Diario Vasco

Honores para el haya de Altzo

El haya trasmocho de Altzo muestra un aspecto saludable.
El haya trasmocho de Altzo muestra un aspecto saludable.
  • Fue plantado hace ahora 180 años por el bertsolari Manuel Antonio Imaz y piden votos para nombrarlo 'Árbol Europeo 2017'

El organismo Bosques sin Fronteras ha convocado el concurso 'Candidato Español a Árbol Europeo 2017', y entre los candidatos se encuentra el haya trasmocho de Altzo. Nuestro haya tendrá que competir con el Pino Cascalbo de Ávila; el Tejo de Bermiego (Asturias); el Roble Grande de La Solana (Cáceres); el Árbol del Hierro (Cádiz); el Ficus del Paseo (Málaga); el Pino de La Víbora (Málaga); el Chaparro de las Ánimas (Cádiz); y el Álamo del Éufrates (Elche).

Se trata de una votación popular, y para tomar partido hay que entrar en la web del concurso. Es el organismo Hazi, dependiente del Gobierno Vasco, quien decidió tomar parte en el concurso, y propuso al guarda forestal Valentín Mugarza que escogiera un buen candidato entre los árboles singulares de la Comunidad Autónoma Vasca. Mugarza era conocedor de un detalle muy importante, que este año el árbol de Altzo ha cumplido en septiembre 180 años, y decidió apostar por este bello ejemplar de haya trasmocho.

Se sabe la edad exacta del árbol porque fue plantado por el bertsolari Manuel Antonio Imaz en un terreno de su propiedad el mismo año que se casó, es decir, en 1836. Lo hizo en un paraje denominado Gaztaina-Motzeta, lugar que había tenido castaños trasmochos. Imaz nació y murió en el caserío Legarre.

El bertsolari Imaz escogió para plantar el haya un sitio próximo a su manzanal y su calera. Era un hombre cuidadoso. Cuenta el jesuita Antonio Zavala en un artículo publicado en 1967 en este mismo periódico que «cuando Imaz traía estiércol para los manzanos, abonaba también el haya en todo su contorno. (...) Nunca se ha oído que un haya recibiera tantos cuidados».

Zavala sospechaba que «Imaz amó a este haya como a un símbolo de su vida y hogar».

Hoy en día el árbol mide 23 metros de alto, posiblemente la misma altura que cuando Zavala lo visitó. El jesuita tolosarra se quejaba en su artículo de que el viejo manzanal se había convertido en pinar.

El bertsolari Imaz amaba tanto a su criatura vegetal que en muchas ocasiones midió el tronco. Para ello, se desceñía la larga y tradicional faja, y luego en casa, comparando con las dimensiones de una barrica, sabía cuántos centímetros iba ganando el árbol.

El haya fue podada, no se sabe si cuando vivía Manuel Antonio o más tarde, y empezó a pudrirse por dentro. Entonces, «los nietos del bertsolari treparon hasta la copa del árbol y rellenaron el hueco de piedras y tierra. Y el haya, agradecida otra vez, cerró por arriba, como una herida que cicatrizara», escribió Antonio Zavala.

El poeta Kirmen Uribe también lo honró. En su libro 'Bitartean heldu eskutik' publicó un poema, en euskera, titulado 'Pagoa' (Haya), que traducimos aquí:

«Imaz, de Alzo, plantó un haya

en el monte Basaitz, el año en que conoció a su mujer.

Lo cuidó con tiento durante toda su vida,

y lo medía con su cinturón de vez en cuando.

Según Pello Errota fue uno de los mejores escribiendo coplas,

y murió veinticinco días antes que su mujer, en 1893.

Para abarcar el contorno del haya, hoy en día

se necesitaría quizá un cinturón de cinco metros»

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