, el atalayero de Zumaia, Antonio Urbieta Etxabe, vio con su catalejo manchas de aceite y despojos flotando de lo que parecía un naufragio, también percibió varias personas vivas sobre unos tablones. «Inmediatamente, dio aviso al puerto y prontamente salieron varias embarcaciones para socorrer a los náufragos. Entre ellas la lancha de atoaje del práctico Carlos Gorostola, el vapor remolcador Zumaya nº 1 de Francisco Urbiria y una canoa-automóvil de Vicente Larrinaga de Bilbao, que fue patroneada por su hijo político Juan de Chavarri, ha señalado Javier Carballo.

Cien años después

Han pasado 100 años del hundimiento, pero la investigación sobre este suceso aún no ha terminado. «Seguimos recopilando datos sobre el suceso. Hemos encontrado detalles, características y fotos sobre el barco, telegramas entre la marina de guerra francesa y española, así como nombres de la marinería y de los pasajeros. También hemos sabido que el submarino alemán U 103, comandado por Paul Hundius, fue hundido el 14 de agosto de 1918 en el Mar del Norte, un mes después del ataque, tras chocar con una mina alemana abandonada».

Asimismo, han sabido que, al cabo de unos años, un astillero francés construyó un barco carguero al que denominaron con el nombre 'Capitán Edmond Laborie'. «Seguro que aún nos quedan datos y detalles por conocer que enriquecerán el relato», concluye Carballo.

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