El vacío de un trampantojo arquitectónico

El vaciado del edificio permite ver el sótano que también se aprovechará. / FOTOS FÉLIX MORQUECHO
El vaciado del edificio permite ver el sótano que también se aprovechará. / FOTOS FÉLIX MORQUECHO

La reforma del 'módulo residencial' del frontón Astelena revive un edificio en el que el tiempo se paró |

Félix Morquecho
FÉLIX MORQUECHO EIBAR.

Esta tarde los festivales profesionales de pelota regresan al frontón Astelena. Los aficionados a este deporte conocen bien el camino a 'la catedral de la mano', pero muchos no son conscientes de que un edificio separa el recinto deportivo de la calle Isasi. Esa fachada gris, trampantojo que ha permanecido inmensamente escondido durante años, ahora afronta su vuelta a la vida. El estrecho edificio se ha vaciado por completo para una reforma que respetará el aspecto original de un inmueble particular. 'Consolidación estructural y restauración de la fachada del módulo residencial del frontón Astelena' titula el proyecto.

Si uno revisa los edificios que se han encontrado con un tratamiento similar en Eibar sobran dedos de la mano, no hay cantidad pero sí que son inmuebles con solera. La reforma del Teatro Coliseo obligó a hacer encaje de bolillos para construir un nuevo teatro respetando la fachada. «Lo fácil que hubiera sido tirarlo abajo y hacer uno nuevo», repetía entonces uno de los responsables de la obra. El otro ejemplo cercano es la Casa Consistorial, que vivió el arranque del siglo XXI con unas obras faraónicas que le llevaron a consolidar su interior piso a piso, desde las catacumbas por las que discurre el río Ego, manteniendo el mismo exterior que se inmortalizó el 14 de abril de 1931.

Ahora llega el turno de un edificio poco habitual, apenas seis metros de fondo contrastan con una gran fachada, esa que impide que uno pueda entrar directamente al número nueve de la pared del frontón, como se hacía hasta los años 60. Con esta reforma se cierra un pedazo de historia que había quedado aislada entre la ruidosa Isasi y la cancha. Después de décadas sin uso, dicen que el tiempo se había parado dentro. Una cama a medio hacer, una maleta y viejos televisores dieron la bienvenida a los obreros rememorando historias pasadas, y los papeles pintados de antaño se pueden ver aún en las plantas superiores. Todo eso ya es parte del pasado, aunque algo queda.

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