Las mujeres mayores de 65 años que viven solas se duplicarán en poco más de una década

La longevidad, pero sobre todo la caída de la fecundidad, hará que en España rocen en 2031 los dos millones, según un estudio de La Caixa

Alfonso Torices
ALFONSO TORICESMadrid

El aumento de la esperanza de vida se ha convertido es un gran éxito de la humanidad, pero también ha traído consigo un grave problema social: el de la soledad. Un problema que tiene nombre de mujer, según demuestra un estudio dado a conocer hoy por la Fundación La Caixa, que calcula que en 2031, solo dentro de 13 años, las mayores de 65 años que en España residirán en hogares unifamiliares se habrán duplicado con respecto a 2011 y rozarán la cifra de dos millones.

«Va a haber un maremoto de mujeres que vivan solas en España», asegura David Reher, catedrático de Sociología y uno de los autores del estudio, quien auguró que se van a convertir en un reto para las políticas públicas de dependencia, pues la soledad de los mayores es una fuente de «vulnerabilidad social» que se asocia a «menor bienestar, mayor aislamiento y mayor riesgo de sufrir enfermedades», con una incidencia superior de dolencias como la ansiedad y la depresión y mayor deterioro del sistema inmunológico.

La soledad de los mayores tiene en España nombre de mujer por la importante distancia de la esperanza de vida entre ambos sexos, de casi seis años en la actualidad. Ellas viven más años y el efecto es claro. Las jubiladas que viven solas superan el 27%, más del doble que los hombres con idénticas edades, que son el 12,6%.

El problema se multiplicará en el futuro, pero ya ha sufrido una enorme progresión en España en solo unas décadas. A comienzo de los años ochenta las mujeres que habían superado la edad de la jubilación y vivían solas eran unas 500.000, un 19% del total, una de cada cinco en esas edades. Sin embargo, en 2011, el último año con datos fiables, eran ya 1,3 millones, casi el 30%, una de cada tres mayores de 65 años.

Pero la soledad tampoco está repartida de manera uniforme entre todas las mujeres. La diferencia no la marca el estado civil -viuda, separada, soltera- sino el hecho de tener o no hijos. Los datos son claros. El 38,3% de las mayores de 65 años que viven solas no tienen hijos mientras que las que han tenido descendencia representan el 26,4%, lo que marca una diferencia de 12 puntos. Este elemento clave se ratifica al analizar el colectivo que más hogares unifamiliares ocupa, el de las viudas. El 53% de las viudas mayores de 65 años viven solas, pero el porcentaje escala al 66% si la mujer no tienen hijos.

Un segundo estudio de La Caixa indica también que el envejecimiento de la población y el cada vez mayor distanciamiento vital de los hijos está haciendo aumentar los hogares de mayores de 65 años en los que solo vive la pareja y en los que son los propios jubilados los que ejercen principalmente de cuidadores el uno del otro.

El estudio indica que este fenómeno está cambiando los roles sociales, porque aunque son las mujeres las que hasta los 65 años asumen fundamentalmente el papel de cuidadora, entre esa edad y los 75 años se iguala el trabajo entre ambos sexos, y a partir de los 80 años son más los varones que cuidan de sus mujeres que al revés. Este cambio, según los expertos, lo explica el hecho de que las mujeres viven más años, pero en el envejecimiento tienen más incidencia de enfermedades y de tasa de dependencia que los hombres.

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