Una solución sin sentido

BENITO URRABURU

El golpe ha sido demasiado duro, no sólo para el propio Alberto Contador, el más perjudicado, sino también para el mundo del ciclismo, que ve cómo este deporte continúa resultando discriminado en cuanto a las sanciones que sufren sus deportistas. El TAS le ha impuesto la mayor sanción que podía ponerle, dos años, le deja sin un Tour, sin un Giro, más las correspondientes etapas que ganó, sin la Volta a Catalunya, entre otros logros.

Pero sobre todo, lo que corta de cuajo es su credibilidad, coacciona su futuro, pone en entredicho muchas cosas y aparca una carrera que iba camino de la leyenda para dejarla en no se sabe muy bien qué. Al menos eso es lo que se puede deducir de la dureza empleada y del trato que recibe el ciclismo en asuntos de dopaje, donde el corredor está condenado antes de ponerse en marcha la maquinaria de la justicia deportiva.

Un caso que se ha alargado año y medio en el tiempo ha acabado con la teoría de que Contador consumió algún producto contaminado. Es decir, le exculpan de doparse pero le ponen la máxima sanción posible. Ha prevalecido el reglamento del AMA que dice que «todo deportista es responsable de lo que haya en su organismo y deberá demostrar cómo ha llegado a él». En el caso de Contador, la prueba, el solomillo, no existe porque se lo comió.

Si no es el golpe más duro que ha recibido en su carrera, el cavernoma que padeció pudo costarle la vida, sí ha sido de los más duros que ha encajado, entre otras razones porque no se esperaba ningún tipo de sanción y desde luego, ni él, ni su equipo, pensaron en ningún momento que en caso de producirse llegaría a los dos años.

En toda esta historia hay algo que parece seguro: Contador volverá a correr y volverá a ganar de nuevo. Aunque no se lo quería imaginar, estaba preparado para una sanción, lo que no podía pensar es que se cebasen con él, que le cayesen el tiempo máximo y más dando a entender que no se dopó. Un sin sentido total.

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