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Los mineros prehistóricos de Amezketa

CULTURA

Los mineros prehistóricos de Amezketa

Localizan importantes vestigios de minería de la Edad de Bronce en el coto minero de Arritzaga

23.03.11 - 03:13 -
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Los hallazgos realizados en el coto minero de Arritzaga, en el término municipal de Amezketa, han permitido trazar una línea que une la Edad de Bronce con el año 1965, fecha en la que cesó definitivamente en ese enclave de Enirio-Aralar una actividad minera de la que había constancia ininterrumpida desde tiempos de los romanos pero que, a la luz de los últimos vestigios encontrados en la zona, puede retrotraerse en el tiempo hasta mediados del primer milenio antes de Cristo.
«Tenía que llegar, y ha llegado», afirmó la arqueóloga Mertxe Urtega, directora del proyecto, al referirse a los hallazgos que han sido posibles gracias al trabajo que vienen realizando en la zona desde 2008 los espeleólogos de la sociedad Félix Ugarte, cuyo presidente, Txomin Ugalde, detalló ayer cómo habían trabajado en el marco del programa de investigación de la minería antigua que desarrollan en colaboración con la Fundación Arkeolan y el apoyo de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
Ambos hicieron referencia a las excelentes condiciones previas que ofrecía el entorno, y destacaron que una de las claves para realizar el importante descubrimiento ha sido, básicamente, «empezar a mirar con otros ojos». Como recordó Mertxe Urteaga, Gipuzkoa, con mineralizaciones metálicas de interés repartidas prácticamente por todas las zonas montañosas del territorio, es junto con Jaén una de las zonas de la península donde a lo largo de la historia se ha registrado más actividad minera, lo que se refleja en la enorme densidad de concesiones mineras existentes.
En el conjunto de Gipuzkoa, y pese a la preponderancia que han adquirido los yacimientos de Oiartzun o Irun, no era en absoluto desconocido el valor que como coto minero tenía Arritzaga, donde ya constaba que habían extraído mineral los romanos, que se había proseguido con esa actividad en la Edad Media y que, en el siglo XVIII, se instaló un importante poblado minero que atrajo a muchos trabajadores centroeuropeos. Como destacó en la presentación de los hallazgos que tuvo lugar ayer en San Sebastián el alcalde de Amezketa, Jesús Iñurrita, los amezketarras de cierta edad no necesitan recurrir a los libros para tener constancia directa de la tradición minera de la localidad, ya que ellos mismos vieron cómo se cerraba a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo la última empresa que explotaba las riquezas minerales del subsuelo del macizo de Aralar.
Una nueva perspectiva
Con todos los precedentes locales y los referentes foráneos a favor, se trataba de apostar por otra perspectiva, dar por buena la hipótesis de que pudo existir en Gipuzkoa minería prehistórica, previa a la llegada de los romanos y sus conocimientos, y lanzarse a actuar en consecuencia. Fue, como indicó Txomin Ugalde, plantear la hipótesis adecuada, empezar a buscar vestigios y comenzar a encontrarlos.
Mineros muy expertos
Los primeros y más evidentes rastros de actividad minera se hallaron en las monteras, en las zonas superficiales de oxidación del mineral primario que, probablemente y por razones no muy distintas, fueron también las primeras que explotaron los buscadores y extractores de minerales goierritarras de hace tres milenios. Pero los hallazgos no se redujeron a lo que puede considerarse la forma más básica y sencilla de minería. Aguzando un poco la vista y ampliando un tanto la hipótesis de trabajo, cayeron en la cuenta del valor que, a efectos de extracción de minerales, podían tener las grandes zanjas, propias de los macizos karsticos, que a lo largo de los siglos se habían ido colmatando de tierra e impurezas. 'Impurezas' que, tras los pertinentes análisis, han demostrado tener hasta un 14% de cobre. Ya lo detectaron los mineros prehistóricos de Amezketa que, utilizando una técnica que coincide con la empleada en otros yacimientos mineros de la misma época en zonas como Gales, procedieron a vaciar las zanjas y a aprovechar el mineral, dejando al descubierto trincheras de más de cinco metros de profundidad que, en algún caso, dibujan en el terreno cicatrices que se acercan al medio kilómetro de longitud.
Como destacaron en la presentación, nos encontramos ya ante técnicas mineras depuradas que, a la luz de los resultados de los análisis por carbono 14 que se han realizado en Suecia, datan la actividad en la Edad del Bronce Medio, hace unos 3.500 años. No obstante, los mineros de Aralar dieron un paso más y, «horadaron en el subsuelo en caliza persiguiendo un filón de cobre de unos 30 ó 40 centímetros, algo que requiere metodología y habilidad». Teniendo en cuenta que el único útil que se ha encontrado por el momento es una herramienta hecha con una cornamenta de ciervo, «que puede ser del inicio de la edad de los metales», la habilidad y la fuerza de nuestros antepasados queda fuera de toda duda.
Ya en nuestros días, lo que requiere la mirada retrospectiva a la prehistoria de la minería vasca es espeleólogos expertos, ya que si moverse por las zanjas es complicado, adentrarse en una galería de 50 metros cuya entrada apenas merece la consideración de gatera es extremadamente difícil y peligroso, y también lo es trabajar en su interior. De lo angosto de los pasajes y la dificultad de moverse en la mina dan fe los miembros de la sociedad Félix Ugarte que, dirigidos por Mertxe Urteaga, llevan tres o cuatro años desplazándose regularmente -«por afición, no de manera profesional y remunerada»- en grupos de seis y ocho personas al complejo que es, de momento, el único lugar de la Comunidad Autónoma donde se ha encontrado constancia de minería prehistórica. Su pariente geográficamente más próximo se encuentra en las minas de cobre de la localidad bajonavarra de Banka.
En los prolegómenos
Incluso en el contexto europeo son escasos los yacimientos mineros de estas características; en el estatal, apenas hay dos referencias, una en Asturias y otra en Huelva. Por lo tanto, esa rareza avala la excepcionalidad de los hallazgos realizados en Aralar que, según Mertxe Urteaga, están todavía en una fase muy incipiente, en los prolegómenos.
El futuro inmediato del proyecto es vaciar, con metodología arqueológica, una mina que ha permanecido sellada durante siglos, ya que los desarrollos mineros más modernos se implantaron en una zona relativamente alejada. «Ir sacando lo que han ido dejando sucesivas generaciones de mineros ofrece posibilidades inmensas, a costa de una una planificación exhaustiva», adelantó Urteaga. «Después de 2.000 años, los primeros que entramos fuimos nosotros», recordó, recreando la emoción del momento, Txomin Ugarte.
Ambos, en cualquier caso, destacaron que, una vez dadas a conocer las primeras sorpresas, lo más importante en esta fase es armar un buen proyecto que planifique el trabajo de los próximos años y permita extraer toda su riqueza a este coto minero de Aralar. El trabajo que se realice en Arritzaga, además, puede ayudar a desarrollar una metodología que permita extender la mirada que en este caso ha dado tan buenos resultados a otros lugares de Gipuzkoa y Euskadi, donde es muy probable que puedan realizarse hallazgos similares al de Amezketa.
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