Patxi López, abierto a liderar el PSOE si Rubalcaba se retira y le reclama el partido

Su entorno admite que en ese caso «se lo pensaría», aunque «nunca» actuará contra el líder. El exlehendakari sigue siendo requerido para visitar agrupaciones fuera de Euskadi, pero está midiendo las citas para no levantar suspicacias

LOURDES PÉREZSAN SEBASTIÁN.
Alfredo Pérez Rubalcaba y Patxi López, en la clausura del VII Congreso del PSE-EE en el palacio Euskalduna de Bilbao, el pasado mes de febrero. ::                             LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
Alfredo Pérez Rubalcaba y Patxi López, en la clausura del VII Congreso del PSE-EE en el palacio Euskalduna de Bilbao, el pasado mes de febrero. :: LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Por ahora, todo son hipótesis, porque Alfredo Pérez Rubalcaba continúa siendo el secretario general del PSOE y porque las primarias abiertas 'a la francesa' para elegir al candidato socialista a la presidencia del Gobierno no están previstas hasta después de las elecciones europeas de junio de 2014. Y ni hay carrera sucesoria como tal en un partido desfallecido por los fiascos en las urnas, ni Patxi López tiene intención de dar paso alguno -insisten en su entorno- que contravenga su compromiso actual con la política vasca y su lealtad hacia el proyecto del PSOE que mamó desde la infancia. Lo que se traduce en que «jamás le hará un descosido» al partido y tampoco se posicionará «nunca contra Alfredo». Pero el panorama cambiaría si Rubalcaba decidiera renunciar al liderazgo por sí mismo, o forzado por los acontecimientos, al liderazgo y el predicamento con el que sigue contando López entre las bases socialistas se explicitara en un arropamiento claro en el seno del PSOE. «Si hubiera agua en la piscina y con mucha paz interna, se lo pensaría», admite una de las fuentes consultadas, reacia a llegar hasta donde sí lo hacen otras: a que el exlehendakari estaría dispuesto a afrontar el reto en el supuesto de que la situación desemboque en un punto tan crítico como para desatar una convulsión que precipite los cambios. Pero siempre, según los mismos medios, sobre dos premisas: el abandono de Rubalcaba y la existencia de un mínino consenso interno.

Aunque en función de con quién se hable es difícil medir el alcance exacto de su ascendiente interno, López lo conserva, dicen los suyos, a tenor de las llamadas que recibe y de las solicitudes continuadas para visitar agrupaciones socialistas en toda España. El exlehendakari está midiendo con sumo cuidado esas comparecencias, consciente de que cualquier movimiento puede suscitar recelos en un partido fragilizado por los recientes fracasos electorales, las negativas perspectivas en los sondeos pese al acelerado desgaste del PP y una reciente sucesión de hechos desgraciados para sus intereses: la salida airosa de Mariano Rajoy del cara a cara con Rubalcaba en el debate sobre el estado de la nación; la inédita quiebra con el PSC a cuenta del derecho a decidir de Cataluña; el conflicto por las primarias en Galicia; y la asunción de la Alcaldía de Ponferrada con el apoyo del condenado por acosar a Nevenka Fernández, un desastre que ha forzado a Rubalcaba a remodelar la ejecutiva apuntalando a su 'número dos', Elena Valenciano, y dando entrada a Ramón Jáuregui. De ahí que, ante una tesitura muy delicada, López esté acotando sus apariciones en otros territorios, siempre con la anuencia de los responsables de las distintas federaciones y procurando no generar suspicacias cuando no hay ni carrera sucesoria ni «ninguna decisión al respecto».

Las desconfianzas enraízan en parte en el congreso de Sevilla de hace apenas 14 meses, en el que Rubalcaba se impuso a Carme Chacón con el apoyo cerrado de los socialistas vascos, lo que alimentó sospechas -que hoy persisten- sobre un pacto tácito Madrid-Euskadi para una futura sucesión tasada al frente del PSOE. Fue también en Sevilla donde se habría larvado la antipatía que siente hacia López José Antonio Griñán, presidente del partido, máximo responsable del Gobierno andaluz y entonces aval de Chacón. El papel de Griñán en el futuro del partido está lleno de interrogantes después de que en diciembre urgiera sin éxito a Rubalcaba a confirmar que concurrirá a las primarias. Y después de que las opciones de Chacón para liderar el PSOE parezcan desvanecerse, según coinciden las fuentes consultadas en Euskadi y Madrid, por un doble efecto: la sensación de que el momento de la exministra ha podido pasar ya y, sobre todo, la desafección del PSC, que ha vetado a Chacón mientras ésta siga rechazando la consulta soberanista en Cataluña. En todo caso, Griñán no solo dispone del escaparate referencial de la presidencia del partido, sino del bastión que siempre supone encabezar la federación más poderosa del socialismo español.

La victoria en Sevilla no inmunizó a Rubalcaba frente a las tensiones internas, aunque en el Consejo Territorial de hace cuatro meses ganara tiempo para convocar las primarias en algún momento entre las europeas de 2014 y las municipales de 2015. Lo hizo frente al cuestionamiento más nítido de su autoridad, el protagonizado entonces por el líder del PS madrileño, Tomás Gómez. Sin embargo, esa hoja de ruta no despierta unanimidades dentro del partido. Una fuente vasca admite que «es posible» que el actual 'statu quo' no dé para superar siquiera el examen de los comicios europeos. Otra, en este caso conocedora de la situación del partido en Madrid, vaticina que no habrá cambio alguno hasta las municipales, aunque con un argumento demoledor: si siguen las cosas así, sería entonces cuando el partido tocaría suelo electoral, una perspectiva estremecedora cuando el PSOE atesora su menor poder desde la Transición. Pero ambas fuentes coinciden en percibir tal cansancio y descreimiento entre la militancia y el batallón de cargos pequeños como para que muchos den por «amortizado» el período de Rubalcaba, dure lo que dure.

En todo caso, y según los medios consultados, el debate interno solo estaría abierto a ojos de Patxi López si el secretario general renunciara a seguir dirigiendo el PSOE y, con ello, a pugnar por la candidatura a la presidencia del Gobierno. En Sevilla, y cuando todavía era lehendakari, López asumió en la ejecutiva la secretaría de Relaciones Políticas, un cargo más de asesoría de Rubalcaba que de operatividad orgánica. En aquel momento, el propio López aseguró en una entrevista con este periódico que había rechazado una oferta del líder del PSOE para irse a Madrid porque su intención era continuar vinculado a la política vasca, un compromiso al que se ha ceñido hasta ahora tras salir de Ajuria Enea.

La 'vieja guardia'

En el congreso celebrado en la capital andaluza, López palpó el apoyo de cargos y militantes por la resistencia exhibida ante el hostigamiento de la violencia y por haberse convertido en el primer lehendakari no nacionalista, una popularidad a la que luego se sumó su rechazo a los recortes de Rajoy en medio del retraimiento de la izquierda. Pero el cariño y la empatía pueden diluirse si se desatan nuevas hostilidades por el liderazgo del PSOE. Para quienes creen que la crisis es tan profunda como para exigir el bálsamo de una renovación profunda, el exlehendakari está emparentado casi desde la cuna -es el hijo del histórico Eduardo 'Lalo' López- con la 'vieja guardia' del partido. Entre los que defienden que el nuevo líder surja como un revulsivo, a la manera en que lo hizo José Luis Rodríguez Zapatero, aflora el nombre de Eduardo Madina, secretario general del Grupo Socialista en el Congreso. Pero sobre Madina, al que en el flanco vasco no se ve confrontando con López, pende a prori el déficit de no controlar los entresijos orgánicos de una formación tan compleja como el PSOE.

«Nosotros estamos muy tranquilos, Patxi está aquí y tenemos el PSE ordenado», zanja el entorno de López. Los socialistas vascos, más allá de declaraciones como la del alcalde de Portugalete, Mikel Torres, apostando abiertamente por la candidatura de su jefe de filas a presidir el Gobierno español, rehúyen el debate sobre el porvenir del PSOE, persuadidos de que ni ha llegado el momento para que ese melón se abra -si es que se abre- y de que les distrae de su objetivo de recuperar el terreno perdido electoralmente en el País Vasco. Los medios consultados descartan que si todo sigue así, López y los suyos vayan a plantar batalla alguna en la conferencia política prevista para otoño, con la que Rubalcaba pretende relanzar el proyecto del partido y reanimar la sintonía con la sociedad. Es una incógnita si la cita estimulará o no eventuales alternativas o si será utilizada por algún dirigente para calibrar sus fuerzas. Ramón Jáuregui, encomendado para volver a tejer los dañados hilos de entendimiento con los socialistas catalanes, tiene el encargo del secretario general de pilotar esa reformulación ideológica.

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